Dobles vidas de Olivier Assayas

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Dobles vidas no debe quedarse en la retina del espectador como una comedia, sobre la fidelidad de la pareja. La cinta es aún más trascendente si cabe. La comedia de enredo muda realmente en un interesante ensayo sobre el concepto y práctica cultural, la reflexión, la capacidad de discusión de las ideas, los hábitos intelectuales, las capacidades de dialogar en universo ya digital.

En Dobles vidas, además, se sustenta una idea sobre la incesante amenaza, tal vez fulminante, de un universo conocido y reconocible, que ha entrado en crisis: Tiempos estos de decadencia de clase (las referencias a la novela el Gatopardo de Lampedusa son evidentes), desinformación, crisis, cuestiones planteadas acerca de un nuevo orden social nada menos que inquietante ( para nada evanescente), nada claro (la era digital frente a la edición en papel), que viene del mundo digital y que extermina los conceptos culturales y sociales conocidos (los algoritmos han sustituido la labor de la crítica literaria). Tiempos estos de consumo cultural, donde los humanos están obcecados en la gratuidad, que no supone conocimiento, sino todo lo contrario. Tiempos de hábitos compulsivos.

En esta propuesta habita un halo sobre el inquietante paso del tiempo, sobre la oquedad subyacente de un futuro meramente digital y despersonalizado, que nos conduce hacia la deshumanización, sin que por ello seamos “conscientes del todo”, ya que en este caso los personajes parecen vivir marcados por las derivas de las relaciones amorosas, más que por lo que se cierne sobre sus cabezas, sobre nuestras cabezas.

La escritura parece intencionalmente depurada para evitar todo indicio melodramático, evitando incluso lo novelesco en lo relativo a la intimidad. Lo fantasmagórico que husmea fuera de plano es lo implícito. La verdad se siente, pero se oculta evidentemente tras un ligero velo

 

 

Personal Shopper de Olivier Assayas

Tantas partes son visibles, tantas partes son ocultas. Toda obra existe gracias a estas condiciones, viene a decirnos Olivier Assayas.

El espectador desde luego, no es un mero objeto pasivo. Todo espectador del cine de Assayas deber ser creativo. La obra cinematográfica oscila alrededor de la ausencia, o mejor dicho de las ausencias. Somos nosotros los que activamente debemos rellenar esos espacios, sus significados. Estos laten, alojados en las propias líneas de fuga del drama. La ausencia es una presencia en sí misma.

Sinopsis: Maureen, una joven estadounidense en París, se hace cargo del guardarropa de una celebridad. Aunque no le gusta su trabajo, es lo único que encontró para su pagar su estancia mientras espera una manifestación del espíritu de Lewis, su hermano gemelo desaparecido hace poco. Maureen comienza entonces a recibir en su móvil extraños mensajes anónimos.

La cinta juega una y otra vez con nuestras expectativas. En este caso, se redefinen los conceptos que podrían hacernos pensar en una simple propuesta de cine de  fantasmas. Es cierto, la cinta podría inscribirse como tal, pero también es una afligida tragedia sobre el duelo, al tiempo una reflexión sobre la filiación preñada de elementos narrativos propios del thriller erótico…

Si, el relato es ambiguo; sin duda nos extraviamos. Como nuestra protagonista somos nómadas, vagamos por el limbo de la modernidad, cuyas acciones nos dice Carlos Reviriego en su artículo para El cultural del Mundo, se definen en el tránsito de sus cuerpos y la disolución de sus identidades.

Personal Shopper tiene, como hemos visto, una clara intencionalidad de hibridar los géneros, incluso llegar a distorsionarlos. El realizador mezcla elementos, imágenes especulares que nos son confusas, discursos que se superponen y la utilización de la música refleja los estados de ánimo con toda su complejidad. No deja, así, el realizador de dejar de abandonarnos en un limbo, donde la sociedad de consumo nos corroe con toda su frivolidad. Para el director ni la espiritualidad es un valor, ni tan siquiera lo terrenal es un valor seguro. Vivimos en un universo de desasosiegos, cargado de hostilidad.

2016: Festival de Cannes: Mejor director (ex aequo)

Clouds of Sils Maria de Olivier Assayas

Es difícil aceptar la madurez dentro de un mundo volátil que fulgura, la quiebra intergeneracional es inminente no lo olvidemos. Entre otras cosas el realizador nos habla de ello.

La cinta podría recordarnos en algún momento a Eva al Desnudo; pero más bien se trata de una reelaboración de bergfilme, un tipo de género cinematográfico donde la montaña era el personaje principal. Esta tendencia tuvo una gran aceptación en Alemania hacia los años veinte del pasado siglo. En este tipo de películas los personajes se enfrentan a los peligros naturales, finalmente terminaban por alcanzar la plena sabiduría, terminaban completamente iluminados. Assayas; en un momento dado; inserta un cortometraje de 1924 dirigido por Arnold Frank, titulado Das Wolkenphänomen von Manoja. Más que mostrarlo (lo hace suyo en realidad hasta glorificarlo), nos sugiere, es capaz de relacionar de manera clarividente el arte del pasado con el mundo del hoy – en este caso el uso compulsivo del móvil, de internet, del cine de los superhéroes-. Esto mismo afecta a los personajes. Ese conflicto entre la madurez y la juventud se refleja de manera mayúscula mediante la relación de María con su asistente, dos personas que sienten respeto pero no consiguen entenderse. Se establece un sugerente y atractivo juego de dependencias que viene marcado por el vacío existencial que sufren ambas –la temática del realizador resucita, se regenera con nuevas ideas, ese choque entre lo viejo y lo nuevo, el arte que se glorifica frente a lo popular-

El realizador se interroga sobre el cine del presente, su atemporalidad, la mítica (los mitos), las ambigüedades. Nos consta que surgen recelos con respecto a la juventud, el paso del tiempo nunca se detiene. Esta visión se refleja en el personaje de Juliette Binoche, hasta el punto de que la cinta puede ser un documento sobre la función de esta y su personaje como actriz. El personaje anhela la juventud, el amor juvenil, el tiempo definitivamente la ha atrapado. En un momento, frente a un joven realizador que ofrece a María (Binoche) un trabajo dentro de un cinta futurista esta llega a afirmar y cito al pie de la letra; que todos somos hijos de nuestro tiempo y que este determina nuestras acciones. Frente al tiempo están los paisajes, los territorios. Esas zonas alpinas filmadas como lugares míticos. Los efectos que producen las nubes bajas crean efectos serpiente, como si algo se tornara de repente oscuro en la existencia de los personajes y perfilase y dibujase otros destinos. La cinta está concebida como una huida hacia la naturaleza; que desde lo misterioso dialoga con los personajes, determina sus pasos, sus anhelos. Frente a la niebla surge la desaparición. Entre lo teatral y la vida, el documento y la ficción la cinta avanza hacia cuestiones que se plantean acerca del paso del tiempo, de la vida que se erosiona, es decir del Ser frente al devenir. Ya nunca más seremos los que fuimos.