La casa junto al mar de Robert Guédiguian

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El universo y los personajes de Guédiguian son identificables, incluso los lugares cercanos a Marsella. Los personajes intentan ser coherentes con sus ideas de izquierdas, son resistentes. Ellos tratan de encontrar un equilibrio ideológico, ético y emocional dentro de un mundo globalizado, donde la justicia social se ausenta. Lo retos que plantea el futuro son difíciles de afrontar. Pero en ese universo también persiste una dialéctica entre las clases sociales y la relaciones familiares.

Este film tiene un marcado tono crepuscular y define perfectamente toda la mirada cinematográfica del realizador, desde sus inicios (incluso su sencillo sentido poético).

Sinopsis: En una pequeña cala cerca de Marsella, en pleno invierno, Angèle, Joseph y Armand vuelven a la casa de su anciano padre. Angèle es actriz y vive en París, y Joseph acaba de enamorarse de una chica mucho más joven. Armand es el único que se quedó en Marsella para llevar el pequeño restaurante que regentaba su padre. Es el momento de descubrir qué ha quedado de los ideales que les transmitió su progenitor, del mundo fraternal que construyó en este lugar mágico en torno a un restaurante para obreros. Pero la llegada de una patera a una cala vecina cambiará sus reflexiones…

Cinta de serena cadencia narrativa. Levemente, sin prisas, se nos van mostrando los lazos familiares entre los personajes, su pasado y su presente. La calma con que se nos van presentando todos los hechos no nos oculta la coherencia y el interés narrativo de la cinta y la delicada y procelosa escritura de los diálogos.

Se nos van dando una serie de pistas alrededor de una serie de hechos. En un momento dado todo parece cambiar, incluso aparentemente el tono, sin embargo el director sabe perfectamente ensamblar el discurso acerca de la inmigración y la infancia con lo contado anteriormente hasta ese instante. La casa junto al mar es un film cohesionado, al tiempo reconocible.

 

 

 

 

Aniquilación de Alex Garland

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Adaptación de la primera entrega de la trilogía narrativa Southern Reach escrita por Jeff VanderMeer.

Con sencillos elementos narrativos del cine de ciencia ficción y de terror, el director edifica una narración en crescendo, salpicada de suspenso y preciados enigmas (que solo se resuelven hacia el tramo final). Dichos elementos bien dispuestos se inscriben dentro de una compleja estructura narrativa irrigada con precisos flashbacks. Al tiempo la cinta es, además, un preciado y preciso estudio minucioso acerca de la magnitud psicológica de unos personajes, así mismo que se nos descubre como un magnífico estudio científico sobre la evolución de las especies y las sucesivas mutaciones.

Sinopsis: Cuando su marido desaparece durante una misión secreta para regresar sin recordar nada, la bióloga Lena se une a una expedición a una misteriosa región acordonada por el gobierno de los Estados Unidos. El grupo, compuesto por 5 mujeres científicas, investiga la zona X, un intrigante lugar controlado por una poderosa fuerza alienígena. La zona X es un lugar al que han ido otras expediciones, pero del que ninguna ha vuelto.

En attendant les barbares de Eugène Green

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¿En qué consiste la labor formativa de los actores llevada a cabo por Eugène Green? Esta cinta radica ser un ensayo sobre esa labor. Una labor que radica en un estilo antinatural, austero, incluso inexpresivo, de claras resonancias bressonianas.

La propuesta ensayo es un indefinible híbrido de cine y teatro. En ella encontramos todas y cada una de las claves de su mirada cinematográfica: Averiguar donde reside y habita lo bello y la sabiduría, la preocupación histórica y artística como principales virtudes de la existencia del ser humano. En el cine de Green la palabra y la declamación encuentran su propio ritmo, el gesto desnudo se trasforma en coreografía, el hieratismo surge como pantomima.

En este, desconcertante, nuevo trabajo es el conocimiento, como sinónimo de protección, quien actúa frente a la barbarie que nos asola. Gracias a las artes, la pintura, la literatura  como preciadas virtudes, constituyen ser defensas que nos permiten combatir frente a nuestra dependencia diaria de las nuevas tecnologías. Solo desde esta idea encontraremos y entenderemos al otro.

En attendant les barbares explora las posibilidades de nuevos e infinitos relatos, a partir del trabajo con los interpretes jóvenes que participaban en un taller en Toulouse, tratados como la principal materia de la esencia cinematográfica, a partir de la que poder condicionar cualquier otro elemento. Los actores expanden el relato (Crónica Festival de Gijón a cargo de Jonay Armas para Caiman cuadernos de cine, Enero 2018)

Sinopsis: Una película nacida a raíz de una acción formativa para jóvenes actores celebrada en Toulouse en el mes de mayo, en la que Green vuelve a demostrar su talento para la dirección de intérpretes y su mirada crítica hacia la invasión cultural venida del otro lado del océano.

2017: Festival de Gijón: Mejor película

 

 

 

 

Dawson City: Frozen Time de Bill Morrison

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El presente documental congrega sabiamente la historia y la memoria y la necesidad de conservar ambas.

