La ceniza es el blanco más puro de Jia Zhang Ke

Resultado de imagen de La ceniza es el blanco más puro de Jia Zhang Ke

El director chino efectúa un replanteamiento de algunas ideas existentes ya en su trabajo Naturaleza muerta. Además, utiliza la estructura compartimentada de Más allá de las montañas.

La ceniza es el blanco más puro vuelve a ser una radiografía social, urbanística y paisajista de China. Una narración que trascurre en tres tiempos definidos. La ficción prevalece, en este caso, dejando que el documental mude dentro de un paisaje en tránsito; actuando como reverberación, mutación y renovación de la vida emotiva de los personajes. Un trayecto vital, que es también un trayecto físico.

El tiempo fluye de forma elíptica dentro de este drama amoroso, que es al tiempo un film negro, un documento social y político, incluso un musical que resitúa el estado anímico (emocional) de la protagonista.

El amor y la traición, la dominación y el sometimiento, la obediencia y la fidelidad, las promesas incumplidas y la imposibilidad de adaptación de los personajes,  en unos tiempos que tienden a mutar, determina la trayectoria sentimental y social de los personajes y del propio cineasta. En definitiva, un estudio sobre el paso del tiempo, los requiebros del amor, los fantasmas que acentúan la memoria…

La ceniza es el blanco más puro es un trabajo sutil en conjunto, una tragedia donde subyace un sentido de humor sin que apenas el tono se resienta,  y donde la cámara se mueve de manera libre.

An elephant sitting still de Hu Bo

Resultado de imagen de An elephant sitting still de Hu Bo

Todas y cada una de las secuencias de esta ópera prima están determinadas por la desesperanza, pero también por la desazón y la contrariedad. La crueldad se manifiesta impertérrita. No existe ninguna escapatoria. Sin embargo, a pesar de la inapelable oquedad de la existencia humana, puede que se contemple cierto atisbo contrario al pesimismo.

Esta es una cinta poliédrica, densa, moralmente complicada, vehemente en su firme resistencia frente a las dificultades. Un trabajo que evita en su discurso toda complacencia. Cine resistente,  que raya en algunos tramos (por su capacidad observacional) el documental, y que capta inexorablemente un tiempo, unos lugares, unos espacios…

Todas y cada una de las reacciones viscerales que se producen radican en los actos, pero también en las decisiones de los personajes (la experiencia temporal de lo vivido, cada hora, cada minuto, en definitiva cada instante, de esto también trata este incluso, a veces telúrico trabajo).

Por eso es importante comprender cómo el realizador, ya fallecido, es capaz de sumergirnos en ese acontecer, poniéndose en valor la idea anterior;  ese reseguir, a través de precisos planos secuencia, la escapada de unos personajes en fuga, cuyos destinos lentamente irán entretejiéndose hacia ninguna parte, y como también es reseñable la vital importancia de componer los planos (en ocasiones claustrofóbicos), y de saber concebir la puesta en escena.

Premio Fipresci festival de Berlín 2018

Largo viaje hacia la noche de Bi Gan

Resultado de imagen de Largo viaje hacia la noche de Bi Gan

Forzosamente se necesitan dos visionados, para comprender, en su totalidad un trabajo nada fácil.

Sin interrupción y con fascinante fluidez la cinta transita por lo veraz, lo fantaseado, lo invocado (evocado). Un film perforado por la memoria y la rememoración.

La estructura narrativa, además, no resulta en absoluto sencilla: Una primera parte impregnada y bañada por espacios y firmamentos escenográficos cuya visualidad es tan poderosa (y personal), que nos recuerda al cine de Wong Kar-wai (la utilización de los colores intensamente contrastados, las afligidas atmósferas, los largos y serpenteantes planos secuencia que van descubriéndonos espacios y recovecos mediante acompasados y duraderos movimientos) y a las tonalidades representativas de la pintura de Chagall, y en lo exclusivamente dramático y literario a Patrick Modiano (la memoria como configuradora de imágenes y como  articuladora de lo no franqueable).

Una segunda parte caracterizada por un largo plano secuencia, de una hora. En esta nos adentramos con total plenitud en el acuoso territorio tenue y vaporoso y sutil de los recuerdos. La interinidad y la eventualidad se desdibuja, se esfuma (se mezcla la profundidad de la representación con la continuidad temporal).

Angels wear white de Vivian Qu

Resultado de imagen de Angels wear white de Vivian Qu

Sinopsis: En un pequeño pueblo costero, dos niñas son asaltadas por un hombre en un motel. Mia, la recepcionista, es la única testigo. Por miedo a perder el trabajo, no dice nada. Mientras tanto, Wen, una de las víctimas, entiende que sus problemas sólo acaban de empezar. Atrapadas en un mundo que no es seguro, Mia y Wen tendrán que encontrar la manera de salir adelante.

