J Edgar de Clint Eastwood

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En Norteamérica existe una extraña contradicción entre los principios constitucionales abiertamente democráticos, garantes del estado, y una conciencia represora tendente al individualismo, que permite la práctica de atrocidades miles como defensa de las libertades, tendiendo a ocultarse las mismas en el cajón de sastre de la memoria.

Una de esas figuras fue J Edgar Hoover, contradictorio, a la vez determinante en la historia política norteamericana, y que fue director del departamento de inteligencia a lo largo de décadas –FBI-, sobreviviendo con sus prácticas  a ocho administraciones.

Cumple así Eastwood, como buena parte de su filmografía, con sondear la historia americana a lo largo del siglo XX.

Una voice over sirve de vehículo a un relato no lineal –un tanto poliédrico y pantanoso-, que salta mediante Flashbacks de una década a otra -del presente al pasado-, y que se establece como punto de vista –el propio personaje dicta sus memorias a sucesivos mecanógrafos que el mismo con escrúpulo escoge-. Por lo tanto lo siniestro va acumulándose dentro de un trayecto, conformando un autoretrato perturbador –cuál es el legado que pretende dejar el director del FBI para la posteridad- alienante, que se adentra en el mito, y los sucesivos pliegues de la realidad que acentúan la turbiedad de un personaje al frente de una institución, confiando definitivamente en la acción (acciones o hechos) más que en la leyenda, es decir un hombre al servicio de una idea, del yo.

La cinta además viene a situarse en ese estrecho margen que marcan las contradicciones que enfrentan al mito –Hoover-, es decir el Yo, con su rostro patético, abiertamente hipócrita y ambiguo –moralmente hablando-, cuya raigambre en el fondo nace de la represión matriarcal puritana más severa, conformando una personalidad atrofiada, psicótica, perversa y maniática que se reafirma con todo el poder que le es otorgado, señalando al otro como culpable, preñando la democracia y sus libertades de fascismo, y situando la justicia a niveles de arbitrariedad.

Destaca la interpretación de Leonardo Di Caprio

The Mule de Clint Eastwood

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Existen tres ideas claves, que se han ido levemente desarrollando, dentro de la filmografía de Clint Eastwood, a lo largo de estas dos últimas décadas: El paso del tiempo con toda su carga de gravedad, la vejez, la incorporación de personajes que tienen alguna deuda pendiente que abonar. Un film que reflexiona, al mismo tiempo, sobre la soledad, la muerte inminente y la crítica observancia, siempre desencantada, de un mundo cambiante.

Eastwood vuelve sobre estas ideas y con tono mesurado y nada grandilocuente nos narra una sencilla historia basada en acontecimientos reales, que va abriéndose lentamente.

Sinopsis: A Earl Stone, un octogenario que está en quiebra, solo, y que se enfrenta a la ejecución hipotecaria de su negocio, se le ofrece un trabajo aparentemente facil: sólo requiere conducir. Pero, sin saberlo, Earl se convirte en traficante de drogas para un cártel mexicano, y pasa a estar bajo el radar del agente de la DEA Colin Bates.

Al acontecimiento central y de investigación (de moderado suspense, nunca profuso), se van añadiendo de manera precisa una serie de subtramas, personajes, acciones y reconocibles detalles de índole familiar igualmente sentidas, que van fortaleciendo, enriqueciendo la narración, dándola suficiente espesor (una equilibrada narración, perfectamente bien engrasada).

15:17 Tren a París de Clint Eastwood

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Cinta basada en hechos reales que no logra en ningún momento conectar con el espectador.

Una de las ideas que circulan a lo largo del metraje descansa en la predestinación para hacer algo grande, aunque las puertas de la vida se cierren. Se nos quiere decir que en todos nosotros habita un héroe. Un ser anónimo con fe, valor y sentido patriótico que da su vida por los demás (aunque su biografía pueda ser otra cosa). Para demostrar vivamente esta idea, la cinta cuenta las biografías de estos tres protagonistas.

Sinopsis: En la tarde del 21 de agosto de 2015, tres jóvenes americanos que viajaban por Europa se enfrentaron a un terrorista en un tren con destino a París, con 500 pasajeros a bordo. La película narra el curso de las vidas de estos amigos, desde los avatares de su niñez para encontrar su destino, hasta la serie de eventos que precedieron al ataque. A lo largo de esta desgarradora experiencia, su amistad nunca flaqueó, convirtiéndola en su mejor arma.

