Vergüenza de Juan Cavestany, Álvaro Fernández Armero (Temporada 2)

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Nuevamente reconocemos las situaciones o realidades  desde la que se parte (ver crítica de esta serie, en su primera, temporada, publicada dentro de este mismo blog), y como estas mismas se ven arrastradas hacia el esperpento, para luego ser nos devuelta como retrato incómodo.

Extrañamiento y la transgresión de los recursos cómicos preceptivos se encuentran en perfecto equilibrio. Siguen constituyendo el espíritu de la serie. En esta ocasión se amplía el foco de investigación, sin dejar de lado a la pareja protagonista (conectores de ambas temporadas, todo ocurre a través de ellos), que ahora son padres, y que aunque su vida y su entorno haya cambiado (nuevos personajes secundarios, personajes ya intervinientes en la primera temporada), el conflicto sigue latente. Ambas temporadas son complementarias.

Los tres días del Cóndor de Sydney Pollack

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Adaptación de la novela escrita por James Grady; The six days of the Condor.

Este es un trabajo integro, conciso, raudo en sus escenas de acción, determinado por su contexto histórico (tiempos del Watergate, crisis del petróleo).

La cinta nos presenta a un funcionario corriente de la CIA. Una pieza inofensiva dentro del engranaje de la institución, que en un momento dado y por la gravedad de los acontecimientos que ocurren, se ve trasformado en un hombre de acción (muchos espectadores, con criterio, cuestionaran la credibilidad del personaje, si tienen en cuenta como ha sido presentado inicialmente). Solo en el enigmático final sabremos el por qué.

El director aprovecho diversos mecanismos del suspense, que ya había utilizado Hitchcock: Un hombre inocente metido en un conflicto del que nada sabe apenas, que además es sometido a diversas pruebas, que se ve abocado a sobrevivir y demostrar su inocencia. No dispone el espectador, al igual que el protagonista, de suficientes datos, carecemos por tanto de información, de ahí nuestra perplejidad y angustia ante los graves y siniestros acontecimientos que surgen. Como el personaje, el film irá desarrollándose, a posteriori, ininteligible, siniestro, finalmente descreído (dichos conflictos surgen a la luz del día dentro de escenarios abarrotados de gente, se va acentuando la indefensión del protagonista, ni siquiera dentro de ese entorno social convencional puede albergar esperanza, ayuda).

Como en el cine del maestro del suspense conocemos el rostro del asesino, pero de ninguna manera sus motivaciones, de esta manera el suspense se materializa en un temor y pánico que adopta una forma abstracta. No sabemos cómo combatirlo, porque desconocemos su naturaleza exacta. Solo en el último tramo del film, podremos comprender. Al igual que el protagonista, el espectador se trasforma en un individuo desconfiado. Todo en lo que creemos se termina desvaneciendo. El mundo se ha transformado.

La cinta va avanzando. La información va filtrándose lentamente mediante detalles esmeradamente bien escogidos. El director sabe perfectamente cuando es el momento indicado a la hora de proporcionarnos preciadas pistas, el momento justo. De ahí esa dosificación a la hora de mostrarnos información precisa. El director apela a la inteligencia del espectador, pero evita someternos a una prueba exhaustiva de deducción, nos va definitivamente llevando por caminos correctos, sin darnos falsas pistas, evitando además giros ilógicos. Compartimos, finalmente, el sentido de orfandad del protagonista.

Hatfields & McCoys de Kevin Reynolds, Leslie Greif (Serie TV)

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Miniserie basada en acontecimientos reales, producida por History Channel, y que reconstruye con rigor histórico un conflicto entre dos familias, surgido tras la guerra civil norteamericana.

Se trata de una hiperrealista y costosa producción, de buena y cuidada factura. Su desarrollo resulta emocionante, siempre in crescendo dramático, hasta su resolutiva catarsis última.

Una propuesta trágica de claras resonancias shakesperianas, donde no faltan traiciones, honor, venganza, amores imposibles, violencia máxima…

2012: 5 Emmys: incluyendo mejor actor (Costner) y actor sec. (Berenger)

Hostiles: Violencia americana de Scott Cooper

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El director usa todos los resortes técnicos posibles para crear líricas imágenes tendentes al enaltecimiento naturalista, con el fin de aminorar los efectos hipnóticos de una trama soporífera, con ciertas pretensiones introspectivas, y que se deja llevar, en multitud de ocasiones, por una desmesurada verbosidad dialógica tendente a la sobre explicación, lo que impide que el espectador saque sus propias conclusiones, de lo que va aconteciendo.

El gordo y el flaco de Jon S Baird

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El director nos presenta un agudo estudio, lleno de complejos y nada anecdóticos matices sobre la creatividad humorística, los afectos, las relaciones laborales, bajo el determinante peso de la melancólica erosión del paso del tiempo.

Entretenido y amoroso biopic, a modo de crónica, acerca del gordo y el flaco, justo en el periodo de menor esplendor. Son los años cincuenta.

Excelentes John C Reilly y Steve Coogan.

Spiderman: Un nuevo universo de Bob Persichetti, Peter Ramsey, Rodney Rothman

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Los animadores se decantan por buscar la esquematización de los personajes, transformándolos en puro cartoon, al tiempo que juegan y apuestan eficazmente por apropiarse de los característicos recursos propios de toda viñeta: regusto por las pantallas partidas, rótulos, globos, líneas cinéticas… a los que revisten de colores sugerentes y tramas marcadas, que remiten perfectamente al cómic.

La narración consigue juguetear con los géneros, sabiendo perfectamente combinar diversas combinaciones del personaje Spiderman, que van de la novela gráfica Noir hasta el anime, pasando por las claras resonancias del cartoon, ideado por Tex Avery.

2018: Premios Oscar: Mejor largometraje de animación

Mirai, mi hermana pequeña de Mamoru Hosoda

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Debemos situarnos a la altura del infante protagonista y desde esa su narradora mirada de cuatro años, comprender ese periodo vital, que es la infancia. Un tiempo de aprendizaje crucial donde se va constituyendo la personalidad, se aprenden los límites, se tramitan los sentimientos.

Mirai es una narración sencilla, evita toda trama alambicada y excesos visuales. Nuestro infante entra en crisis, justo cuando todo su universo se viene abajo, con el nacimiento de un hermano. Mirai es, por tanto, una cinta animada iniciática. Nuestro protagonista se enfrenta a grandes retos y conflictos, a diversos temores.

El mecanismo narrativo descansa en una serie de fugas espacio temporales, donde lo cotidiano se funde con lo sobrenatural, lo real con lo imaginario. La fantasía es un crucial espacio para el aprendizaje.

2018: Premios Annie: Mejor película independiente.