La cinta blanca de Michael Haneke

Resultado de imagen de La cinta blanca de Michael Haneke

Blanco y negro, negro sobre blanco o blanco sobre negro, difícil determinación, puede que ambigua existencia, donde se desenvuelve la maldad que nos inquieta (la iluminación en blanco y negro de Christian Berger procede de esta intención), como un humus cierto o incierto –aparente y bondadoso- que se inocula, es más misteriosamente nos agita, obligándonos a seguir mirando, hasta irse poco a poco quebrando nuestra conciencia moral, sin saber cómo,sin querer saber la verdad, tapándonos los ojos y lo oídos, hipnotizados, mientras los crímenes y el desorden dentro del orden –del nuevo orden- imperan violentamente –incluso hacia el exterminio-, generando superhombres, que anticipan la legalidad –cómo bordearla- a la justicia.

Sobre una pantalla en negro, surge la voz en off de un narrador que va desgranando su relato –durante el transcurso del mismo entra y sale intermitentemente-, y que se va iluminado mostrando una primera imagen, por lo que surgen dos factores intrínsecos dentro de la estructura del relato, por un lado el desarrollo narrativo interno de los hechos -es decir la diégesis- y por otro una evocación conjugada desde el futuro, lo que convierte la cinta en un largo flashback elíptico y geométrico.

Esta consideración permite al realizador austriaco, distanciarse en lo posible –puede que a la manera brechtiana-, enfriando la dramaturgia, para sí de esta manera procurar agitar la conciencia del espectador, sugiriendo milimétricos encuadres (planos secuencia) hasta conseguir composiciones pictóricas hiperrealistas, el uso del fuera de campo (sugerir, no mostrar) que bien vale grandes silencios, suponiendo una visualización trasparente, a la vez que quirúrgica, donde los acontecimientos pueden llegar a escaparse (desde el principio se nos advierte, es decir, el narrador no conoce todos los misterios, no puede responder a ciertos interrogantes, se muestra incapaz), abriéndose a una multiplicidad de lecturas.

El color blanco denota pureza –infantil-, pero al mismo tiempo interviene la rectitud de los adultos. El negro, sin embargo, supone el luto, también los misterios, bajo el paraguas del orden, que radica dentro de una apariencia moral, donde el miedo y su ley imperan en la conducta de los sometidos y sus sádicas, a posteriori, consecuencias ejercidas sobre los más débiles, dentro de una sociedad parcelada (el Barón, la iglesia, la policía –la ley-, la educación, el médico, el administrador), cuya jerarquía vertical genera hostilidad sobre las clases oprimidas (campesinas).

2009: Festival de Cannes: Palma de Oro (mejor película), premio FIPRESCI

Stefan Zweig: Adiós a Europa de Maria Schrader

A priori podríamos habernos encontrados con un biopic al uso, sin embargo nunca cae en sus trillados códigos. La directora selecciona cuidadosamente cinco momentos puntuales en distintos años, hasta llegar al epílogo.

La cinta nos narra a modo de crónica los años de exilio del escritor. Siempre el narrador pensó que ante el avance imparable y devastador del nazismo no había un futuro de paz, ni en América, tampoco en Europa.

Este es un relato cortante, desde luego, en algunos precisos momentos, en otros invita al deshielo. Sin duda la realizadora consigue trasmitirnos la vida cotidiana (literaria) del autor (expresiva labor interpretativa a cargo de Josef Hader), sus contradicciones, los sentimientos de culpa, el sufrimiento interior tan intenso (su pensamientos positivos se ven condicionados por los malos acontecimientos, nunca pudo superarlos), su labor como intermediador para conseguir salvoconductos… Es muy importante tener en cuenta que lo que se nos propone de ninguna de las maneras trata de filmar los momentos especiales de una biografía, sino un itinerario que tiene primero en cuenta la dimensión pública, para luego irse inclinándose progresivamente hacia la vida en intimidad.