Durante algo más de una hora seguimos a unos personajes (durante ese tiempo surgen fogonazos, a modo de flashbacks, sobre el día del suceso). Apenas ocurre nada. Los diálogos son insulsos. Sus experiencias poco o nada nos importan porque son irrelevantes. Su viaje, por ejemplo, por algunos países europeos es aburrido, insustancial. Solo quizás sea el tramo final de la propuesta –impecablemente bien rodado-, el que parece poseer cierta musculatura trágica (el instante del ataque al tren y el rescate del mismo).

La narración no contiene ninguna reflexión de alcance sobre el destino, los mecanismos del valor, ni siquiera sobre el terrorismo. En definitiva, un trabajo soso, que carece de complejidad psicológica y suspense.

 

 

 

 

 

 

 

Cazador blanco, corazón negro de Clint Eastwood

El presente trabajo procede de una obra de ficción escrita por Peter Viertel (autor del guión de La reina de África). La narración reconstruye los agitados inicios del rodaje de aquella cinta dirigida por John Huston.

Cazador blanco, corazón negro evita todo convencionalismo. Es también una cinta áspera y enrevesada pese a estar narrada de manera lineal. El humor se funde sin problemas con el dolor y la amargura, y con esos contrastes tan característicos propios del estilo sobrio de Eastwood, que discurren entre la exquisita delicadeza y la ageste violencia. Ese estilo favorable permite representar ofuscadas conductas, la tendencia hacia la autodestrucción (que habitó siempre en la personalidad de John Huston) y el irrenunciable amor por la desmesura. Esta es una cinta que nos habla sobre la energía de vivir, pero también sobre su desaliento (concerniente al propio Huston). A grandes rasgos no busquen paralelismos con la vida de Huston. Esta cinta es pura ficción, aunque si es cierto que el espíritu de Huston sobrevuele la cinta o por lo menos su sentido vital. Decía Huston al respecto; “La única manera de escribir una buena película es olvidarse de que alguien va a ir a verla alguna vez”.

Demos ahora la voz a Ángel Fernández Santos en su crónica publicada en El país.  Sin embargo, no es Cazador blanco, corazón negro cine sobre cine. Ni siquiera es cine sobre un cineasta, sino sobre lo que aquel cineasta no tenía de tal: su afán desmedido y un poco infantil por vivir, su negativa a sustituir la vida por la representación filmada de la vida. Dice a su guionista en otra ocasión el personaje John Huston, al que Clint Eastwood reencarna con mucha ironía y más amistad: “Dios creó al hombre para matarlo”.

Sully de Clint Eastwood

Una de las características que nos llaman la atención de este trabajo es la personalidad del protagonista. Una suerte de héroe que retoma los clarividentes modelos humanistas de los personajes de Frank Capra (ver Juan Nadie). Pero para alcanzar éste aura bondadoso es preciso vivir las contradicciones de lo humano, según apunta Ángel Quintana en su comentario crítico, publicado en Caimán cuadernos de cine. Nuestro protagonista no comprende la devoción por su acción. Él se encuentra más bien azotado por las dudas.

Sinopsis: Chesley “Sully” Sullenberger es un piloto comercial que en 2009 se convirtió en un héroe cuando, al poco de despegar, su avión se averió y el comandante logró realizar un aterrizaje forzoso del aparato en pleno río Hudson, en Nueva York, con 155 pasajeros a bordo. El eje dramático de la cinta gira alrededor del trabajo de la comisión de investigación que juzga el comportamiento de Sully

Sully como El francotirador trata de ahondar en los valores morales norteamericanos. El francotirador retrataba a un héroe solitario demente, totalmente inadaptado al sistema, pero necesario para el mismo. Sully sin embargo es un hombre querido, adaptado al sistema, que entiende la importancia de lo común. Sully no es una cinta paranoide, sino todo lo contrario: Una obra lumínica. Ambos personajes, si es cierto, que cumplen con el deber. La cinta que se nos propone parece tender hacia cierto positivismo frente al nihilismo.

