Pájaros de verano de Ciro Guerra y Cristina Gallego

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Mucho antes de que nos introduzcamos en un sugerente (inmersivo) relato de tradición oral, donde habitan tantos niveles de realidad como de ficción (precisas pinceladas líricas se van inoculando dentro de esos niveles de ficción); la cinta se inicia con una secuencia de marcado tono antropológico.

A partir de ahí, la historia se estructura en cinco cantos a la manera de una tragedia (puntuado por un solo narrador). En estos cincos cantos trotan dos universos enrevesados apenas reconocibles, que nunca más han de poder reconciliarse: lo innegable y lo épico o mítico, la tradición y la injerencia proveniente del exterior (en este caso una historia sobre los inicios del narcotráfico que huye, en lo posible, de manidos convencionalismos), el sentido de la naturaleza y el progreso inminente.

Esta forma de narrar, articulada a partir de condicionantes que se oponen, y que chocan brutalmente, pero también temporalmente (elípticamente) confluyen, ya están presentes en la filmografía de Ciro Guerra, hasta tal punto que también conforman el presente y el futuro de un universo, cuyo pasado ya viene atravesado por profundas cicatrices.

 

 

 

 

Matar a Jesús de Laura Mora

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Sinopsis: Paula, una joven estudiante de 22 años, presencia el asesinato de su adorado padre, un popular profesor de ciencias políticas de una universidad pública de la ciudad de Medellín. Desde la distancia, logra ver al asesino mientras se aleja a toda velocidad en una motocicleta. Devastados por el dolor tras los hechos, Paula y su familia tendrán que enfrentar la indolencia oficial. Las autoridades no harán ningún esfuerzo por esclarecer lo ocurrido y el caso pronto quedará archivado y suspendido.

La cinta nos propone una serie de impresiones que se derivan de una situación límite. Dichas impresiones pueden ser contrarias. Ambas tienen cabida, en lo que se nos cuenta. Nuestra protagonista siente odio hacia la persona que mató al padre, pero en un momento dado, justo al final, puede extrañamente sentir empatía hacia este. Desde luego algo cambia, en el transcurso de la trama; se va dando lentamente todo un proceso de implicación identificación con el joven asesino. “Entenderemos las motivaciones que le impulsan a la violencia, los condicionantes que determinan su vida y las circunstancias”.

La cinta tiene verdaderos problemas tanto de progresión dramática como de estructura. Estas carencias afectan a la progresión trágica de los personajes (en ocasiones vienen caracterizados por el tópico, en otros casos no están bien desarrollados progresivamente), a los diálogos (más bien explicativos, en ocasiones innecesarios).

2017: Festival de San Sebastián: Premio de la Juventud

2017: Festival de La Habana: Premio Coral Especial del Jurado (Ópera Prima).

Los viajes del viento de Ciro Guerra

Las extrañas coincidencias de ‘Los Viajes del Viento’ con ‘Yolanda de los Vientos’

No resulta fácil catalogar esta producción colombiana de tempo lento y largos planos secuencia –trasmite una sensación errante, libérrima en ocasiones-. Diversos géneros se van superponiendo, construyendo una narración de naturaleza casi mortecina y personajes en el olvido, es en esta tesitura donde lo real –lo documental- y lo onírico –lírico- juegan un papel importante procurando no desviarse de la tradición y las costumbres, con sus aspectos mitológicos -sin querer juegan los distintos niveles de realidad y de ficción-. En definitiva, se nos habla de dos almas, del viaje, de la importancia del viaje, el azar y el destino, resonancias cervantinas, aunque sin la ironía de El Quijote, un rosario de historias que salen al encuentro de los protagonistas, identificándose con el paisaje; buena iluminación por otra parte del fotógrafo Pablo Pérez.

Ignacio Carrillo, un juglar que durante años recorrió caminos, tras la muerte de su esposa, decide emprender un último viaje, devolver un acordeón a su anciano maestro, lo acompañará el joven Fermín que lo hará compañía, al tiempo que desea que Ignacio lo enseñe a tocar.

