Un blanco, blanco día de Hlynur Palmason

UN BLANCO, BLANCO DÍA - D'A

Se parte de una premisa reconocible; la desaparición del ser amado. Este detonante permite rastrear la grisura y el dolor de la pérdida, la incomunicabilidad de las relaciones, pero es el propio helado universo nórdico el fiel reflejo del alma torturada. Desde ahí va edificándose la narración. Una narración que nos habla del duelo, de la necesidad del consuelo, el de nuestro protagonista.

La muerte, a partir del fatídico accidente introductorio, convivirá por siempre con la vida y la determinará, también, debemos entender, que el día a día rutinario permite vincular esa falta y esa ausencia terrible y sangrante con el seguir vivo. De ahí que vaya multiplicándose el destructivo comportamiento de nuestro protagonista, frente al duelo.

El director atentamente se detiene ante una mirada que tiende a inmovilizar o retener el recuerdo, en su intento de reconstrucción, determinado siempre a navegar en este. Sin embargo, lo que va emergiendo lleva a nuestro protagonista hacia una progresión de determinaciones que hacen mutar el film desde una tragedia de índole familiar, un tanto distante, hacia el thriller psicológico, un tanto desabrido, sin abandonar sus extraños destellos, su sentido congruente plenamente devastador y a la vez nostálgico y fantasmagórico de rencuentro último.

Nota adicional: Rodada en 35mm, la película vuelve a lo analógico: a las guías en papel, a la fotografía revelada… y a las texturas de un celuloide que permite a Palmason filmar el paisaje en todo su esplendor. Quizá por eso, sus secuencias más sugerentes son aquellas en las que el protagonista intenta evadirse jugando a fútbol, mientras la cámara le sigue en un travelling lateral y de fondo se observa el río, la montaña y el cielo; inmutables ante las tribulaciones del ser humano (Violeta Kovacsics, Caimán cuadernos de cine, Mayo 2019 Cannes)

 

 

The Juniper Tree de Nietzchka Keene

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Más que sugerente, ensoñadora  adaptación del cuento escrito por los hermanos Grimm, El árbol del enebro.

La directora respeta escrupulosamente el espíritu del texto, al tiempo que hace mudar las motivaciones de los personajes, y su definición, así como la estructura lineal de la narración oral, potenciando su hábil juego de ensueños, evocaciones, interludios líricos…

La iluminación en blanco y negro rememora el cine de Bergman, pero nunca tiene su genio y profundidad psicológica, en el tratamiento protagónico de las dos hermanas. A pesar de todo se trata de un trabajo sumamente brillante a tener en cuenta, pues subraya los aspectos ya mencionados en el párrafo anterior, al que se añade una querencia por lo misterioso, que se expresa a través de las acciones de los personajes, pero también en la forma en que el film es filmado

La cinta se edifica en tres actos evitando giros argumentales broncos. Con escrupulosa sencillez y fluidez logra pasar con naturalidad del tiempo presente a escenas de carácter onírico, tan solo quebrantadas por ciertas incursiones de crueldad.

La cinta deja claramente un mensaje feminista, pues haya en la brujería la materia prima fundamental para denunciar, sin discursos transitados, la misoginia atávica, el miedo de la mujer y los vínculos existentes entre hijas, hermanas y madres.

Lo profundamente poético y lo violento estaban ya presentes en el cuento escrito por los hermanos Grimm, pero ese lirismo y esa violencia también se encuentra en esos versos del poema escrito por TS Elliot que abre la cinta; Miércoles de Ceniza.

La mujer de la montaña de Benedikt Erlingsson

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En algunas películas islandesas se refuerza la idea de las relaciones (vínculos) existentes  entre el hombre y la naturaleza (en este caso la protección de la misma frente a la barbarie). Esta cinta recoge esta idea. Erlingsson entreteje adecuadamente lo que la cinta nos propone como mensaje social, crítico con el sistema, demasiado obvio (tendiendo al subrayado); con ciertos registros de niveles fantasiosos (la intervención folklórica presencial de músicos que puntean el estado de ánimo de la protagonista).

Desde el inicio el director busca la complicidad emocional con el espectador, y aunque sabe manejar bien los tiempos del relato, algunas de sus decisiones y giros narrativos son demasiado evidentes (no suponiendo además una correcta exploración de los mismos), forzando su verosimilitud y subrayando en exceso su más que cargado mensaje social, que va desgastando el interés de la platea  (la idea redundante del doble como motivo constitutivo, la idea de ser madre y sus dilemas con la adopción deseada quedan en el aire, la idea de conciliar la militancia y la maternidad no terminan de constituirse como reflexión moral). La cinta concluye de manera complaciente.

2018: Festival de Valladolid – Seminci: Mejor actriz (Geirharðsdóttir)

2018: Festival de Sevilla: Premio del Público

Ártico de Joe Penna

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Este es un trabajo que se adhiere perfectamente a los cánones del cine de supervivencia más austero y clásico. En Ártico importa el instante, el ahora (su puesta en escena invisible), los detalles y los gestos no impostados, el fluir naturalista de la acción, siempre evitando toda manipulación de montaje, banda sonora, detalles de dirección grandilocuentes, imposición forzada del melodrama (apenas sabemos nada del pasado de nuestro protagonista).

Under the tree de Hafsteinn Gunnar Sigurðsson

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Sinopsis: Un hombre es acusado de adulterio por su prometida y obligado a trasladarse a casa de sus padres. Mientras lucha por la custodia de su hija de cuatro años, se ve progresivamente introducido en una disputa entre sus progenitores y sus vecinos a propósito de un viejo y hermoso árbol.

La cinta descansa en un rosario de agravios y chanzas entre contendientes. Una truculenta sucesión de golpes bajos que pretenden arrebatarnos una sonrisa. Desde luego, esa sucesión de brutalidades no sostienen ninguna dramaturgia, ni se profundiza finalmente en la psicología de unos extremistas personajes estereotipados. Una cinta más sobre conflictos de convivencia, tan superficial como previsible.

Heartstone de Guðmundur Arnar Guðmundsson

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La vida adolescente es descontrolada. En la vida adolescente nunca existe el término medio. Las pulsiones, los torbellinos, los descubrimientos, la arrebatada naturaleza. La inocencia se fractura definitivamente. Esta cinta es un fluir constante en ese sentido (el tratamiento es casi epidérmico evitando todo exceso). Precisamente es capaz el realizador de trasmitirnos toda vulnerabilidad, pero al mismo tiempo toda violencia. El film es incómodo por tanto, porque nos enfrenta directamente con una realidad.

101 Reikiavik de Baltasar Kormákur

Nos encontramos con una comedia ligera de enredos, que nos habla de la identidad sexual. Su intencionalidad es clara desde el inicio; intentar romper con todo tipo de tabúes. El director lo consigue gracias, no solo, a un interesante subjetivo planteamiento formal, sino que desde el punto de vista narrativo, la cinta cuestiona y pone en duda convenciones éticas y morales, a través de la cotidianidad de las situaciones planteadas.

Adaptación de una conocida novela escrita por Hallgrímur Helgason

2000: Festival de Toronto: Premio Discovery

2000: Festival de Locarno: Nominado al Leopardo de Oro. Premio del Jurado Joven