Vergüenza (temporada 3, TV) de Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero

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Tanto la extrañeza llevada a sus más altas cotas de absurdo, como lo transgresor continúan siendo materia prima cómica que irriga y vigoriza esta serie políticamente incorrecta. Al tiempo,  irremediablemente, seguimos reconociendo a todas luces las situaciones y acciones reales de las que se parte (ver en este blog críticas de la serie, primera y segunda temporada) y como estas mismas se ven reflejadas en un espejo cóncavo y convexo, cuyo resultado alcanza lo esperpéntico, constituyéndose un incómodo relato.

Partiendo de estas premisas, la presente temporada se transforma en un impensado thriller, un tanto coral, que se edifica partiendo de un enigma  que se erige a fuerza de bajos instintos teñidos de resquemor social con altas dosis de mala baba y sentido del ridículo, y que viene a amplificar los significados y las lecturas del propio concepto de vergüenza. Su resultado es imprevisible, a la vez incómodo.

El Crack Cero de José Luis Garci

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Con esta cinta se cierra la trilogía del Crack, que se inició a principios de la década de los ochenta del siglo pasado, cuyo protagonista Alfredo Landa es ahora sustituido por un solvente Carlos Santos, que sigue manteniendo aquella personalidad impasible, al tiempo y puntualmente vulnerable, que esconde secretos de toda índole.

El director rinde un clarividente homenaje al género negro bajo una visión o lectura del mismo un tanto ingenua, más bien impersonal,  sin apenas hondura. Su enfoque formal resulta a todas luces rígido, acartonado, cansino y soporífero,  también reiterativo, por no hablar de una narrativa mecánica que rehúye toda tensión y unos diálogos falsos, con tendencia a la verborrea.

Una acomodaticia propuesta, evidentemente conservadora sin duda, cuyo contexto histórico (la acción se sitúa durante el final del franquismo) queda plenamente blanqueado.

La banda de Roberto Bueso

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La banda como otras cintas españolas sigue incidiendo en las dudas, la desorientación, el desconcierto y el pesimismo de toda una generación actual, sin apenas expectativas y cuyos sueños se han frustrado irremediablemente.

Esta incertidumbre angustiada ante el impotente futuro es captada atentamente por la cámara de Bueso de manera sencilla, tierna, naturalista, sin apenas subrayados. La impotencia de los progenitores que nada pueden hacer, y las tradiciones inmovilistas condicionan así mismo la existencia.

Sordo de Alfonso Cortés Cavanillas

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En el cómic dibujado por David Muñoz y Rayco Pulido apenas existen rasgos que acentúen elementos narrativos propios del western crepuscular de marcadas implicaciones éticas. El film además evita otra de las cualidades del cómic original, como es el silencio, pero en lo esencial si se ha conservado el espíritu del trabajo.

La primera hora de cinta se ve con interés, la acción es constante y juega con la sordera del protagonista no solo como factor dramático, sino como metáfora. Sin embargo en un momento dado algo ocurre y todo el interés conseguido hasta ese momento va perdiéndose, la trama va volviéndose  inverosímil y el desenlace resulta cuanto menos embarullado. Una lástima.

Sinopsis: Año 1944. Han pasado años tras la Guerra Civil Española, pero muchos maquis siguen escondidos combatiendo al franquismo. Uno de ellos es Anselmo, que se queda sordo tras una acción de sabotaje dentro de la llamada ‘Operación reconquista’. Escondido por los montes acorralado por el ejército dirigido por el Capitán Bosch y ayudado por la mercenaria Darya Sergéevich, el silencio de su sordera será su acompañante y su espejo, pero sobre todo su enemigo.

Mientras dure la guerra de Alejandro Amenábar

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Sinopsis: España. Verano de 1936. El célebre escritor Miguel de Unamuno decide apoyar públicamente la sublevación militar que promete traer orden a la convulsa situación del país. Inmediatamente es destituido por el gobierno republicano como rector de la Universidad de Salamanca. Mientras, el general Franco consigue sumar sus tropas al frente sublevado e inicia una exitosa campaña con la secreta esperanza de hacerse con el mando único de la guerra. La deriva sangrienta del conflicto y el encarcelamiento de algunos de sus compañeros provoca que Unamuno empiece a cuestionar su postura inicial y a sopesar sus principios. Cuando Franco traslada su cuartel a Salamanca y es nombrado Jefe del Estado en la zona nacional, Unamuno acude a su Palacio, decidido a hacerle una petición.

