Luis Buñuel, Novela de Max Aub

 A Juanjo y Ana con amor

Sobre Buñuel existen numerosos estudios publicados. Su sombra bibliográfica como su cine es alargada.

Luis Buñuel, Novela de Max Aub ha aparecido recientemente en nuestras librerías, editado por Cuadernos de Vigía. Fue el único libro que despertó verdadero interés en el realizador  aragonés. Un más que ambicioso proyecto de Max Aub que queda inconcluso. Aub moriría en 1972. El ensayo arranca en 1967.

Dispongámonos, si es posible, analizar; este suculento ensayo.

Desde luego sin trampa ni cartón conocíamos ya una parte de los diálogos que ambos, cineasta y novelista establecieron, editada convenientemente en 1985 por Ediciones Aguilar con el título Conversaciones con Buñuel. El material que ahora se ha recuperado con extremado cariño –además de tener en cuenta aquellas conversaciones-, gracias a la esmerada labor de Carmen Peire, es significativamente diverso. Se trata de seguir, en cierta manera, una aproximación del esquema ideado por Aub, como base y como guía para su volumen. Un esfuerzo por entender la selección y ordenamiento mayúsculo del material procedente de aquella procelosa, al tiempo honda, investigación –sinceramente se nos dice que el volumen resultante es tan solo una aproximación de lo que Aub hubiera querido, recordemos que este falleció antes de culminarlo-

Se va construyendo; en el presente volumen; un diverso, al tiempo cambiante trabajo compuesto de partes de diversa naturaleza, al que se intenta dar una cierta coherencia. Nos encontramos, desde luego, con aquellas largas conversaciones con Buñuel intercaladas en diversos bloques (las conversaciones también están alojadas en un DVD y responden a los mismos criterios) que conviven con fragmentos biográficos, sucesivas pinceladas de orden temático (Buñuel y la política, Buñuel y el cine, Buñuel y la religión, por ejemplo), ensayos acerca de la vanguardias y la relación de Buñuel con las mismas. Coexisten las fabulaciones con algún que otro análisis sobre la obra del realizador –en estos últimos, en ocasiones; Aub se desenvuelve con alguna que otra dificultad, sus juicios probablemente han siso arrasados por el tiempo-

El resultado es una especie de Novela Vanguardista incatalogable, que no desdeña las vetas  del ensayo. Un sabio y apasionante ejercicio literario escrito por un genio de las letras, cuya capacidad narrativa preña  los diversos materiales, con un clarividente posicionamiento, establecer con el realizador una sugerente relación, la de un creador con su criatura.

Luis Buñuel, Novela esta hermosamente escrita, tiene un lenguaje seco, siempre es punzante. Es también la historia laberíntica de un siglo –de la triste España además-, del arte, de la cultura, de los creadores, de los combates contra la barbarie, todo ello sin renunciar a radiografiar a Luis, a documentarlo, a fabularlo……

Tristana de Luis Buñuel

Todo el espíritu literario de Galdos está contenido en esta cinta de Buñuel, este último; además; supo llevarlo libremente a su propio universo.

Existen cruciales cambios con respecto a la novela original. Tristana; la novela; tiene una estructura epistolar que responde a criterios y propósitos diversos. Narrador y cineasta resuelven cuestiones completamente diferentes –Tristana; a todas luces; es una novela un tanto endeble-. Buñuel, sin embargo, construye un film maravilloso, muy completo y diverso, y redime además el drama original –Buñuel es un creador nada ajeno al mundo galdosiano-. Ciertas cuestiones abordadas resuenan armónicas, es cierto, preñadas en estos dos universos aparentemente alejados –el literario y el cinematográfico-. Los personajes propuestos por el escritor; son desde luego y sin lugar a dudas, un excelente retrato de ese ambiente familiar en el que se vino criar también Don Luis. Este ambiente cotidiano sirve de punto de inicio para elaborar la historia. Buñuel lo representa de manera natural; con lucrativa economía artística.