El francotirador de Clint Eastwood

Estamos seguros de encontrarnos ante una cinta de Clint Eastwood. En este trabajo habita cierta reflexión inherente del mito y la leyenda en la historia sociocultural de Norteamérica – señalamos un desarrollo dramático ciertamente irregular, retratos siempre epidérmicos porque no unilaterales, un relato más que previsible, las subtramas tienden a abandonarse-

A partir del guión escrito por Jason Hall, que a su vez se basa en las memorias del militar norteamericano Christopher Scott Kyle (se hizo famoso por ser  el francotirador más letal norteamericano destinado en Irak), el cineasta encuentra los cauces precisos de una epopeya bélica. Un sentido de la epopeya que se ciñe al recorrido dramático del El francotirador

Por qué no pensar que este es un film que se desarrolla bajo los parámetros del western. El francotirador es sin duda la trama de un cowboy de Texas convertido en un soldado profesional, cuyas hazañas en Irak se desarrollan, en aras del conflicto, bajo la más que ineficaz confrontación entre sucesivos duelos; con un antagonista del lado insurgente, del que prácticamente casi nada sabemos. Dichas hazañas corren paralelas a la visitas que el militar hace al hogar familiar (la patria). En definitiva; nos encontramos ante otra crónica americana más que gira alrededor del estrés postraumático de los veteranos de guerra.

Entorno a dos posibles traumas, el del soldado, el de la Nación, se inicia y también concluye la cinta. Entre esos dos fragmentos y un trayecto central, que ocupa el ecuador de la cinta, pueden perfectamente desglosarse los complejos y poliédricos intereses de la cinta.

En diversos momentos de la misma el protagonista habla de su actividad homicida que justifica con la ética del trabajo y la figura del protector. El acto de matar  y sus efectos morales encuentran aquí justificación, y que la cinta valora como necesidad de poner en primer plano. Cuando nuestro protagonista se ve en la disyuntiva de matar al niño y a su madre al comienzo del film, el disparo va a representar un desplazamiento a su propia infancia, a cuando  teniendo la misma edad que el muchacho en compañía de su progenitor quito la vida a un ciervo. Un posible trauma que planea sobre el relato y que se enuncia en un flashback brusco.

El bloque último, sin duda determinante, discurre sobre las imágenes del funeral del verdadero protagonista real, preñadas estas de tristeza y grisura. La leyenda  se empapa de ambigüedad al evocarse el trauma nacional de su trágica muerte a manos de otro veterano de guerra, ya en el hogar. Una especie de metáfora conjugada acerca del enemigo interior.

Jersey Boys de Clint Eastwood

Existen sin duda; en este trabajo; algún que otro cruce circunstancial que sin quererlo (o proponérselo) dialoga de manera fructífera con la cinta de Martin Scorsese, Uno de los nuestros (solo tenéis que estar muy atentos, inmediatamente lo identificaréis, os suena Tommy de Vito en el film del italoamericano, además en este se citaba a Frankie Valli). Ese diálogo es casi silencioso, perceptible en un tono muy bajo de voz, ausente queda todo guiño metacinematográfico, sin embargo ese sentido audible permanece; la historia de esos chicos, salvo Henry Hill, aspiran a salir de la barriada, lo llegan a conseguir, cómo lo consiguen, este viene a ser el fondo de la cinta que nos ocupa. Ocupémonos en señalar esa doble vía (en el fondo) que la cinta explora a conciencia, las conexiones entre las luchas por el éxito propias del llamado Sueño Americano y la vinculación con la mafia. Esta dimensión engarza perfectamente con el cine del realizador, cuales son las razones de la mitología que sustenta la identidad cultural, social, moral, política (por supuesto) de su país –el triunfo realmente pacta con los códigos del crimen o la mentira, la apariencia esconde amistades peligrosas-.

Si Jersey Boys en un conocido musical de Broadway en manos de Eastwood se aleja de ese concepto. No es un biopic, no es un film de gansters. No nos empeñemos en leer la cinta bajo posibles modelos narrativos reconocibles, el realizador solo echa mano de ellos para sustentar el esqueleto más superficial de su cinta, incluyendo los parlamentos directos dirigidos a la cámara de cada uno de los componentes del grupo (este recurso es resuelto con enérgica fluidez, lo que permite que en un determinado momento salgamos del relato, para más tarde volver al mismo sin solución de continuidad)

Jersey Boys es un film modélico, sobrio, intenso, claro en ideas; pese a sus violentas elipsis que en algún tramo pudieran perjudicarle