Hiroshima mon amour de Alain Resnais

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Sin duda esta es una obra compleja dentro de la historia del cine. Su importancia radica en el montaje. La narración se encuentra permanentemente en una especie trance sensual; se nos viene a hablar de cosas que en su sentido literal no vemos –en sustitución observaremos imágenes que pocas veces tienen relación directa con lo que se nos dice-. La banda sonora extrañamente viene a coincidir con el estado emocional de la escena -escuchamos música occidental cuando percibimos la imagen de Hiroshima, oímos música oriental mientras vemos la ciudad europea de Nevers-. El montaje de las imágenes, las inminentes transiciones del presente hacia el recuerdo, los cambios temporales en la acción renuncian a un orden cronológico, también a un orden lógico.

El realizador francés renuncia al paralelismo de las dos bandas de imagen y de sonido –dimensión literaria, dimensión cinematográfica-

Desde el punto de vista ideológico es una cinta interesante, no solo es importante la presencia de Resnais sino de la escritora Margueritte Durás –autora del guión-. Todos y cada uno de los temas del mundo moderno van saliendo a la palestra; la intolerancia, la guerra, la discriminación (racial), la moral de la burguesía, los perjuicios de clase. Es el amor entre los hombres de todo el mundo, sin diferencia de clases, el que resulta claro vencedor frente a la barbarie (la intimidad del amor entre seres únicos, el amor carnal contraponiéndose a la muerte) .

Guernica de Alain Resnais

Memoria frente a olvido, Guernica.

A partir de diversos lienzos de Picasso realizados entre 1902-1949 – sus dibujos preparatorios para el Guernica y algunas telas de sus época azul-, un emotivo poema de Paul Eluard recitado con hondura dramática en voz en off por María Casares -como fondo trágico siempre presente el estallido de la guerra civil española-, el realizador francés elabora una pieza fundamental.

Utiliza Resnais un elaborado montaje en crescendo emocional, las telas parecen rasgarse, incluso llorar, mientras los titulares de prensa y algunas fotografías se intercalan violentamente conviviendo con imágenes de la barbarie franquista

Las estatuas también mueren de Alain Resnais y Chris Marker

Filmada en África occidental, el realizador nos adentra en la cultura negra. Una ventana abierta para aquellos que desconocen las culturas antiguas, una lección humanista que reivindica lo negro, subrayando todo interés sociocultural, antropológico –influencias de este arte en el mundo artístico moderno-. Al tiempo esta pieza denuncia la cultura blanca como destructora de todo proceso creativo, un proceso cultural extremadamente avanzado quedo coartado por la imposición subyugadora de la metrópoli. Un alegato didáctico, comprometido, crítico con el colonialismo –en su día toda copia fue requisada por el gobierno francés-. Cohabita perfectamente texto-imagen.

Noche y Niebla de Alain Resnais

 

Resnais con ayuda de Jean Cayrol –prisionero en Mauthausen- muestra todo aquello que hasta el momento había permanecido oculto a la mirada de espectador cinematográfico, y que nunca debe borrarse de nuestra memoria, debiendo perseverar la misma, pero al mismo tiempo esta breve pieza sirve de advertencia sobre el peligro del nazismo, de todo totalitarismo –evita el realizador francés caer en todo tipo de sensacionalismo-

Doce años más tarde de la liberación de los campos de exterminio nazis, el realizador se introduce en el campo de concentración de Auschwitz. Reconstruye en esta pieza breve la tragedia de los prisioneros, el dolor cruento, inimaginable que sufrieron, las causas y las consecuencias de una tragedia –un periodo histórico que va desde la ascensión del nazismo hasta los juicios de Nuremberg, pasando por la deportación judía -lentos y sutiles, precisos travellings caminan por una arquitectura despoblada, donde la vegetación ha crecido nuevamente. Estas imágenes en color se alternan con imágenes de archivo rodadas en 1944-. Cohabita perfectamente el texto –voz en off-con la imagen.

