L’amant d’un jour de Philippe Garrel

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Las ideas y toda una serie de formas de pensar van diluyéndose. Al tiempo los sucesos de la vida van tornándose según los cambios. Como alejarnos, como acercarnos dentro de los márgenes de la imperfecta vida sentimental y del deseo y sus devaneos generacionales y abismos (y de cómo superarlos), y como los imprevistos del azar como aniquiladores de toda pulsión invariable intervienen, y como a pesar de todo, los hechos pueden modificarse, y no todo es indescifrable… Todas estas cuestiones, y algunas más, se plantean dentro de un film de depurado estilo, rodado en blanco y negro y tornasolados matices de contenido.

Acertadamente Juanma Ruiz subraya, en su reseña, publicada en Caimán cuadernos de cine lo siguiente y anoto. Garrel propone un film rugoso, lleno de asperezas: imágenes levemente fuera de foco, cortes a negro, una música que, aunque de composición discreta, irrumpe en el silencio sin pretender nunca un asomo de suavidad. Es más, el cineasta parece celebrar cada transición con el uso de estos elementos, así como de una narración en off que, sin disimulo, se encarga de rellenar huecos argumentales cuando lo que le urge es pasar a la siguiente conversación íntima, acelerar la narración unas veces y contar lo que la cámara no puede (o no le interesa) alcanzar. En la era de la alta definición, Garrel ofrece una película que es como una Polaroid, gozosamente impura y de contornos desdibujados.

Sinopsis: Después de una ruptura, una chica de 23 años regresa a casa de su padre. Allí descubre que éste tiene una relación con una joven de su misma edad.

L’ombre des femmes de Philippe Garrel

Vuelven una y otra vez a discurrir las constantes vitales del cine del autor dentro del interior del argumento de la presente cinta: Los devaneos amorosos (el amor y los reencuentros) y la resistencia. Pero en esta ocasión L’ombre des femmes es un film fallido. Veamos el por qué

En el interior de la cinta los pertinentes huecos narrativos, los saltos temporales (y la enorme fuerza de las elipsis) aparecen más que justificados mediante una voz en off (se ajustan todos los ecos).

El rompimiento emocional tiene dificultades al ser mostrado. La cámara permanece en un lugar discreto, nunca a la altura del corazón de sus protagonistas. No apreciamos las expresiones de pasión y de duda en los mismos (parece sustituirse la pasión por un distanciamiento burlón). El varón de la cinta se auto reconoce como un ser caprichoso en sus devaneos adúlteros, la mujer nunca mantiene el silencio y acaba siempre por confesar sus relaciones.

La resistencia aparece como una especie de pretexto documental concerniente a la memoria histórica. Ese universo aparece determinado por la mentira. Es descrito como ironía

2015: Festival de Sevilla: Mejor actriz (Clotilde Courau)

Sinopsis: Pierre y Manon son una pareja que lucha contra sus apuro económicos. Se dedican a hacer documentales de bajísimo presupuesto y sobreviven a base de trabajos temporales. Pierre conoce a una joven becaria, Elisabeth y pronto se convertirá en su amante. Pero Pierre no quiere abandonar a Manon, quiere estar con las dos.

Un été brûlant de Philippe Garrel

Surge un fantasma, el de la mujer amada, este se hace presente, su figura viene a filtrarse en la tormentosa mente de Frédéric -tantas son las abstracciones como sugerencias que se infiltran provenientes de los espectros, ahí está ese sufrimiento que nunca cesa, ese amor desmesurado; la feminidad, el cuerpo esquivo huyendo-. Se trata de obsesiones como consecuencias emocionales que quedaron quebrantadas en el Estío y como aquel fuego se fue consumiendo. He aquí un tiempo para la reflexión que viene a ser evocado. Surgen esos sentimientos contradictorios, absurdos, apasionantes, brutales, el hombre va envejeciendo frente a los combates del pasado.