Europa permanece siempre como fondo sin que por ello veamos una sola imagen. La cinta, a todas luces, es una propuesta inusitada, incluso arriesgada (la directora utiliza metáforas tanto visuales como sonoras para expresar los sentimientos del escritor) y desde luego evita ser este un retrato complaciente. Basta con detenernos en la importancia de la puesta en escena, siempre elegante, para encontrar un exquisito y extremado valor narrativo metafórico. Ese ejemplo se encuentra en el tramo último: El epílogo. La cámara esta fija, no se mueve. La directora opta por un preciso punto de vista que apenas deja que veamos algo, hasta que se mueve lentamente el espejo del armario, entonces nuestra mirada se expande, primero vemos los cadáveres que yacen juntos abrazados encima de la cama, luego al otro lado de la alcoba los testigos (amigos, forenses, policías) observan el dormitorio y leen la carta de despedida del escritor, algunos amigos entran en el dormitorio de la pareja (siempre hemos de tener en cuenta el reflejo del espejo, al que no debemos perder de vista).

In the Basement de Ulrich Seidl

Desde hace tiempo el realizador austriaco tenía cierto interés por saber; qué ocurre en los sótanos de algunas viviendas austriacas, por qué los austriacos prefieren desarrollar la vida en los sótanos y no en los cuartos de estar.

Una serie de personajes bizarros son grabados en sus respectivos sótanos, mientras se zambullen en sus hobby predilectos, sean los mismos inocuos o por el contrario oculto a la mirada de los demás –esconder cosas, esconderse de los demás sin ser vistos, dar rienda a las pasiones más oscuras-

Visionando este trabajo extraemos varias consideraciones:

En los encuadres; de este documento; puede aparecer cualquier persona o cosa en estado de trance con tal de provocar –rige un estilo estático, siempre programático-

Para el cineasta austriaco lo “entrañable” viene a ser sinónimo de siniestro (patético).

Como espectadores se nos tramite una extraña fascinación inmediata.

La mirada de cineasta se muestra impasible ante una más que sórdida comedia de la vida, al tiempo esta misma supone ser una retorcida (patética) forma de humanismo

Kuma de Umut Dag

Sinopsis: Cuando Ayse celebra su boda en el pueblo en el que vive, todos creen que se ha casado con Hasan, un joven poco mayor que ella. Pero, en realidad, Ayse abandona Turquía para convertirse en la segunda esposa de Mustafá, el padre de Hasan. Al llegar a su nuevo hogar en Viena algunos de los hijos mayores le dan la espalda; en cambio Fatma, la primera esposa de Mustafá la acoge afectuosamente porque ve en ella a su sucesora, la mujer que cuidará a la familia cuando ella ya no esté. Entre las dos mujeres surge una amistad muy especial basada en una confianza total. Pero esta relación se verá cuestionada cuando la familia tenga que enfrentarse a un duro golpe del destino

Lo importante es el trayecto. Los personajes de esta cinta viven sometidos a la tradición que vuelven sin lugar a dudas su realidad del revés. La tradición nos viene a decir; desde el inicio la propuesta; se impone por encima de todo (de las personas). Esta idea adquiere un tono de denuncia social un tanto aleccionador, buscando si es preciso el gesto de la protagonista como respuesta a los conflictos cotidianos que se plantean (existe un claro interés de acercarse a la trama desde lo cotidiano con la intencionalidad de destapar  las grietas  que las costumbres vienen a tallar en esos corazones, unos corazones sumidos en un universo de silencios). Se inicia de esta manera un encuentro entre la fragilidad humana y el gesto (poder del gesto). Pero al mismo tiempo es la historia del otro testigo, la primera esposa que acepta a la segunda esposa en el hogar, esta primera esposa sufre pero termina aceptando la realidad no cabe duda poniendo como valor lo tradicional sobre la libre elección, sin embargo no asume que esa segunda esposa sienta y ame de manera autónoma más allá de las exigencias de un matrimonio concertado

Esos estrechos pasillos del hogar son testigos de transito de unas vidas a las que se le impone una ausencia total de libertad. Esos compartimentos (habitaciones) del hogar se llenan de susurros, verdades confesadas, de anhelos convertidos finalmente en tabúes –de esta manera también se traslucen esas otras historias escondidas que traen  esos otros personajes-

 

Amour Fou de Jessica Hausner

Un hecho histórico que sirva de base para narrarnos una historia. Derrumbar el halo romántico del mismo, es lo que ha pretendido la cineasta austriaca -fue en 1811; el escritor Heinrich von Kleist se pegó un tiro. Con anterioridad había disparado contra Henriette Vogel, una joven supuestamente enferma con quien acordó el doble suicidio. Ambos amantes fueron encontrados sin vida-.