La mujer del animal de Víctor Gaviria

Los personajes que habitan en el cine de Gaviria están marcados por la pobreza. Sus destinos subordinados por la degradación social y política y por la violencia que afecta a Colombia.

La mujer del animal es una cinta que se basa en un hecho real, que tuvo lugar en los años setenta. Nos habla sin tapujos y con descarnado realismo sobre la violencia que sufren las mujeres, y su indefensión ante el hombre dentro de una cultura machista tolerada. La dominación sobre las mujeres anula su voluntad. La mujer del animal es un retrato sobre el miedo. Una cinta necesaria.

Sin embargo, la mirada de Gaviria es en este caso exhibicionista, explícita hasta el desagrado. Las situaciones desagradables y violentas se suceden y perpetúan y no suponen ningún aporte trágico más allá de lo explícito. Esa continúa repetición de actos violentos se afirman como subrayados llegando incluso a agotar al espectador. La mujer del animal desgraciadamente es un trabajo demostrativo y monótono. Su falta de sutileza se desmarca del melodrama, optando por lo impúdico y en ocasiones por lo manipulador.

2017: Festival de Málaga: mejor dirección y mejor montaje

 

 

 

La eterna noche de las doce lunas de Priscila Padilla

Sinopsis. Doce lunas, un año, fue el tiempo que permaneció encerrada la niña indígena Wayuu, Fila Rosa Uriana. La llegada de su primera menstruación marcó su entrada. En este largo periodo de aislamiento, la pequeña Fili fue sometida a unos rituales indígenas propios de esta cultura. Aprender a ser mujer en su soledad es el gran objetivo de este rito ancestral milenario

Este es un documental donde prima lo lírico. Existe sin duda cierta discordancia entre lo expuesto y lo que vemos (lo visto se contradice aunque este pueda resultar bellamente filmado no correspondiéndose con el texto verbal). Entonces nos interrogamos cuál de las partes adquiere un interés real si uno de los componentes se sobrepone a la tesis primera. He aquí el desfase.

La eterna noche de las doce lunas es una apuesta costumbrista contradictoria, cuyas raíces de partida son incluso manipulables.

La tierra y la sombra de César Augusto Acevedo

Nos encontramos con un film minimalista. Un tanto predecible en su trayecto, quizás. Lo interesante de esta ópera prima radica en el tratamiento. La iluminación se decanta por los contrastes. Desde esos primeros instantes de inicio ya el espectador queda atrapado. La cámara siempre atenta consigue que los personajes queden envueltos en una realidad opresora, carente de futuro.

Sinopsis: Alfonso es un viejo campesino que retorna después de 17 años al hogar que abandonó debido a que su único hijo padece una grave enfermedad. Al llegar a la región descubre que todo lo que alguna vez conoció ya no existe y que su familia está a punto de ser desplazada por una amenaza invisible que recorre los vastos laberintos de la caña de azúcar llenándolo todo con signos de destrucción y muerte. Ante este difícil panorama, Alfonso hará todo lo posible por acercarse a ellos antes de que sea demasiado tarde y luchara por salvar lo poco que queda de su pasado, aunque eso implique sacrificar toda huella de su existencia.

El regreso del padre desde un lugar que desconocemos, tras indeterminados años, desencadena situaciones tensas, propiciadoras de conflictos. Durante el desarrollo de esa especie bifurcación narrativa la lente va configurando un contorno selvático marcado por la pobreza material, y la vulnerabilidad tanto laboral como moral y psíquica de los protagonistas. En ese contexto de pobreza el regreso del padre provoca que esa su imagen simbólica, a partir de la que se desarrolla una representación mental, se venga a agitar hacia un desenlace determinante, así mismo “liberador en cierta medida”.

