Manhattan de Woody Allen

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Siempre permanecerá París, se dijo Donen en Una cara con Ángel. Sin embargo, sin darnos apenas cuenta, se entromete una suave melodía de Gershwin, como telón de fondo. Escuchamos, entonces, el sonido de Manhattan. Cerramos nuestros ojos lentamente. Levemente, a continuación, los abrimos. Dirigimos nuestra mirada en Cinemascope, tan sólo un instante, y divisamos una pareja sentada en Central Park mirando hacia el puente de Brooklyn una madrugada; al tiempo, suenan unos compases de Rhapsody in Blue, Love in sweeping the country, S wonderful, Lady be good, Strike up the band y Embracable you bajo el blanco y negro de nuestros sueños, o los de Gordon Willis, quién sabe, sentenciamos.

Suena el teléfono. Descolgamos el aparato. Nos ponemos a la escucha. Al otro lado del hilo telefónico una voz nos habla en inglés newyorkino. No entendemos nada. El personaje se da a conocer, dice llamarse Woody Allen (hemos colocado un aparato traductor en el auricular/nos habla de Manhattan). Esto es lo que dice…” Me molesta, me frustra cuando lo pienso, pero es el mismo tipo de frustración que se siente cuando alguien al que amaste decepciona. Pero en Manhattan no soy crítico con New York, sino que cuestiono sus raíces…”.

El azar pone en nuestras manos una pequeña reseña sobre la cinta Manhattan, donde se argumenta lo que sigue… Comedia romántica sobre la tendencia del matrimonio a hundirse y la cultura americana a degenerar; la terrible influencia de la televisión, el veneno de las drogas, la comida rápida, la ambigüedad moral y política y la seudointelectualidad de la gente a controlar sus vidas…. Sacamos una breve conclusión: Woody piropea su ciudad pero no soporta la mediocridad moral. Se critica porque se ama. La reseña continua de la siguiente manera, quizás a nuestro juicio no de manera ordenada… Itinerario que conduce a Allen de la comedia extravagante hacia la comedia psicológica satírica, donde subsisten intrigas sentimentales entre los newyorkinos relacionados con el mundo del espectáculo y los problemas de comunicación entre el cómico y su público (ver además Annie Hall y Recuerdos). Le argumentamos a Allen… “En realidad Isacc es tu propia proyección. Conocemos tu vida como cómico. Isacc escribe gags como oneliners epigráficos o repuntes humorísticos entre líneas; pero como intérprete se siente insatisfecho porque la televisión basura no valora su genio (Manhattan arranca con los intentos fallidos del cómico ante la máquina de escribir, a modo de parodia se inicia un juego metafísico literario, evidentemente crítico, que persiste durante toda la cinta). Por otro lado, la imagen sentimental de Isacc se contrapone a la figura del Galán clásico, justificándose bajo experiencias sexuales abiertas; siempre ridículas; pero completamente honestas que se desenvuelven entre la fidelidad y la infidelidad (se escinde entre el amor de dos mujeres: una menor y una mujer madura). Resulta honesto si lo comparamos con la vida social”.

La tarde se escondía entre los rascacielos y la conversación no tenía parangón. Siempre quedará Manhattan, me dije.

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