Sinopsis: En este documental de ‘arqueología cinematográfica’, Bill Morrison, especialista en películas de metraje encontrado, rescata centenares de películas perdidas, realizadas a principios del siglo XX en un remoto pueblo norteamericano que sufrió la fiebre del oro. Desde su nacimiento, el cine desafió uno de los grandes temores del ser humano: el paso del tiempo. Así, la vida podía quedar plasmada en el celuloide. Se calcula que el 80% del cine mudo que se produjo entre 1895 y finales de los años 20 en todo el mundo ha desaparecido. Por ello cobran tanto valor las imágenes que “Dawson City: Frozen Time” rescata de 533 películas producidas en Canadá en los años 10 y 20 del pasado siglo. Fantasmagorías que permanecieron “criogenizadas” en hielo durante 50 años, y que regresaron a la luz tras una explosión en Dawson City. Los materiales encontrados desfilan por la pantalla, como un baile de fantasmas, al ritmo de Sigur Rós.

El documentalista consigue mediante fotografías fijas contemporáneas y metraje mudo (encontrado bajo los escombros en los años 70) narrarnos la verdadera historia de la población de Dawson City: El origen de la fundación de la ciudad (la fiebre del oro), su aumento y desarrollo poblacional (económico), la irrupción de las grandes compañías mineras…

La aparición de los rollos cinematográficos de nitrato es el pretexto perfecto para construir la historia de América del Norte. Gracias a ellos, el documentalista va perfilando todo un itinerario de índole social, a partir de noticiarios de aquel tiempo: las consecuencias económicas y sociales a raíz de la fiebre del oro, la construcción de los cines, la Gran Guerra, los escándalos deportivos, la llegada del ferrocarril, la degradación erosiva del paisaje, la aparición de los sindicatos de trabajadores y su deportación masiva…

Dawson City: Frozen Time va de lo historiográficamente anecdótico a la edificación de todo un discurso, sabiendo perfectamente bien enlazar la narración (un tanto académica, pero necesaria) sobre la emulsión fotográfica pionera con los cambios sociales que significaron aquellos asentamientos en tierras salvajes.

 

 

 

 

 

Una de Benedict Andrews

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Adaptación de la conocida pieza teatral escrita por David Harrower titulada Blackbird.

En esta el director propaga la acción más allá de los límites del escenario único y lo extiende hacia el pasado, gracias a pertinentes flashbacks. El encuadre cinematográfico es por tanto un espacio de memoria.

El reencuentro entre los dos protagonistas es sin duda alguna un enfrentamiento que se manifiesta gracias a unos diálogos tensos, que mantienen la víctima y el victimario. También puede tratarse de dos realidades construidas, confrontadas a  raíz de un pasado común que fue traumático.

Cinta compleja, ambigua, llena de matices y detalles que evita todo juicio a priori, hasta el punto de zaherirnos, ahondar en las contradicciones, hacernos pensar. La utilización de los espacios artificiales (y los pertinentes cambios de luz) por donde deambulan nuestros protagonistas y la relación de estos con los objetos (desechos) determinan sin duda las personalidades de ambos (situados los dos en una especie de limbo físico y mental), y han de verse como reconstrucciones mentales. En estas transitan las relaciones con respecto al sistema social, los recuerdos, la complejidad de lo indecible y lo narrado, lo cierto y lo creado, lo que es permitido y lo inmoral. El tono lo determina quien recuerda y no tiene por qué responder a la realidad. Lo proyectado en la escena teatral, aquí queda susurrado.

Si se sabe que Una estará como víctima siempre traumatizada. Ray ha vuelto a ser acogido por el sistema, ha rehecho su vida.

La cinta se mueve en la zona gris de una relación que va más allá de la dinámica abusador-abusado y plantea matices donde “inocente” y “culpable” son palabras estigmatizadoras, incapaces de sopesar lo ocurrido, de la misma manera que una herida es sólo una expresión gráfica de un accidente mayor (Consuelo Fontecilla, Zoom in, El otro cine.Cl)

 

 

 

 

Sweet Virginia de Jamie M. Dagg

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La cinta parte de mínimos elementos y va lentamente desarrollándose hasta el punto de convertirse en un thriller. En Sweet Virginia importa más el Cómo contarte una historia, que el Qué (que parece importar lo más mínimo).

El film parte de un motivo argumental que extrañamente no resulta del todo sólido, tampoco lo pretende, ni se pretende. Lo que verdaderamente parece interesar al director es articular la cinta a través de una multiplicidad de personajes determinados por el rencor, la insatisfacción, los secretos, y que reflejan una crónica.

El director consigue, de verás, desarrollar paralelos itinerarios en los que colinden esas tramas anexas con el esqueleto de la trama central. Esos relatos anexos toman verdadero peso específico. La cinta respira gracias a sus personajes, y aunque no termina de profundizar en los diversos dramas que va presentando, si otorga mérito propio y suficiente a cada uno de los elementos detallados (la iluminación posee un halo oscurantista permanente y permite asentar el terreno para la ascensión tensa que construye las composiciones sonoras y los dilatados primeros planos).

Un film, en definitiva, más atento a los detalles y a las decisiones un tanto insignificantes.

Cosas de la edad de Guillaume Canet

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Visión ficticia de la vida cotidiana del director actor francés y su esposa Marion Cotillard (ellos además se interpretan a sí mismos). Una propuesta satírica, un tanto desmesurada y patética que gira alrededor de la crisis de la celebridad (y de su protagonista en particular, que ronda la cuarentena) y del universo cinematográfico francés impregnado de clichés. Una cinta sin apenas sustancia.