Los precisos movimientos de la cámara tienden a subvertir y tal vez modificar la concepción global de ese universo. Las habitaciones no son tan chicas entonces, el tiempo trascurre, los personajes adquieren espesor trágico, se aprecian sus relaciones disfuncionales con el resto de los elementos diegéticos que les rodean (y los que son propios de su invención)

Gracias además a esos precisos, y preciados travellings, la cámara va construyendo acercamientos,  también contraplanos y el uso del fuera de campo, a modo de estrategia dramática, espacios de abandono y enfermedad

Esa querencia por el minimalismo contrasta con un posible estallido social, que acontece cuando la madre y la nuera trabajen en la plantación de azúcar fuera del hogar, mientras que el padre cuida del hijo enfermo y el nieto. Esos instantes, no desarrollados en su totalidad, no pertenecen al tronco central de la cinta.

La luz azuza la melancolía, la mezquindad en el amor, los sentimientos y la vitalidad defectuosos, la pobreza de las tierras baldías. Es en esos precisos momentos cuando la crítica social, en ocasiones contenida, estalla como metáfora de la situación social y política de Hispanoamérica (cómo nuestros asfixiados personajes podrán sobrevivir sin ayuda alguna)

2015: Festival de Cannes: Cámara de Oro (Mejor ópera prima)

Alias María de José Luis Rugeles Gracia

El realizador nos hace reflexionar acerca de la supervivencia de las mujeres integradas dentro del corazón de la guerrilla colombiana. Se nos habla, así mismo, cómo son las experiencias sexuales a que son sometidas las mismas dentro de un clima marcado por la violencia

Alias María es una cinta naturalista, que evita todo tipo de efectismos melodramáticos (nunca cae en manidos discursos sobre los niños soldados, por ejemplo), procurando privilegiar la narración omnisciente. La intensidad, sin embargo, es variable. La cinta acusa estar excesivamente determinada por los giros de guión.

Sinopsis. Es el año 2002, el presidente de Colombia decreta el fin de la zona de despeje concedido a la guerrilla donde se estaban llevando a cabo los diálogos de paz. A partir de este momento el ejército, acompañado de su brazo armado ilegal que son las AUC (Autodefensas unidas de Colombia) un grupo paramilitar, retoman a sangre y fuego estos cuarenta y dos mil kilómetros cuadrados del territorio. Replegando nuevamente a las guerrillas hacia el interior de la selva.  Dentro de estos 26.500 combatientes 11.000 son niños.

MARÍA, una niña guerrillera de 13 años, oculta un gran secreto: Está embarazada. Fiel a la doctrina de que en la guerrilla está prohibido tener hijos, tiene el dilema de “sacárcelo”. Lo que no se imagina, es que el comandante de la compañía le va a encargar la misión de que, junto a su pareja, MAURICIO de 21 años, y 2 jóvenes combatientes, David de 12 y Byron de 17, carguen a su hijo recién nacido a través de la selva, para entregárselo a una familia en un pueblo cercano.

A la compañera del comandante le han permitido dar a luz, algo que enfrenta a María al dilema de tener que proteger el bebé del comandante mientras el suyo crece oculto en su vientre.

A partir de este momento María debe usar su sentido femenino, no sólo para que el bebé no muera, sino para evitar que llore y los delate poniéndolos en peligro en plena zona de conflicto. Así es como comienza a experimentar una transformación que la va aferrando al bebé como si fuera suyo.

Pero todo cambia cuando en un ataque inesperado de los paramilitares uno de ellos cae herido. Para salvar la vida del compañero, tienen que dejar abandonado el bebé en un rancho campesino. Esa separación comienza a gestar en María la idea de una fuga. Idea que lleva a cabo cuando Mauricio descubre que está embarazada y le sentencia que no puede tener ese bebé.
María en su intento de fuga ve la cruda realidad del conflicto armado en Colombia: Campesinos que han perdido a sus hijos, pueblos devastados por masacres y niños que intentan tener una infancia normal sabiendo que van a terminar reclutados por algunos de los bandos que intentan quedarse con el territorio. Con escasos 13 años de edad, María descubrirá que ese instinto maternal que ha nacido en ella, le dará las fuerzas para escapar y buscar un futuro para ella y su hijo.