Deadwood de Daniel Minahan

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Posibilidades de un retorno, donde todo está por volver a comenzar. Esta es, sin duda, la conclusión a la que se llega tras ver este largo episodio de dos horas, aproximadamente, que supone el cierre de una serie.

Algo más de una década ha trascurrido. Algunas subtramas quedaron abiertas en su tiempo. El realizador, ahora, recupera a los personajes, los trazos estilísticos, y la capacidad subtextual de aquella serie (aquellas preciadas conexiones que existían entre la ficción y la Historia, por ejemplo).

La lucha de intereses, los conflictos, la confrontación, las nuevas traiciones son parte del condimento de un trabajo continuista, al tiempo repetitivo, cuya matriz se encuentra en el entendimiento de la propia serie, de la que se parte. Una cinta de planteamientos crepusculares, nuevamente preñada de desencanto.