Bienvenida a Montparnasse de Léonor Serraille

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La contrariedad emocional, también amorosa son los detonantes de los desajustes y cambios de dirección agitados de nuestra protagonista (Paula). Su inestabilidad física está acompañada de su desesperación amorosa. Las circunstancias por las que pasa Paula son todas ellas adversas. El desequilibrio se manifiesta desesperadamente. No solo Paula se zambulle en el caos, la locura, también la irreflexión la determina. La crisis permanece latente en toda la primera mitad del film. El desarrollo del relato sigue lentamente su curso. El relato, en su segunda parte, va clarificándose con algunos detalles, que con anterioridad desconocíamos o se nos había ocultado, y vamos conociendo la personalidad y los motivos, y las causas de la vida de Paula.

La directora no pretende justificarla. Está atenta la cámara a todo lo que la ocurre, a sus gestos, a sus decisiones, a las relaciones que mantiene con familiares, amigos, conocidos. Todas las puertas se cierran para Paula, pero comienza, por el contrario y en un momento dado, a imponerse la racionalidad en todos sus ámbitos. La inestabilidad incontrolable disminuye. Van estableciéndose otras relaciones. La naturalidad y no la irascibilidad se imponen. El entendimiento triunfa.

2017: Festival de Cannes: Cámara de Oro – mejor ópera prima (Un Certain Regard)

2017: Festival de Valladolid – Seminci: Mejor actriz (ex aequo) (Laetitia Dosch)

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