Mi estación preferida de André Téchiné

Quizás a Techiné en parte se le considera deudor de la Nouvelle Vague. Su mirada desbordante, caudal de sentimientos mostrados o sugeridos que estallan compulsivamente -contraponiéndose una calma tan solo aparente- casi dominando por completo al propio argumento –en este caso las engañosas y agitadas relaciones entre estos dos hermanos que se encuentran tras muchos años separados, en el momento que la madre está enferma-,

Esos espacios naturales –procelosa fotografía- marcan sin duda las emociones (también el devenir psicológico), revelando el carácter de los personajes y sus actuaciones, fundiéndose sus estados de ánimo con la agitación de la naturaleza, lo que reafirma en esencia la literatura amorosa francesa –tan apreciada por Truffaut-

De hecho el argumento formalmente se estructura por capítulos cuyos títulos preceden a lo narrado a continuación, estableciéndose no obstante dos niveles -lo real y su ficción-, todos ellos posibles, matizados por su carácter atemporal, si es preciso –hermosas y cortantes elipsis  se desprenden de una buena escritura de  guión-, y que vienen a proyectarse o prolongarse atendiendo a la diferencia generacional – la madre los nietos, los sobrinos, la familia  y su entorno-

Cuando tienes 17 años de André Téchiné

Cuando tienes 17 años no puedes ser formal

Rimbaud

Este verso del poeta inspira de principio a fin esta cinta francesa.

Cuando tienes 17 años nos habla, entre otras cosas, del despertar de la sexualidad en la adolescencia, de sus pulsiones. Nos habla también, el film, de esos conceptos predeterminados de índole educativa que determinan implacablemente la libertad de los sentimientos. Lo que les ocurre a nuestros personajes ni ellos mismos alcanzan a comprenderlo (introduce Téchiné la violencia entre los dos personajes, sin que lleguemos a saber nunca cual es la causa profunda).

La narración se estructura en tres trimestres. Este transcurrir del tiempo abarca del duro invierno al caluroso y tórrido verano. Los sentimientos de nuestros protagonistas adolescentes pasan de la frialdad del invierno a la pasión del verano, pasado por una primavera donde comienza todo a florecer. Nuevamente la relación entre la naturaleza y la relación física entre los dos protagonistas adquiere un valor trascendental (ese mostrar sus cuerpos, esa tensión, finalmente ese descubrimiento, sus miradas, sus gestos, sus movimientos dentro de ese entorno natural delatan los posibles vericuetos de los sentimientos que se irán delatando)

El realizador sabe perfectamente manejar los tiempos del relato, sin embargo la introducción de subtramas dispersa el relato principal.

Impardonnables de André Téchiné

Venecia, tantas veces Venecia, es definitivamente perderse entre sus canales, entre sus laberínticos canales, la presencia de sus aguas inestable pero también purificadora -en el presente trabajo de Téchine el agua incide en los personajes vulnerables, demarcando sus límites, los empuja a descubrirse siempre colisionando con los otros tanto físicamente como psicológicamente, de igual manera que la naturaleza que les envuelve, erosionados por el tiempo, cediendo, purificándose-.

Los dos polos opuestos en los que se debaten los personajes son la fascinación, y la repulsión. Oposiciones marcadas que impiden el curso natural de la vida –la estrechez de los canales, de nuevo los espacios, la naturaleza incide-, bien sea porque están atrapados por su pasado, que les condiciona, sin embargo contradictoriamente desean verse liberados de ataduras, abriéndose a la vida. Una vez entendido esto es indispensable la emoción. El espectador debe sentir esa emoción, implicarse.

En el presente trabajo –adaptación de una novela de Philippe Djian- existen tantas historias  –el desplazamiento de una lancha dicta la pauta cinética general- que se entrecruzan como un juego de correspondencias que encajan de manera geométrica, inscritas dentro de un tempo que actúa como un let motiv –la importancia de la sucesión de las estaciones dentro de un relato romántico-, cuyo tránsito final renueva la vida, una vez que las nubes oscuras dejan paso a un cielo despejado, renovado, la vida se renueva –la fragilidad del ser humano esta condiciona por el tempo- pese  a las dificultades, estas deben quedarse atrás, irremediablemente