Apolo 11 de Todd Miller

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Se cumplen estos días cincuenta años de la llegada del hombre a la luna. Aquella odisea es hoy del todo conocida, sin embargo el documentalista consigue reconstruir aquel acontecimiento como si se tratase de un relato en tiempo presente. Consigue, y no es fácil, que el espectador consiga involucrarse, al tiempo emocionarse y siga aquella misión tan lejana, como si se tratase de un acontecimiento, que se vive de manera inmediata.

Gracias a un preciso montaje (nos encontramos con una experiencia inmersiva única de imagen y sonido) la narración se articula desde distintos y múltiples puntos de vista (técnicos de la Nasa, astronautas, el público que sigue la misión con habido interés). También la pantalla se fracciona para obtener numerosas perspectivas. Se evita, por ejemplo, todo tipo de entrevistas, además de un narrador en off.

El documentalista se ha valido de imágenes en archivo reconocibles, pero también de material nunca antes visto aportado por la Nasa, material rodado por los propios astronautas en el interior de la nave (16mm), material grabado en video desde las propias cámaras incorporadas en la nave y otras grabaciones diversas. Todas esas imágenes han sido convertidas a un formato de 4 K y cinescopadas finalmente en 70 mm (tenemos la sensación de verlas por primera vez, como si estuvieran siendo capturadas en este preciso momento). Ayuda además todo tipo de grabaciones sonoras, que han sido minuciosamente incorporadas.

2019: Festival de Sundance: Premio Especial del Jurado – Documental

Red´s Dream de John Lasseter

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Una noche de lluvia, una calle cualquiera, una ciudad que existe, no importa su nombre, una cámara se centra en una tienda de bicicletas, traspasa el ventanal, no deja de sonar una balada triste de jazz, busca en el último rincón, un monociclo sueña, no deja de soñar, trabajar con un payaso en un circo –un número nunca visto-, demostrar para lo que sirve, o fue hace tiempo cuando tuvo su minuto, el ayer.

Pieza de animación crepuscular. Reseñable la humanización de los objetos, buscando la expresividad, y la perfecta sincronía entre los movimientos de las figuras –siempre suaves- y e l sonido.

El hijo de David Yarovesky

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La historia podría pasar por ser el reverso tenebroso de los orígenes de Superman.

El resultado es un film errático, además previsible, incluso reiterativo, que intenta encontrar un espacio propio, conjuntando diversos géneros. Los indicios malsanos se van desvaneciendo y la acumulación de sobresaltos se convierte en su enseña.

La (des) educación de Cameron Post de Desiree Akhavan

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Correcta y bien intencionada producción independiente, que no oculta una clara voluntad de denuncia, acerca de la identidad sexual y la castración llevada a cabo por una institución religiosa, que trata de corregir toda homosexualidad, como si esta fuera una enfermedad.

La cinta cumple los requisitos de producción de todo cine americano independiente. Descansa su planteamiento en la capacidad de superación del individuo frente a circunstancias adversas, desde un, más que dudoso, posicionamiento lírico.

Film ausente de personalidad y profundidad, incluso a tramos previsible, desequilibrado en su totalidad a la hora de conjuntar tonos ligeros, tonos melodramáticos.

2018: Festival de Valladolid – Seminci: Espiga de Plata

Toy Story 4 de Josh Cooley

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Los espectadores pensaban que la saga animada había concluido, con aquella buena entrega que se cerraba de manera idónea, conmovedora. Pero todo parece indicar que aún se podía contar una nueva aventura.

Esta cuarta entrega sigue constituyéndose como una perfecta combinación de aventura, emociones y enredos miles, chispeante humor, y que incluso es capaz de presentarnos nuevos y ricos personajes, ampliando el abanico de posibilidades (y dobles lecturas), sin olvidarse de una trabajada carga temática y un cierto halo emotivo, al tiempo trágico y oscuro, más bien terrorífico, y que habla de la marginación, la muerte, los conflictos existenciales y la obsolescencia, la necesidad de libertad, del incierto futuro (la utilidad y la inutilidad) y de la fatalidad…

Formalmente viene a ser impecable (asombrosa visualidad llena de sutilezas y detalles, trabajada y preciosista iluminación, querencia por el volumen, los colores y las trabajadas texturas, la precisión de los movimientos de cámara, el buen uso de la profundidad de campo).

 

Los muertos no mueren de Jim Jarmusch

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Los sin espíritu peregrinan por la eternidad sin un rumbo fijo. Solo queda el apocalipsis. Se trata de la norteamérica de nuestros tiempos, he aquí la metáfora. La sociedad capitalista se ha metamorfoseado y los seres humanos han perdido su condición, son solo muertos vivientes (zombies). Solo queda destrucción. Los deseos y los sueños se han quebrantado definitivamente. Nada nuevo bajo el sol, nos dice, en este film,  el realizador.

Por otro lado, este trabajo parece tender hacia la autoreflexión acerca del género. En esta ocasión parece existir “un deseo de despojarlo de esencias y condicionantes”, cuando realmente solo se acumulan miles de guiños o clichés de carácter cinéfilo, filosófico y literario, aderezados de chistes sobre los propios caracteres concernientes de la ficción. Tampoco su carácter, pretendidamente coral, funciona, porque las subtramas (episódicas) y los personajes apenas son atractivos.

Deadwood de Daniel Minahan

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Posibilidades de un retorno, donde todo está por volver a comenzar. Esta es, sin duda, la conclusión a la que se llega tras ver este largo episodio de dos horas, aproximadamente, que supone el cierre de una serie.

Algo más de una década ha trascurrido. Algunas subtramas quedaron abiertas en su tiempo. El realizador, ahora, recupera a los personajes, los trazos estilísticos, y la capacidad subtextual de aquella serie (aquellas preciadas conexiones que existían entre la ficción y la Historia, por ejemplo).

La lucha de intereses, los conflictos, la confrontación, las nuevas traiciones son parte del condimento de un trabajo continuista, al tiempo repetitivo, cuya matriz se encuentra en el entendimiento de la propia serie, de la que se parte. Una cinta de planteamientos crepusculares, nuevamente preñada de desencanto.