Ma Loute de Bruno Dumont

Nos propone el director, en este trabajo, una comedia guiñolesca un tanto lunática, sin duda grotesca, acerca de las conflictivas relaciones entre la alta burguesía y el pueblo. La acción se desarrolla en 1910 (Nord- Pas de Calais). Los rostros de esos pobladores de la zona que recogen mejillones, en medio de esos estupendos escenarios abiertos a los que la propia cámara otorga una impactante fuerza física. Una pareja de policías un tanto dispar (claras resonancias del universo de Tintín de Hergé). Una mansión burguesa con forma de templo egipcio. Una humilde familia caníbal que se deleita comiendo carne de todos aquellos seres perdidos, que desaparecen por los alrededores…

Resulta notable una mezcla de elementos disparatados, y esa capacidad personalísima que tiene el director de integrarlos dentro de un registro visual propio (nunca ajeno). Sin embargo la cinta, en ningún momento, consigue tener una tonalidad acorde. La dispersión y  el desconcierto se instalan. Nada consigue encontrar su sitio (su lugar). Nada de lo que acontece acaba por jugar algún papel. La insinuaciones solo quedan levemente apuntadas.

2016: Festival de Sevilla: Mejor largometraje y actriz (Raph)

 

 

 

El pequeño Quinquin de Bruno Dumont

El mal está en el corazón de la sociedad. Esta se revela mediante gestos y conductas. Se da en seres que visten máscaras, bajo estas viven ellos una profunda contradicción moral interior –en la presente cinta los gestos no están depurados, son burlescos, todo viene marcado por la teatralidad; el misterio surge de la expresión de la locura que raya lo brutal-. La insana locura todo lo contamina, genera además desorden en el relato –nada puede ser ordenado desde la lógica-. El mal ha secuestrado para siempre el mundo. La humanidad ha perdido para siempre el humanismo. El hombre ha reencontrado la auténtica bestia humana. El universo atravesado por la maldad se contempla desde lo burlesco. El humor, su comicidad sirve para revelarnos lo brutal – el humor trasgresor evidencia el absurdo-. El mal genera el terror, trasforma al hombre en bufón. La cinta trata de buscar todo aquello que resulte incongruente, quizás con todo criterio un camino que permita modelar una visión pesimista del mundo. La locura se hace omnipresente como metáfora. La mirada es cruel hacia el mundo, incluso despreciativa. Nunca encontramos empatía en los personajes del carnaval mundano.

La propuesta que nos ocupa, en realidad una serie de televisión para la cadena ARTE, se ve una y otra vez alterada  por innumerables y continuadas digresiones. Lo que viene a ser grotesco altera el ritmo y la causalidad de lo que percibimos.

Sinopsis. La historia de una improbable y excéntrica investigación policial enfocada en los extraños crímenes de un pequeño pueblo costero en la región de Boulonnais, el cual ha caído presa del mal y de una banda de jóvenes bandidos liderados por P’tit Quinquin y su amada Eve.

Flandres de Bruno Dumont

Una guerra indeterminada en un lugar indeterminado. Unos soldados masacran a un grupo de niños que van armados. Nos trasladamos al norte de Francia, lejos de ese lugar, una chica se sienta frente a una casa con la mirada perdida. Así podemos describir este trabajo, un montaje paralelo que nos muestra la vida vista como una guerra o batalla que nunca puede ganarse.

No sabemos muchas cosas, no sabemos si los personajes se aman, no sabemos qué hace ese comando perdido en el desierto. No vemos tantas cosas que ocurren, pero si estamos obligados a mirar con todo detalle aquello que desearíamos no ver. El ritmo cotidiano de una aldea rural –un pueblo cualquiera- es lento, adormecedor, despierta los instintos más primarios y salvajes. Lo mismo ocurre en el desierto en medio de esas interminables caminatas y de esos súbitos estallidos de horror. En el presente trabajo la guerra viene a resultar una prolongación lógica del trabajo y el sexo. Esas monstruosidades que contempla Demester pueden llevar a Barbe al borde de la locura. Todo viene a formar parte de un juego, todo parece estar relacionado entre sí por vericuetos intrincados (confusos).

Puede esta propuesta parecernos realista –utilización de actores no profesionales, por ejemplo- pero la sensaciones que producen esas imágenes no tienen nada que ver con lo veraz (por ejemplo en una escena violenta se detiene la cámara en primeros planos de los intérpretes, o bien recurre a la arena, a las casas que están abandonadas, a la vegetación o al bar de un pueblo como espacios o lugares por los que vienen a transitar los cuerpos opacos, abandonados estos a su suerte).

Las imágenes buscan un pequeño foco de luz en medio de una luz cegadora. Flandres posee una estructura similar (no igual) a la del Cazador de Cimino, como en esta se viene a tantear la redención en medio de una experiencia extrema. Sin embargo para este realizador no hay tiempo de salvación, esta es una propuesta donde no hay lugar para la escapatoria, siempre se repetirán los mismos errores al igual que una cinta de terror, es además Flandres un poema abstracto acerca de la insensibilidad. Todo vuelve a ser el inicio de una nueva pesadilla.

Cinta incómoda, un paisaje árido por donde deambulan unos personajes desagradables. Los nativos de un país en guerra son tan desagradables como sus soldados. No sabemos los espectadores por qué dentro de la belleza primitiva de algunas imágenes se oculta tanta desesperación

2006: Cannes: Gran Premio del Jurado