Syriana de Stephen Gaghan

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El director ha adaptado a la pantalla la novela de espionaje escrita por Robert Baer; “See no evil”, con el título de Syriana. Termino este que define el nuevo reordenamiento de las fronteras de oriente medio. Esos nuevos espacios abstractos, convincentes para el mundo globalizado, y que capitanea los Estados Unidos, y que forman parte ecuánime del hoy en que vivimos, y que están poblados por desiertos, torres petrolíferas, edificios con sus oficinas cristalizadas, hoteles de lujo, salas de reuniones, calles anónimas…

En este complejo escenario transitan una multiplicidad de personajes, envueltos  en un complicado  rompecabezas  de tramas y subtramas. Todos ellos interrelacionados bajo  una red múltiple e infinita de intereses oscuros  enfermos y controladores de poder (los fines políticos y partidistas, las corrientes de opinión, el espionaje de estado son evidentes); el de las grandes petroleras y sus magnates que conforman un estado antidemocrático y corrupto (mucho más desde el 11 S) y que manejan  el mundo,  cercenando las libertades por el simple hecho de la ambición desmedida, aplicando si es preciso las brutalidad de los grupos fascistas comerciales, donde tristemente el terrorismo fundamentalista también tiene cabida (por ser altamente necesario, por bien de los intereses particulares).

De ahí que la propuesta esté concebida de un inestable ritmo trepidante (importancia del montaje), que permite pasar naturalmente de una acción a otra, de un escenario a otro. El espectador debe estar atento, vigilante. No importa tanto  que sea capaz de relacionar todos los cabos sueltos del asunto y de las consabidas distancias que se toman de un todo, porque el presente se escapa de nuestras manos, pero si es cierto que debe ser sabedor de la verdad, que gira a su alrededor, aunque sea desde la ficción posible, pero necesaria.