Certain Women de Kelly Reichardt

Finalmente nada cambia. Las cosas permanecen inalterables. Estas constantes irresolubles afectan a todos y cada uno de los personajes y sus historias (apreciamos tantos recovecos, tantos detalles en cada una de las narraciones). Si existiese una posibilidad por pequeña que esta fuese de cambio, nunca termina produciéndose.

La cinta se compone de tres historias presentadas de forma alternativa. Se suceden de forman lineal. Cada una de estas está dedicada a la vida de una mujer. El episodio último funciona a modo de epílogo (en este se da a conocer el estado concreto de cada una de las protagonistas tras ese acontecimiento vivido). Lo que ocurre en cada uno de esos acontecimientos proviene de la cotidianidad. Los personajes viven o intentan vivir de la mejor de las maneras posibles. Las jornadas cotidianas son triviales. Nuestras protagonistas luchan en un mundo lleno de perjuicios. El machismo sigue latente. Las discriminaciones de todo signo que sufren las mujeres son constantes que se repiten y perpetúan en las tres historias. En este trabajo, además, se nos habla de la idea de intentar conectar y comunicarse con los demás tratando de evitar la soledad y también del amor cuando este se apaga.

Alberto Sáez Villarino en su crónica definitiva publicada en la revista digital El antepenúltimo mohicano argumenta la siguiente conclusión, que ahora anoto a pie de la letra “Certain Women se presenta como una pieza de gran complejidad sintáctica, donde la estética se fundamenta en el uso magistral del lenguaje y los recursos estilísticos, rítmicos y eufónicos, constituyendo el andamiaje del contenido semántico y conceptual de una obra que certifica la evolución autoral de una directora obstinada en dejar una huella indeleble en nuestra memoria”.

 

 

Meek’s Cutoff de Kelly Reichardt

Volver a los orígenes, a los pioneros, a las fuentes primigenias – como base narrativa, los diarios escritos por algunas mujeres que vivieron aquellos episodios de la conquista del oeste, en concreto ese episodio Caravana de Oregón hacia 1845- a esa realidad física, escenográfica, también lingüística de aquel tiempo, a la rutina cotidiana del día a día –encender el fuego, tomar café, acampar durante la noche-, depurando las imágenes de toda posibilidad épica – utiliza el formato 1:1,33 permitiendo ceñirse al instante escapando de todo romanticismo, si hubiera optado por un formato alargado, conseguiría previsibilidad, anticipación, la realizadora quiere evitar esa intención-, para adentrarnos en una narración que no gusta de la tradición aristotélica –no existe un comienzo, no existe un desenlace- siempre centrada en ese grupo de mujeres.

Tantas veces nos recuerda a aquellos encuadres pictóricos de Ford – la importancia de la luz gracias al trabajo de Chris Blauvelt, en el desierto la noche es tan profunda, que cada mañana necesita una explosión de luz-, por otro sus movimientos de cámara adquieren una extraña pureza, y la confección de los planos es en sí una mirada auténtica, que nos atrapa, penetrando

Western minimalista que abre nuevas posibilidades al género; como viene a argumentar Vicent Malausa; la belleza de esta insólita película permanece suspendida en un frágil equilibrio de extrañeza y de clasicismo

Wendy and Lucy de Kelly Reichardt

Wendy y su perra Lucy son en el fondo una dualidad inseparable, pero el azar contribuye a separarlas – o las imposiciones-, quedando la ausencia del animal como punto clave de la trama, más bien de la desdicha, hasta un reencuentro, donde la imposibilidad es tan solo un paréntesis- no pretendemos de ninguna manera narrar el desenlace de la misma- , si queremos continuar el camino, es decir esa situación dolorosa si se quiere llegar a su destino (Alaska).

Al mismo tiempo existe otra dualidad, que está contenida dentro de la anterior, como una muñeca rusa, con un vinculo que viene atarse o su contrario, confrontando las circunstancias de la comunicación con lo emotivo, sabiendo o teniendo en cuenta que además existen razones que están fuera de todo sentido de la lógica, por lo tanto la intimidad se abre paso frente al establecimiento de posiciones psicológicas un tanto preestablecidas.