A Buñuel le encantaba la cuestión narrativa acerca de la mutilación de la pierna de Tristana, su principal motivo. Encuentra rápidamente una vivencia que pueda establecerse cómo resonancia. Este súbito interés lo encuentra en el famoso Milagro de Calanda; que tan sospechoso fervor suscitaba en él. Dicha vivencia descansa en la leyenda; se dice que de aquella madera de la que estaba fabricada la muleta se habían confeccionado dos pares de palillos para tocar los tambores en Viernes Santo –aquellos palillos fueron adquiridos por un antepasado directo de Luis Buñuel-. Los tambores se tocaban teniendo en cuenta el estruendo y el terremoto que siguió a la muerte de cristo, en la cinta el sonido de los tambores y la utilización de la propia madera sirve de exorcismo a la espera de la resurrección de la carne – la pierna ortopédica es la verdadera protagonista de la cinta, ver escena final del Balcón-.

Otra vivencia buñueliana agita nuestra mente; quien haya hecho los ejercicios espirituales con los jesuitas está más que impresionado con el dogma de la resurrección de la carne, por pura comprensión se produce una mezcla explosiva que enlaza muerte y erotismo (ver de escena final del balcón). Por otro lado, en la biografía de Buñuel se cita también una experiencia autobiográfica que cumple deseos no consumados. El deseo de Buñuel por unas prostitutas cojas a las que les faltaba una pierna. A Buñuel esto le fascinaba, a las prostitutas parisienses nunca les faltaba clientela. A Tristana nunca le faltará clientela.

Podemos hacer también una lectura histórica política. Las acciones nucleares de la trama tienen lugar en 1929 (caída dictadura Primo de Rivera), 1931 (proclamación de la República), 1933, 1935 (bienio negro). Ejemplo; la escena de la manifestación está ubicada inmediatamente después de que Tristana haya sido desflorada y de que la guardia civil mate a tiros a un perro que esta rabioso. En dicha escena se ha querido ver una especie de apología de la idea Krausista; España de la rabia y de la idea. Idea mutilada finalmente durante la República, cuando la misma cae en manos de una burguesía acomodada, que al igual que Don Lope está sumergida en contradicciones. Otro ejemplo, Saturno es un proletario sin voz.

Es verdad; también, que el emplazamiento espacio temporal de la cinta puede circunscribirse a un orden autobiográfico. Toledo es la ciudad, el motivo deseado por Buñuel para realizar su película -Toledo de su juventud, el tiempo querido de aquellas excursiones durante los tiempos de La Residencia de Estudiantes-. He aquí el segundo motivo de importancia que rescata de esos tiempos juveniles (y juegos surreales) que se desvían de los real. Ejemplo, crucial es la escena del beso de Tristana al sepulcro del cardenal Tavera; Berruguete el escultor lo representó en plena putrefacción. De nuevo concretamos, durante el beso; esa idea de atracción repulsión por la carne en su mezcla de erotismo y muerte. Otro ejemplo, la escena onírica de los sueños de Tristana viendo la cabeza de Don Lope degollada bajo la campana a modo de badajo, alude a una leyenda toledana en tiempos de los árabes que dice; qué al tomar la ciudad utilizaron ese cometido con las cabezas de los cristianos

El empleo de la luz y el color dan a Toledo un aire otoñal, arcaico, al tiempo decadente (predilección por los colores pardos y oxidados, abundantes negros y toques mortecinos medievales). Habita cierta familiaridad del realizador por los objetos pequeños, cotidianos de la infancia

Estudio: Buñuel;un cineasta español prácticamente desconocido

 

