Cómprame un revolver de Julio Hernández Cordón

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El director parte de dos premisas verdaderamente problemáticas que sacuden a México: El feminicidio y el narcotráfico. Sobre estas edifica una grave y nada fluida distopía, no tan lejana.

El cineasta sabe crear poderosas personajes, imágenes, ideas; sin embargo el trayecto del metraje es un tanto irregular, más bien inverosímil y las decisiones tomadas un tanto cuestionables (la voz en off de la pequeña protagonista o la precipitación del último acto), arruinando definitivamente lo que podía haber sido un film de hondo calado social.

Nuestro tiempo de Carlos Reygadas

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“Nuestro tiempo” parece una especie de variante de la singular cinta “Luz silenciosa” o más bien se percata como su prolongación  por su trato y reciprocidad, en afrontar los asuntos del adulterio y sus fatídicas consecuencias. Esa posibilidad ha sido consentida aquí por la pareja protagonista, que ha aceptado la misma, solo con la condición de mantener abierta toda comunicación (comunicabilidad) y confianza. El resultado de esa liberalidad es discutible.

Esta es, pues,  una obra de ficción que nace de un entorno o situación o ambiente íntimo, con la intención de abordar cuestiones atemporales y  múltiples dilemas de carácter moral que se derivan, y parten de coyunturas extremas y como estas afectan a la trayectoria vital de una relación amorosa. Lo importante para el director es tratar de diseccionar las dificultades de los sentimientos amorosos.

El cineasta abandona una estructura narrativa tendente a la digresión, por una propuesta inminentemente lineal, una especie de psicodrama petulante y excesivo, en algunos tramos.

Desde el punto de vista formal la cinta sigue siendo reveladora en su dominio de la luz, en su carácter metafórico visual, en su atrevida composición del plano, en el uso de la voz en off y del sonido.

Museo de Alonso Ruizpalacios

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Basada libremente en acontecimientos reales, la narración no deja clara la motivación de los ladrones para cometer el robo. Un robo un tanto absurdo, pues las piezas sustraídas son difícilmente vendibles en el mercado negro. Museo es una propuesta llena de incertidumbres.

La cinta se inicia como una acida crónica familiar una tanto bulliciosa. Con un narrador de por medio, la cinta cambia el tono y nos adentra en la acción real del robo. La cinta pasa del bullicio y la energía inicial y la voz en off al silencio cuando se produce el robo al museo (planificación y puesta en escena impecable, clara resonancia del cine noir francés). La tercera parte del film está enfocada a la huida y las consecuencias del hecho…

En Museo confluye perfectamente el juego formal, la expresividad de los tonos empleados y la profundidad.

2018: Festival de Berlín: Mejor guion.

Roma de Alfonso Cuarón

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Somos esencialmente memoria. Solo a través del tiempo y la distancia recordada somos capaces de trasformar en puro hecho literario nuestros recuerdos, hasta el punto de evocarlos, siendo capaces de utilizar un artificio narrativo preciso y así poder expresarla.

Alfonso Cuarón ha sido capaz en Roma de rescatar los ecos de su propia infancia, encontrando un preciso artificio narrativo capaz no solo de relacionar los hechos, también las personas, y las ideas entre sí, dentro de una trama narrativa plena de significados. Por tanto en la cinta identificamos de manera hiperrealista tres elementos esenciales: Memoria, sentimientos puros, y clarividencia fermentados de lirismo poético.

En el corazón narrativo de Roma Cuarón consigue interligar o relacionar sabiamente unas ideas con otras,  unos personajes con otros, dentro de una red que hace avanzar el relato en direcciones significativas y necesarias, alejándose de manipulaciones nostálgicas, sentimentalismos y melancolías. La lucidez llega justo cuando, como hemos comentado con anterioridad, se ha sido capaz de otorgar gracias  a la distancia en el tiempo, la capacidad de comprensión y las razones de los personajes vivos, sumidos en sus contradicciones, sujetos al tempo histórico.

Roma es capaz de elevar lo particular (la infancia) a lo general (análisis social, etnográfico, histórico, político, sociológico, económico de la época) evitando caer en el esquematismo.

Todo esto ha de saber transferirse de manera formal sin exhibicionismos, gracias a la sabia utilización de los recursos de creación fílmica, sabiendo conjugar perfectamente el relato como una más que lúcida introspección de la memoria. Son claves tanto el formato, como la utilización del sonido, la importancia de los movimientos de cámara y los travellings que hacen sensorial el paso del tiempo, tanto en los espacios interiores estratificados, como en su diversidad escenográfica, tan significativa en escenarios exteriores.

2018: Festival de Venecia: León de Oro (Mejor película)

Tiempo compartido de Sebastian Hofmann

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Por superarnos a nosotros mismos somos capaces de perder la cabeza. Esta idea hábilmente desarrollada discurre por la venas de esta más que interesante propuesta. Aquí el ser humano conserva su cuerpo, pero vende el alma.

