El irlandés de Martin Scorsese

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El irlandés, en el fondo, destila profunda melancolía. Es un film crepuscular, aunque teñido en algunos instantes de humor. Es verdad que los asesinatos y la ambición están presentes, pero también se habla de la amistad y sus códigos, de la felicidad (en cierta forma), de la familia y el consuelo, de los silencios de los que no se habla y que atormentan (esta tan llena de ellos este film, además esto se percibe en su tratamiento y la utilización del sonido, sobretodo en algunos momentos en su último tramo de metraje; en otros casos por contra habita un diálogo entre la banda sonora y la imagen, hasta que se da paso pleno a los diálogos) y de la oscuridad y de las miradas (acusadoras incluso) y de las precauciones y de los miedos y de la inmovilidad, y de los imposibles arrepentimientos y de la redención y de las vinculaciones subterráneas, y se habla de las decisiones a tomar sobre la vida de los otros…

Creemos, por tanto, en la historia, no en sus posibles improbabilidades; ni se nos ocurra pensar en la épica, más bien esta es una cinta esquiva, elegiaca. Los recuerdos pueden llegar a desafiarnos.

El irlandés contiene en sí misma tantos detalles. Hay en ella tantos matices, tantas capas temporales. No se trata tampoco de un trabajo retro, su estilo puede resultar hasta desmañado, salvo algunos sutiles travellings: El tratamiento de la imagen contiene esta idea, su fotografía lo es sin dudarlo.

La contención prima, pero al tiempo el film tiene una intensidad dramática in crescendo. Esta es una historia que confiere espacios a lo íntimo, su tranquilidad prima, sentimos en un momento dado convivir con estos personajes (destacable el trabajo actoral). Es apreciable la serenidad de los tonos y las formas, su ascesis, la violencia no está dotada de convulsión ni es representada por el tremendismo, la espectacularidad deja paso a la sequedad, a la crueldad más parca.

La estructura de la narración es compleja (se requiere un preciso trabajo de montaje), esquiva, se desembaraza de toda linealidad temporal. Se abren tantos bucles, flashbacks, siempre haciendo avanzar la acción, pero integrando una multiplicidad de digresiones y posibles meandros, intuiciones, hilos a seguir, apuntes y esbozos miles, monólogos dentro de un relato hasta shakesperiano que nunca se agrieta, incluso paradojas y yuxtaposiciones que no pierden su ligazón histórica…

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