Mi último suspiro. Un gran enigma. Un reto. Un viejo sofisma filosófico sin resolver. Supongo, que cualquier premisa resulta tangible para definir, con merecidas mayúsculas, a uno de los más universales directores de la Historia del Cine, injustamente tratado en su propio país, quizá porque no hemos conseguido de manera alguna analizar, por un momento, su figura; ni tan siquiera su filmografía (Buñuel fue nuestro primer Oscar). Por eso, hoy, continúa resultándonos un extranjero, un exiliado republicano o un anarquista demasiado vulgar -desde el punto de vista ideológico y estético-, que “odiaba conceptualmente” principios tan universales, tomados desde la religión, la lucha de clases, la pobreza o la burguesía (Soy ateo gracias a Dios). Sin embargo, el propio cineasta consciente de esto, siempre supo que su mirada cinematográfica jamás sería objeto de comprensión por parte de sus paisanos; y así, plenamente, lo supo corroborar en innumerables entrevistas. Qué error tan lamentable, una marginal lectura, por nuestra parte. De esta manera y atendiendo a una perspectiva temática, nos enfrentamos ante el realizador más genuinamente español.

Luis Buñuel supone -técnicamente hablando-, el final de un largo hilo conductor, que parte, en su origen, del Barroco y culmina con Valle Inclán. Es decir, una línea espiral, profundamente imaginativa, que se inicia con el género literario picaresco -cuyo máximo baluarte fue sin duda alguna Francisco Quevedo-, extendiéndose a continuación, sin parangones, con la obra pictórica de Velázquez, para proseguir con la última etapa de Goya (La etapa negra o Quinta del Sordo) y concluye, por ejemplo, con el esperpento ante un espejo cóncavo, donde se reflejan Las Luces de Bohemia. Cualquier cinta de Buñuel refleja, indudablemente, estas constantes vitales (resulta interesante, por ejemplo, que el realizador aragonés siempre habló por digresiones, como el Lazarillo y el Buscón Don Pablos, captando, no sólo la esencia de la Novela Picaresca Española, en general, sino la tradición cervantina, en particular, encarnada en Don Quijote, como acepción de la Literatura Universal). Por tanto, su filmografía recoge por inercia (incluso su etapa mexicana, donde interrelacionó lo genuinamente hispánico, las novelas de folletín, y el barroquismo lírico. Así nace El Bruto) ejemplos palpables, que resultan claves (por su vital importancia) o esenciales y nos invitan, inexorablemente, a comprender temáticamente su cine: El concepto de composición velazqueño de “Los Borrachos” queda reflejado, ciertamente, en la Sagrada Cena de Viridiana (no sólo subsiste el concepto de la perspectiva, sino que los rostros de los pobres trascienden una maleficencia esperpéntica psicológica desmitificadora; de ahí su tratamiento Baco y sus secuaces). La inquietud constante por describir a los bufones (un enano paquidérmico, en Nazarín, acaricia con un placer impío el rostro de una niña, mientras ésta siente placer). La intención obsesiva por representar Los Caprichos de Francisco de Goya, fruto de la monstruosidad (un viejo deslenguado y su sobrina, sentada ésta sobre sus rodillas, en Los Olvidados o el ajado Don Lope, metiendo mano a su sobrina Tristanita, mientras la sostiene entre sus picajosos brazos).

Los argumentos buñuelianos, tanto los propios, como las adaptaciones literarias de autores ajenos (ver Cumbres Borrascosas de Emile Bronte/ Nazarín de Galdós/ Robinson Crusoe de Defoe), se vieron impregnados de obsesiones propias de la infancia, que se transforman, a su vez, en sueños exentos de afectos y símbolos, conformando éstos un estilo único, añadiendo a la leyenda una Mitología marcadamente transgresora, que proviene, sin lugar a dudas, de una lectura muy personal sobre el Marques de Sade y una preocupación insostenible por el Azar (El sueño es lo verdaderamente anárquico de la realidad). Así, nos encontramos con sacrilegios (crucifijos transformados en puñales, como el accionado por Viridiana), cuchillas de afeitar a punto de cortar (la disección de un ojo en Perro Andaluz), inserción de insectos, crustáceos, aves, reptiles, corderos o perros (los alacranes en La Edad de Oro/ el Gosquejo debajo de un carro de Viridiana), el erotismo y el fetichismo (las piernas de Susana / la cajita de Bella de Día)como parte del deseo.

