La balada de Buster Scruggs de Joel Coen, Ethan Coen

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Habita una característica común, en este trabajo,  estructurado por episodios o capítulos. Los personajes se enfrentan a la posibilidad de morir, pero de una u otra forma lo paradójico o lo azaroso interviene en un sentido u en otro.

También el azar, de una u otra manera, determina el fracaso de sus propósitos, bien por las intervenciones de otros, bien por sus equívocos. Si consiguen lo que se proponen puede ser a costa de los otros.

Las perversidades retuercen hasta el extremo las realidades. También los personajes parecen dominar la realidad, pero por el contrario pueden ser vulnerables a esta o ser meros dependientes de los demás. La impunidad puede ser sustituida. El que se siente impune, inmaculado, es sustituido.

Otra de las características habita en como lo burlesco se confronta con la gravedad, lo siniestro, incluso lo melancólico. La belleza y la elocuencia son sustituidas por la ganancia fácil. El mercantilismo sustituye al arte.

La fatalidad, no siempre ha de tomarse como conclusión última. Los imprevistos impregnados de ironía, también las contrariedades de la vida pueden evitar lo codicioso, lo acechante, lo siniestro.

Hay caminos serpenteantes. Los llamados propósitos pueden variar su destino determinado por los trastornos, que pueden empañar las posibilidades de alcanzar los logros. La certeza como dificultad. Los imprevistos acechan.

Lo burlesco puede estar teñido de tenebrismo. El retorcimiento del universo de los vivos contrasta con el desprejuiciado universo del más allá.

Lo burlesco, lo patético, la desesperanza, el nihilismo, lo cínico, lo extrañamente poético, el sentido del absurdo, la vinculación visual y narrativa con la viñeta y el cartoon están presentes en este trabajo. Una mirada cínica que se integra perfectamente con cierto revisionismo de los códigos del género. Una mirada que reordena los principios del género.

2018: Festival de Venecia: Mejor guión

 

 

 

 

 

NO ES PAIS PARA VIEJOS de Ethan y Joel Coen

Fue quizás el viejo maestro Ford, quien habló a través de aquel personaje, que interpretó John Wayne en Fort Apache,  cuando dijo quedémonos con la leyenda, por supuesto con sus mitos como forma de vida asumida y reducción de la realidad, la cual dormita en la trastienda de la historia, dejando sin querer una rendija para la relectura de los acontecimientos, tamizando el drama, más bien su incruenta tragedia en un espacio crepuscular de luces y sombras. Sin renegar, este axioma último se reinventa, depurando al máximo la narrativa, los de unos personajes descritos con un solo trazo sin juicios morales, a priori, varados por espacios abiertos fantasmagóricos, a su vez limitados por una frontera sin contenido, abstracta, donde los vemos deambular como espectros, hacia ninguna parte, puede que a su destino: la muerte. Y es intrínsecamente en ese territorio sin definir donde no queda sitio para la vida, sino para el azar y el desencuentro (como volver a paladear cortantes diálogos como cuchillos, los que hicieron grande al Western, cuyos valores explosionan como una relectura de este tiempo cínico y violento de exterminio, inabarcable y caótico al tiempo enigmático y surreal; resignado a fin de cuentas). Y en paralelo acontecen las acciones, un tanto esquemáticas, qué más da, contrapunteadas por la existencia de un personaje cansado, el Sheriff (sobria interpretación de Tommy Lee Jones), testigo pasivo del enfrentamiento entre dos hombres sin definición, ni motivaciones, etéreos como fantasmas que no existen: un aventurero amoral (buen trabajo de Josh Brolin), y su ángel exterminador abrupto, imprevisible, sin identidad (inmejorable aportación de Javier Bardem).

Esta es en esencia la novela “Country for old men” de Cormac Mccarthy, que bajo la mirada de los hermanos Coen, se ha trasformado en un extraño Western (Thriller) elíptico.

¡Ave, César! de Joel Coen, Ethan Coen

No busquemos en la última propuesta de los Coen un argumento bien hilvanado, tan solo una sucesión de brillantes secuencias que vienen a juntarse alrededor de una venial trama argumental

El trayecto de la cinta deambula sin rumbo de un lado a otro. Es un film sin aristas, sin apenas ironía mordaz. La mala uva se ausenta. Una comedia blanca que adula al Hollywood clásico. El secuestro de un actor en plena filmación de una superproducción es la excusa para una sucesión de concisas, al tiempo agradables sucesiones de recreaciones de rodajes cinematográficos…..