Es cierto que esa inadaptación situada en espacios periféricos, extraterritoriales, como fantasmas (las vías muertas del tren, el bosque, los trenes que echan a andar desocupados), son en realidad lugares en fuga, como personajes consustanciales, testigos de la propia vida errante de Wendy – no se nos aclara en ningún momento, algún pequeño matiz sin interés, cuales son las razones de esa huida, de ese viaje a Alaska, sin embargo nunca se pierde la dignidad-, de su soledad, pero distanciándose de un sentimiento épico, exento de melancolía, por lo tanto es no solo la soledad, sino el cuerpo (el de los actores) siempre en movimiento (perfectas elipsis inscritas en el relato) el que viene a adjetivarse siendo materia de la puesta en escena, de ahí es más importante el gesto que la palabra; el rostro, el sufrimiento de Wendy (importancia primeros planos, planos detalle, incluso la filmación de los objetos), que deviene de la decrepitud moral, de la decadencia norteamericana de los tiempos de Bush, infiltrada en las actitudes cotidianas, que vienen a generar imposibilidad, al borde del precipicio

Night Moves de Kelly Reichardt

El viaje, un trayecto, quien comenzó la aventura no es el mismo quien llega, algo definitivamente ha cambiado. El individuo, el propósito que le inspira a iniciarlo, las dificultades que surgen dentro del camino, el objetivo que se vislumbra al final del trayecto. En los universos narrados por la realizadora no existen caminos rectos, no hay atajos, no hay lugar para los héroes, la complejidad del viaje habita en los márgenes. En el cine de la realizadora no existe la linealidad. Su cine es estático, en su cine habita las sinuosidades, lo retrocesos; podemos llegar a perdernos.

La américa rural como símbolo de una geografía sin un centro, en medio de ninguna parte, a medio camino de todas. En estas geografías solo valen los relatos vacilantes, la excepcionalidad, lo que viene a ser anónimo, lo extraoficial. Dichos relatos insuflan ambigüedad, también desequilibrio, por qué no desestructuración. También la realizadora es capaz de cuestionarlos

En Night Moves existe una acción y efecto de revertir el propio sistema contra las estructuras. Un Thriller, como es este el caso, comienza negando el suspense como forma de negar las identificaciones de los personajes –los géneros se trastocan; son espacios de incertidumbres, suficientemente abiertos, exigen un espectador no acomodado-. El tempo fluye lentamente, envuelto en la noche, las siluetas del mal y el bien se confunden. El espectador se siente desubicado, los activistas no muestran sus emociones, son indiferentes, también inseguros.

A la realizadora no le interesa que el espectador este ligado al relato mediante su intriga. El desarrollo de la intriga altera nuestras expectativas hasta el punto de negarnos el clímax, que solo oiremos de manera lejana en el fuera de campo. Los hechos solo tienen lugar a media película, tras ellos sigue la incertidumbre, la problemática. La realizadora elige el momento posterior y no los instantes en el que se ejecuta el delito –evita que podamos empatizar-. Opta por mostrar las consecuencias y el regreso a una vida cotidiana donde nada ha podido cambiar, salvo el remordimiento de una acción que ha sido ejecutada con la conciencia por delante de la necesaria consciencia.

En Night Moves se nos restringe la información, nada sabemos del pasado de los personajes, apenas estos hablan para expresarse, se nos impide una y otra vez analizarlos, podemos instintivamente adivinar la turbulencia que anida en sus sentimientos, pero no podemos calificarlos. Es el espectador quien rellena esos huecos

Night Moves es una narración anticlímax, ambigua, oscura y desasosegante. El final del relato viene a ser una fábula sobre la pérdida del paraíso. Solo en el surgen las interrogaciones, los conflictos, los miedos y las incertidumbres de una generación enfrentada con ella misma –la directora lanza una idea crítica contra la llamada ambivalencia de los ataques hacia el sistema desde dentro, desde la intrínseca obediencia de las normas-