El protagonismo de esta cinta recae sobre el personaje femenino, Henriette. Una mujer que queda atrapada por una serie de circunstancias que no puede controlar. Ella se debate entre agonizar a causa de una supuesta enfermedad al lado de su esposo o morir junto al poeta.

A través de los protagonistas masculinos somos capaces de percibir un cambio de era. El poeta viene a representar la decadencia, él es egocéntrico, enfermizo. El marido de Henriette encarna los valores de la ilustración francesa, este como funcionario del estado quiere instaurar los mismos en la conservadora y aristocrática Prusia.

A la realizadora no le interesa el personaje del literato Heinrich von Kleist como representante literato. Solo en una ocasión lo literario cobra protagonismo, la lectura de un fragmento de La marquesa de O.

Desde el inicio de la cinta el escritor se nos presenta como un individuo que una y otra vez pregunta a una mujer que si quiere suicidarse con él. Desde luego no está enamorado de Henriette, ni es un poeta que sublime a través del suicidio una honda melancolía. El literato es un egoísta, un obsesionado por darse muerte, buscando eso si una pareja que lo acompañe.

A través de una puesta en escena teatral puntuada por diversos tramos musicales, la realizadora viene a subvertir los hábitos de la ficción romántica. El preciosismo lírico del literato no se corresponde con el pragmatismo de sus actos. La cita final entre los dos amantes más bien es fruto de un supuesto interés común como de una serie de malentendidos, confusiones. El desenlace no es desde luego romántico, sino más bien un absurdo acto al que atraviesa una oscurantista ironía.

Nota recogida de unas declaraciones de la realizadora, y cito. La cinta posee un claro aliento pictórico según la cineasta. Se inspira en pintores del Renacimiento por el uso que hacen de la perspectiva central, que nos ofrece una apariencia geométrica adecuada a la historia

Museum Hours de Jem Cohen

Johann es un vigilante del museo Kunsthistorisches de Viena, se convierte entonces en guía de una turista accidental canadiense que visita la ciudad para cuidar de un familiar ingresado de gravedad –en estado crítico-. Johann se convierte en anfitrión, su profesión como vigilante, la cantidad de veces al día que mira una obra pictórica, su forma de ser siempre amable benevolente, su inteligencia instintiva lo convierten no en un mero y simple espectador, sino en alguien más, un protagonista único que nos conduce hacia una serie de cuestiones, de reflexiones que van desde el análisis, observación, mirada de las obras de arte, hasta cual es su función cultural, pasando por una multiplicidad de cuestiones que van más allá de lo simplemente cultural, adentrándose en lo sociológico y lo político.

Johann y Anne entablan amistad –Anne visita constantemente el museo entre visita y visita al hospital-, dialogan, conversan, sus conversaciones giran alrededor de los temas anteriormente indicados – las conversaciones parten siempre de lo artístico para derivar más tarde en otras cuestiones, pero no se nos olvide que ambos son capaces de transitar por otros escenarios fuera del museo mientras dialogan, Viena en un lugar idóneo donde pasear, conocer edificios, calles, cafés…..

El cine de este autor se ubica en los terrenos resbaladizos del documental -ensayo- y la ficción. Intenta integrar a sus personajes dentro del mundo en que habitan –y se desenvuelven-

Este viene a ser un trabajo de observación pero también es importante saber escuchar, siempre como espectadores tenemos que estar atentos a los pequeños detalles –a las conversaciones entre Anne y Johann, a la historiadora guía que explica el universo creativo de Bruegel el viejo a unos visitantes un tanto irritantes, por cierto gracias al montaje el realizador va a los detalles visuales de esta conversación última-. El realizador también se ocupa de estos dos personajes centrales intentando pintarlos, comenzamos a saber algo de los mismos –no siempre hablan de arte o de historia-, de sus vidas, de su sentido de la curiosidad, de la importancia de relacionarse con los demás –con la forma en que se relacionan los otros, como se relacionan los unos con los otros, como se relacionan con referencia al arte y viceversa-, con los lugares, con los objetos, no se trata además de una sugerente investigación sobre cómo (des) habitamos los lugares.