 

 

Vous n’avez encore rien vu de Alain Resnais

Los primeros compases del último trabajo del maestro Resnais pueden remitirnos al juego como proposición, como artificio -recordamos Mujeres en Venecia de Mankiewicz, por qué no recordar aquel film de Rivette L´amour par terre-. En este caso; Antoine, célebre dramaturgo que acaba de fallecer, en su testamento establece que se invite a su casa a actores –los nombres de los actores son reales, son incorporados como actores del film, un mismo personaje los convoca, los da la mala noticia, este plano se repite hasta doce veces con cada unos de los actores-, estos en su día colaboraron con él en la puesta en escena de su obra Eurídice. Reunidos ya en la mansión una vez convocados, los intérpretes serán incapaces de distinguir cuales son las líneas o barreras o fronteras que separan la ficción de la representación teatral. Viene entonces a darse cita un sutil –jugoso- juego de fusiones; el texto como memoria resucita, mientras los actores observan un nuevo montaje de la pieza, esta ha sido registrada en video. Pierre Arditi y Sabine Azéma intercalan el papel de Orfeo y Eurídice con Lambert Wilson y Anne Consigny.

La puesta en escena –mise en scene- se muestra como una exquisita maquinaria en la que cine y teatro dialogan incesantemente -Resnais adapta un texto de Jean Anouilh, dramaturgo reconocido en los años cincuenta, alejándose del universo imaginario de Anthac-. El juego entre los límites del concepto de la escena –mise en scene-, adquiere un halo de refinado, al tiempo crepuscular metadiscurso que va acentuándose –un hombre atrapado por un deseo, mirar hacia el pasado y encontrar a Eurídice, una Eurídice perdida en un reino fantasmagórico-

Aimer, boire et chanter de Alain Resnais

Aimer, boire et chanter es una adaptación de una obra teatral titulada Life of Riley de Alan Ayckbourn

En esta obra última de Resnais convive lo ilustrativo con lo teatral.

No estamos ante un mero trabajo teatral filmado, sino ante una preciada ficción cinematográfica que se fusiona con lo teatral de una manera muy interesante. Teatro que contiene teatro pero contenido a su vez dentro de un formato cinematográfico –unos personajes ensayan una obra-. Se trata de metalenguaje sujeto al montaje cinematográfico. Los actores siempre permanecen en sus mismos espacios, en realidad se trata de escenarios en los que el fondo se compone de unas cortinas pintadas. Por lo tanto toda la estética de la cinta es una escenografía evidentemente teatral que invita a un evidente carácter de ficción. Es cierto que los actores interpretan sus papeles con un lenguaje corporal que es propio de lo teatral, al terminar sus parlamentos abandonan la escena, salen de esta, tras esto continua la siguiente escena. Alain Resnais homenajea así el vodevil, incorporando ideas del humor absurdo sin dejar de lado cierta querencia por lo ilustrativo. Esta querencia proviene del cómic -aquí los primeros planos de los actores protagonistas se enmarcan sobre una trama de tinta negra propia de los fondos del cómic-

Los paisajes de fondo pintados a mano sitúan a todos los personajes en un no lugar fuera del tiempo, fuera de los espacios reales. Esos lugares son jardines que pueden estar ubicados en cualquier lugar. La imaginación es un preciado don en donde todo acaba de suceder, al mismo tiempo es esa imaginación la que da verosimilitud a la cinta. Esto mismo ocurre con la trama, la cual gira entorno a un personaje que nunca aparece en pantalla

Argumento. En la campiña inglesa de Yorkshire, la vida de tres parejas se transforma durante algunos meses, de primavera a otoño, por el comportamiento enigmático de su amigo George Riley. Cuando el médico Colin enseña por descuido a su mujer Kathryn que los días de su paciente George Riley están contados, ignora que él fue el primer amor de Kathryn. El matrimonio, que interpreta una obra de teatro junto a su grupo amateur local, persuaden a George para que se una a ellos.

2014: Festival de Berlín: Premio FIPRESCI y Premio Alfred Bauer