Parece que el director se ha olvidado de la llamada Memoria Histórica y todo estudio de investigación rigurosa y honda sobre aquel tiempo (y especialmente, la figura del genial escritor Unamuno y su proceder), optando, sin embargo, por amoldarse a manidos clichés; un tanto cobardes, indecisos, y blanqueadores de unos encorsetados sucesos y una dudosa realidad cuestionable, con el fin de agradar a la platea.

Las secuencias narrativas son lamentables tanto en su simplista resolución, como al ser filmadas, y pretenden graciosamente reflejar los irreconciliables posicionamientos de las dos Españas, a través de una triquiñuela pretendidamente erudita y consabida,  cuya conclusión y lectura es ciertamente un disparate. Mucho más grotesco es traer estas ideas y actualizar dicho discurso a los momentos actuales.

Su discurso reaccionario tiende a la caricatura, a la simplista simplificación, al sonrojo, especialmente en aquellas secuencias que definen a los personajes, sus movimientos, acciones y procederes, obligados servilmente a permanecer en lugares comunes. Las realidades son más complejas que un miserable discurso sobre como las izquierdas y las derechas se llevan a la riña. El director aborda esta pieza con tibieza y con el pretendido y alusivo canon de establecer una equidistancia con respecto a dichas líneas ideológicas, cuando realmente no lo es.

La figura de Unamuno es ciertamente compleja, contradictoria, poliédrica, apasionante, pero el tratamiento dado requiere algo más de hondura y madurez y tensión dramática. Amenábar lo  transforma de manera un tanto  simplificadora en un ingenuo cascarrabias, un asustadizo repetitivo. Por contra los sublevados, igualmente, son tratados con superficialidad y tibieza, colmados de anacronismos y tópicos, eternamente blanqueados. Lo que verdaderamente ocurrió fue represivo y atroz.

2019: Premios Goya: 5 premios incluyendo mejor actor sec. (Fernández).

 

La inocencia de Lucia Alemany

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Tres pesadumbres temáticas, todas ellas de marcado corte generacional, habitan dentro de esta interesante ópera prima de marcado carácter autobiográfico: La crisis de identidad, la carencia de expectativas, la confusión existencial.

Otras características visibles y a tener en cuenta son la búsqueda de todo naturalismo (la utilización de la cámara en mano siguiendo constantemente a la protagonista femenina), la presencia de actores no profesionales y su capacidad de improvisación, la elección de emplazamientos reales.

La inocencia es un interesante relato de iniciación de corte intimista que busca retratar la pulsión y el ansia de libertad adolescente frente a la autoridad familiar tradicionalista y opresiva (castradora). También es un retrato fidedigno sobre la fragilidad y la pérdida de la inocencia, los desencantos, la agitación de madurar, la superación de conflictos y obstáculos, las dudas y las incertidumbres propias del adolescente, el despertar amoroso y sexual, la importancia de la amistad y su valor, las dificultades de entendimiento con el entorno familiar y la incomunicabilidad con un padre autoritario y una madre sometida preocupada por las apariencias y poco proclive a entender las necesidades, las aspiraciones de futuro.

Lis nuestra protagonista se encuentra atrapada, enclaustrada dentro de una sociedad tradicionalista, hipócrita y machista, que vive de las apariencias.

Litus de Dani de la Orden

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La acción trascurre íntegramente dentro de un único espacio escénico. Un grupo de amigos se reúnen para recordar a su mejor amigo, que meses atrás se suicidó.

Psicodrama más bien impostado y autocomplaciente, que discurre sin apenas naturalidad, lastrado por acumulación de subrayados que no dejan espacio para la tensión.

Descarta el director, de manera nada sutil, algunas cuestiones interesantes que quedan dichas y flotan para siempre en el aíre como banalidades, y en las que apenas se llega a ahondar dramáticamente: Como afrontar el duelo desde diversas perspectivas, la incapacidad para asumir compromisos, responsabilidades, obligaciones.

Adaptación de una obra teatral escrita por Marta Buchaca que gira entorno a los quebrantos por la pérdida de un amigo y a la memoria del ausente.