La acción transcurre dentro de un complejo turístico decorado con colores chillones. La temática se elabora a partir de las creencias falsarias que venden las llamadas industrias wellnnes. Estas recurren a las llamadas seudociencias que garantizan la longevidad y la felicidad.

El espectador, al igual que sus protagonistas, va introduciéndose en esos espacios totémicos, a la vez que mesiánicos, seducidos por la retórica positivista del lobby anulador, comunicador con otros adeptos no pasivos del mensaje, y que efectúan sutilmente la invalidación de las mentes (de todas formas algo oscuro ocurrió en el pasado). Como contraposición todos aquellos que no entran en el juego son relegados. El lavado de cerebro es indispensable. La política es de captación mediante mensajes positivistas un tanto subliminales, hasta el punto no solo de controlar, inclusive manipular.

En el film existe cierta resistencia a lo satírico, cediendo por completo el espacio a lo surreal, con su carácter fantástico, aunque el personaje de Pedro, por otra parte, nunca abandone la realidad: dialoga con esta, rechaza los eslóganes artificiosos y se revela. Aquí habita una confrontación eterna, entre la ira que el protagonista va acumulando, frente al absurdo y la artificiosidad del entorno. El alegato de Pedro implica destruir toda atmósfera de carácter onírico (esto ocurre primordialmente en el desenlace). El discurso realista es un hecho. Ese discurso permite al director, con voz propia, rechazar todo proselitismo.

Sinopsis: Es la historia de dos familias diferentes que viajan a un hotel y que por un error administrativo las hospeda en la misma villa; los choques iniciales por las diferencias permiten un proceso que las termina acercando.

2018: Festival de Sundance: Mejor guión (World Cinema)

Los adioses de Natalia Beristain

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A mi madre. A todas las mujeres que sufren en silencio.

Los recuerdos de la escritora Rosario Castellanos van y vienen una y otra vez y los adioses o despedidas se multiplican, pero nunca concluyen definitivamente. Los tiempos se inscriben dentro de la memoria evocada (la privada y la literaria liberada). En ese oleaje de recuerdos insisten las dificultades que impiden alcanzar la plena libertad. Las imágenes consiguen adquirir una serie de texturas oníricas, cuando retornan los tiempos dichosos, sin embargo los encuadres se hacen cada vez más irrespirables, cuando la opresión masculina va creciendo (la toma de conciencia de la gran narradora y luchadora por los derechos de las mujeres se ve determinada y coaccionada por la relación íntima de maltrato psicológico, que sufrió por parte de su marido, Ricardo Guerra).

Sinopsis: A principios de los años 50 en la Ciudad de México, Rosario va en contra de una sociedad regida por hombres: es una intelectual universitaria precoz, pronto una de las escritoras capitales de la literatura mexicana. Sin embargo, su turbulenta historia de amor con Ricardo muestra el reverso contradictorio. En el punto alto de su carrera, en la madurez del matrimonio, estalla una discusión que marca un punto sin retorno.

Tempestad de Tatiana Huezo

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En tiempos tenebrosos para México, propuestas documentales como esta, son plenamente necesarias. Las voces, los sonidos, los encuadres, su vigoroso score arropan esta idea, con la finalidad de conectar emocionalmente con los espectadores, y es que la directora cuida al máximo y proyecta esa captura de imágenes necesarias, bellamente poéticas, a pesar de que en su fuero interno late la tragedia.

Este documental, inminentemente físico y emocional, está narrado por dos mujeres que han sufrido en carne propia la violencia, las injusticias cometidas por una nación corrupta y arbitraria, donde prevalece la impunidad y la inseguridad. Sus relatos son simétricos y van alternándose.

Miriam (voz en off, no vemos su rostro)  fue acusada por el estado injustamente y sin pruebas, de tráfico  y trata de personas. Trasladada al penal de Matamoros, controlado por un cártel, vivirá un auténtico infierno.

Adela (voz en off, vemos su rostro) trabaja en un circo. Su hija  fue secuestrada. Nadie sabe nada, las autoridades callan. Vive amenazada constantemente. No ha vuelto a saber nada de su hija.

Las dos historias están íntimamente ligadas entre sí —y aquí está el sutil golpe de efecto de la directora—, no por un giro de guión ni una sorpresa esperable. Sencillamente, ambas también han visto al horror entrar en su casa y destruirlo todo, dejando nada más que ceniza. La hija desaparecida ha negado toda expectativa de sosiego durante los diez últimos años en el cotidiano de Adela, quien, a la vez que Miriam, ha sido abandonada por las instituciones, a merced de un sufrimiento inconmensurable y sostenido. Lo único que queda en pie es la dignidad, ese último motor que sobrevive a la tragedia. La voz como resistencia (Luis Enrique Forero, El antepenúltimo mohicano).

2016: Premios Fénix: Mejor documental, fotografía documental y música.

2016: Documenta Madrid: Mención especial del Jurado.