El realizador se adentra en un espacio plano, abriéndose a los claroscuros formales, emocionales. Vuelve su mirada sobre las fronteras del amor, las más extremas si cabe, así mismo viene a plantear las posibilidades utópicas que marcan las revoluciones y los límites de la responsabilidad cuando la vida se inmiscuye. Claro este no es un diario de autor, sino una mirada con sus propias perspectivas, aunque se hable de constantes ya abordadas en anteriores trabajos.

Un verano ardiente viene a situarse en la mejor tradición literaria. Esta vida de bohemia, esos personajes bohemios cuya vida transita fuera de su país –parisinos en Roma-. Acude sin embargo Garrel a un punto de vista externo para hablarnos de la vida de los otros, aunque su misión radica en narrarnos la vida atormentada de Frédéric –el artista-, su deriva, perseguido por sus demonios, perseguido constantemente por la figura esquiva de su mujer, y como el reflejo deformado –envenenado- de todo esto constituye la propia evolución de Paul, que pasa de  ser testigo de esta historia de autodestrucción a protagonista, involuntariamente involucrado finalmente en una narración de aprendizaje.

Un coche a toda velocidad va por una carretera, a modo de flashforward, sigue un plano de un cuerpo de mujer desnudo, el de Angéle –esposa de Frédéric-. Esta mira al espectador, nos está mirando, nos intenta atraer al interior del film. La oscuridad siniestra de la noche parece quedar atrás. Todo comienza a acontecer en un estado de casi penumbra, los personajes se mueven como sonámbulos, son sombras, el mundo parecen haberlo dejado de lado. Paul y Frédéric sufren un desgarro que se debate entre la política y lo artístico, entre el amour fou y el deseo de conseguir una estabilidad –el deseo tanto amoroso como político indaga entre las líneas fronterizas que separan la vida de la muerte-, entre una personalidad esquizoide siempre cerrada y la promesa de conseguir un futuro que aunque no sea ideal sea posible. En ese crepúsculo habitan siempre los fantasmas, los del pasado, los que surgen de la mente, pero también apreciamos como una ficción, en definitiva bebe de su propia realidad –verosímil- como de otras ficciones que se infiltran

 

 

La jalousie de Philippe Garrel

Los hechos que se nos narran parten de lo autobiográfico, las experiencias de Maurice -padre del realizador- en su juventud. Louis, hijo del cineasta, interpreta aquella experiencia de su abuelo, justo aquí tiene la misma edad que tendría su antepasado.

La presente cinta está rodada en blanco y negro  (una más que cuidada gama cromática de blanco y negro y una cuidada puesta en escena da un marcado tono íntimo, a la vez cotidiano, a esta especie de comedia dramática de nuestro tiempo)

El cineasta francés sigue desarrollando sus preocupaciones existenciales, convertidas estas en una especie de leitmotivs que jalonan en mayor o menor medida toda su obra cinematográfica. En realidad, estas preocupaciones vienen a desarrollarse como conflictos emocionales que devienen en una amalgama, de no menos complejas, emociones surgidas de la relación entre Louis y Claudia. En una palabra, las difíciles relaciones del ser humano marcada por el determinismo de la existencia.

Diferentes dilemas van marcando la trama -preñada de cierto halo de humor absurdo-, desplegándose: La evocación de la infancia, la agonizante pasión, la infidelidad y sus consecuencias, los secretos, el abandono amoroso y las expectativas o no ante un futuro, las contradicciones de los sentimientos….. El intento de Louis de avivar su relación dormida con Claudia a pesar de tener querencias emocionales con otras mujeres, y las tensiones, también la ternura, la fugacidad emocional o la incomprensión van dibujando las dudas entre si el amor es para siempre o si el amor es una aventura eventual -esta idea viene subrayada, desde luego, por las contraposiciones de los comportamientos y de las personalidades de los protagonistas, también por sus diálogos-