A menudo se ha considerado al genio Aragonés como un Surrealista. Sin embargo, finalmente, en apariencia, parece que éste renegó del movimiento (ver el documental verista; Tierra sin Pan), pese a haber pertenecido al grupo durante los años veinte y treinta en París -cuya cabeza visible era Bretón-, y realizar conjuntamente con Dalí dos manifiestos, marcadamente provocadores para la época, como son El perro Andaluz y La Edad de Oro. Se dice que cada sueño, en ocasiones con tendencia onírica, era presentado como idea fuera de lógica y racionalidad. De estos sueños nacerán las hormigas recorriendo una mano / un hombre carga con un piano, una cabeza de animal y dos seminaristas Maristas / un hombre mamando un pecho. Sin embargo, esta acotación fue incierta; porque siempre mantuvo un anarquismo absoluto, no sólo temático, sino visual y de pensamiento; por tanto siempre decidió jugar con los extremos, tanto estéticos como argumentales: La Realidad y la Ficción siempre se yuxtaponen (idea cervantina planteada en La Vía Láctea). Aunque, por otra parte, transformó estas razones en pura sátira esperpéntica, acoplándolas a su visión formal sobre el mundo, traicionando y negando de esta manera la cultura occidental, que él mismo ya conocía previamente por sus lecturas en la Residencia de Estudiantes, no sólo desde la experiencia, sino desde el conocimiento más absoluto (las relaciones sociales, la religión, la historia, la filosofía, son algunos ejemplos). Por tanto, el cine, según Buñuel, no se transcribe como Cine Político, sino que busca la quimera del hombre en su medio (ver Él, El Fantasma de la Libertad, El Ángel Exterminador, El Discreto encanto de la Burguesía).

Desde un punto de vista técnico, aunque nos parezca extraño, el cine buñueliano contiene una estética personal, alejada de los conceptos básicos sobre la técnica cinematográfica. Por eso nunca le importo que un determinado encuadre estuviese bien realizado y fotografiado (se dice que volvió locos a operadores de fotografía como José Aguayo y Gabriel Figueroa), que, en montaje, la introducción de la música fuera la adecuada o que los actores hiciesen gala de sus dotes interpretativas (ver a Jorge Negrete en El Gran Calavera). Aunque, bien es verdad, el director español contó con grandes actores como Silvia Pinal, Katy Jurado, Ángela Molina, Catherine Denueve, Fernando Rey y Paco Rabal, entre otros.

Personalmente Luis Buñuel fue otro gran misterio, dentro del propio misterio, como aquella cajita de Belle Jour. Amante de las tertulias y la broma, la conversación afable sin retoricismos, el Martini (el famoso cóctel Buñuelino de creación propia), la habitual tendencia en hablar por digresiones ya mencionada, donde el sueño se formulaba parte onírica (ver su autobiografía Mi último suspiro), el exhaustivo trabajo casi monacal por la preparación de un film (los rodajes no duraban más de cuatro semanas) o un especial cariño por las armas de fuego, convierten a este personaje en todo un baluarte de incertidumbres. Por otro lado, algunos testimonios, como los de Luis Alcoriza (su mano derecha como guionista y otro español más, completamente desconocido), Carlos Saura y Paco Rabal, nos revelan al director español como un ser afable, humano y cariñoso.

En el terreno profesional ha sido uno de los más galardonados directores del cinematógrafo. Festivales como los de Cannes y Venecia, los premios Oscar, revistas como la famosa Cahiers Du Cinema con sus críticos al frente, alumnos que lo homenajean como Arturo Ripstein y compañeros de generación como George Stevens o Hitchcock se han rendido ante su genialidad. Una genialidad que siempre convivió entre la Ficción y la Realidad.