La cineasta tiende a apartarse de los códigos habituales que rigen el cine policiaco. Lo que primordialmente interesa es auscultar la complejidad de los dilemas morales, que agreden a los personajes dentro de una sociedad corrompida. Por un lado, somos testigos de los impedimentos que ocasiona diariamente el esclarecimiento de los graves y trágicos hechos, justo cuando la pobreza condiciona a las víctimas al silencio y la resignación. Por otro somos testigos de una sociedad arbitraria y corrupta donde los individuos sobreviven tejiendo estrategias de simulación: La honestidad y la inocencia son ideales inalcanzables. Quien trate de esclarecer la verdad se verá apartado.

Acierta la realizadora al filmar esta tragedia a cierta distancia (la precisa puesta en escena comulga perfectamente con un calculado empleo de símbolos). Ejerciendo de narradora omnisciente consigue evitar todo maniqueísmo al uso y todo juicio a priori. Lentamente las graves heridas crecerán en el interior, justo en esa reconstrucción que cada espectador hace de la narración.

Shadow de Zhang Yimou

Resultado de imagen de Shadow de Zhang Yimou

Vuelve el realizador chino al género wuxia. Igualmente que en Hero o La casa de las dagas voladoras Yimou aborda una intrigante y suntuosa narración de ecos shakesperianos. El nervio dramático del film pone la codicia, la pasión y el deseo, la lealtad y el honor en un idéntico plano que lo profundo, lo íntimo y lo heroico; todas y cada una estas variables discurren en una misma dirección dotada de profundo lirismo, teñido de melancolía.

Apoyándose en una iluminación cenicienta de tonos grises y de blanco y negro (que evoca el arte chino con tinta) y grandes y coreográficas escenas de acción, la cinta no ceja de explorar los límites de la abnegación, buscando su propia voz interior, más allá de lo estéticamente bello.

24 City de Jia Zhang Ke

Resultado de imagen de 24 City de Jia Zhang Ke

La ficción y el documental se superponen, incluso llegan a confundirse permitiendo que florezca el latido del tiempo (la evocación, desde el hoy presente, mediante un ejercicio de la memoria y del lenguaje por parte de ocho obreros y tres mujeres  situados en una escena real frente a la cámara, y que mientras el universo se desmorona, ellos hablan y comunican frente a la cámara sus experiencias vitales) y la pulsión histórica (la transformación de la China comunista hasta nuestros días). Por lo tanto debemos tener presente dos variables a la hora de analizar esta cinta: La memoria y el tiempo.

Nota: Los tres personajes femeninos son tres actrices que interpretan sus papeles.

Kaili Blues de Bi Gan

A partir de una trama dada, la energía de Kaili Blues descansa en cómo va condesándose lo poéticamente visual y sonoro. Sin duda, nos hallamos ante un poema total (en el que se involucra el propio director poeta) caracterizado por largos planos secuencia (uno de ellos de unos cuarenta minutos consigue difuminar las fronteras de la realidad y la ficción), que hacen avanzar la trama en temporalidades distintas, creando de paso una atmósfera onírica. Tanto el espacio como el tiempo, la luz como el movimiento son evidentemente puestos en cuestión en esta interesante, al tiempo compleja propuesta.

Sinopsis: En la mística y subtropical provincia de Guizhou, hay una pequeña clínica donde trabajan dos doctores de vida tranquila. Uno de ellos, Chen Sheng, debe viajar para ir a buscar a su sobrino, que ha sido abandonado por su padre. Durante el viaje, Chen Sheng para en un lugar llamado Dang Mai, donde el tiempo parece haberse detenido y donde la vida de sus habitantes es un misterio.

El introspectivo viaje que efectúa Chen adquiere un carácter espiritual, intenta redimirse de su oscuro pasado, ajustará cuentas con el mismo, expiará sus culpas. Chen se encuentra, en su camino, con personajes que son como proyecciones de aquellos que conoció en su pasado. En la segunda parte de la cinta, es el propio viaje el que termina involucrándonos a los espectadores. Por su carácter sensorial y de manera un tanto subjetiva, nuestro viaje respira cierta autonomía y vivencias diversas con respecto al que vive Chen (ese plano largo secuencia de unos cuarenta minutos, que hemos antes mencionado, es un clarividente ejemplo). El médico encuentra la paz finalmente en la memoria, en el poder balsámico del recuerdo. Nosotros los espectadores hemos experimentado (vivido) una aventura espiritual (sensorial), también estética. Existen en sí mismas tantas películas llamadas Kaili Blues, como posibles  vías interpretativas dentro de una representación.

2015: Festival de Locarno: Mejor director emergente