Un día más con vida de Raúl de la Fuente, Damian Nenow

Resultado de imagen de Un día más con vida de Raúl de la Fuente, Damian Nenow

Este es un infrecuente trabajo. Una híbrida propuesta que mezcla la imagen real y de archivo (se incluyen entrevistas actuales con algunos de aquellos protagonistas, que vivieron aquellos acontecimientos) con la animación (motion capture).

Un trabajo que trata de trascribir verazmente, en lo posible, las crónicas de la guerra de Angola escritas por el periodista polaco Kapuscinski (recogidas dentro de su libro homónimo). El resultado es un loable trabajo que sabe asociar los testimonios y la reconstrucción de los hechos, mediante magníficos dibujos. Una épica cinta sobre el compromiso periodístico (algunos semblantes históricos no están bien explicados del todo).

2018: Premios del Cine Europeo: Mejor film de animación

2018: Festival de San Sebastián: Premio del público

Twarz de Malgorzata Szumowska

Resultado de imagen de Twarz de Malgorzata Szumowska

La raíz pétrea de las costumbres ancestrales  y el tradicionalismo católico determinan la vida de una pequeña población. Escenario vivo donde trascurre la historia. Una narración que pretende erigirse como una fábula más o menos costumbrista acerca de Polonia, en nuestros días.

La mirada de la directora se vuelve inquisitiva a la hora de retratar una sociedad autista, que no es capaz de aceptar ningún cambio. Es de hecho sobre el cuestionamiento de la identidad y la crisis profunda  que sufre el protagonista, la idea clave desde la que se edifica esta fábula poliédrica de marcados análisis sociológicos y políticos, que se desarrolla desde lo particular hasta alcanzar lo general.

Film vehemente, de intensa energía, que evita toda contención. Su preciso montaje va ligando una serie de acciones que van conformando de manera impresionista una acida crítica social, a través del retrato, más bien costumbrista, de ese pequeño microcosmos rural.

Sinopsis: Jacek gasta pintas de rebelde y escucha a Metallica en un pueblo polaco de misa diaria, gris como un dolor de postguerra y en pleno milagro arquitectónico: construir un Cristo a escala del Corcovado de Brasil. Y en esas están cuando Jacek, trabajándole la cabeza al Jesucristo, cae dentro de ella y se destroza la cara. Ahora hay que rehacérsela, si bien los médicos confían más en la voluntad de Dios que en el bisturí, y Dios parece que el día de la operación está de broma.

2018: Festival de Berlín: Gran Premio del Jurado

2018: Festival de Gijón: Premio del Jurado Joven

Cold War de Pawel Pawlikowski

Resultado de imagen de Cold War de Pawel Pawlikowski

El contexto social histórico, en el que se desarrolla esta trama amorosa, viene determinado históricamente por la dictadura totalitaria y las fronteras. Un universo donde la renuncia, pero también la traición, condiciona a los seres humanos (coarta a nuestra pareja protagonista). No hallaran nunca nuestros personajes preciado descanso, amparo…

Centra el realizador la acción, al igual que en su anterior trabajo (ver Ida), en la Polonia comunista (bajo influencia de la URSS). Son tiempos de la guerra fría. El film se inicia a finales de la década de los cuarenta en Polonia. Los protagonistas pasan por Berlín, Paris o la antigua Yugoslavia.

Sinopsis: Con la Guerra Fría como telón de fondo, “Cold War” presenta una apasionada historia de amor entre dos personas de diferente origen y temperamento que son totalmente incompatibles, pero cuyo destino les condena a estar juntos.

Pawlikowski concibe su trabajo en formato 1:1,33 y delicado blanco y negro (los márgenes aprisionan a los amantes). Nos llama primorosamente la atención la composición pictórica, la incidencia de la luz, la solidez de los encuadres, la precisa y delicada y minuciosa puesta en escena. Su estructura narrativa viene marcada por imprevistos saltos temporales y generosas elipsis hace que la narración progrese a golpes de libreto, porque desde luego tanto en la concepción dramática de lo que acontece como en la definición de las propias imágenes en si se halle una mínima coherencia que nos permita ver el crecimiento de esos dos personajes (incluso alguna que otra decisión de giro de guión se manifiesta como poco creíble, aniquilando verosimilitud).

2018: Festival de Cannes: Mejor director.

The Lure de Agnieszka Smoczynska

La ópera prima de la realizadora polaca plantea una perspectiva diferente a la narración de Andersen (nada que ver con la almibarada, pero efectiva, La sirenita de Disney). Su imaginaria es oscura. El universo en el que se ambienta el film evita proceder de una realidad concreta.

La sensualidad preña una y otra vez la trama, así como el despertar sexual juvenil. Ambas ideas confluyen con la indagación del cuerpo, no preceptivo, como estado al mismo tiempo de atracción y repulsión, y la imposibilidad de integración femenina (ambas protagonistas tienen una personalidad contrapuesta; Golden es una sirena devoradora y vampírica, Silver se aproxima a una sirena virginal enamorada)

Las resonancias del cine de terror de serie B son claras, así como el concepto de la mujer monstruo. Sin embargo la propuesta no termina de engancharnos, bien por la acumulación atropellada de acontecimientos, bien por la falta de hondura pese a la inteligente inclusión de melodías y coros que insuflan a la narración de instantes emotivos, también dramáticos, con la intencionalidad de dar profundidad al relato. Otro punto desfavorable a tener en cuenta es el abuso masivo de lo estético, que prima sobre lo argumental.

2016: Festival de Sundance: Premio especial del jurado (Internacional)

Loving Vincent de Dorota Kobiela, Hugh Welchman

Nadie puede discutir tamañas cuestiones técnicas, de este film de animación: Un guión visual creado a partir de 134 obras pictóricas de Van Gogh, un rodaje que tiene en cuenta actores reales de carne y hueso, un rotoscopiado realizado por más de mil animadores, más de sesenta mil pinturas al óleo registradas más tarde por otra cámara para una versión animada última (unos doce cuadros por segundo).

El resultado formal, a priori, es deslumbrante en los primeros compases, pero finalmente rutinario. El artificio narrativo detectivesco utilizado conduce irremediablemente hacia la previsibilidad, resintiéndose un trayecto caracterizado por un nulo interés por encauzar una narración nada inspirada ni tensionada, que además va agotándose.

2017: Festival de Annecy: Premio del público.

Los últimos años del artista: Afterimage de Andrzej Wajda

La historia caleidoscópica de Polonia sigue siendo el eje de una mirada perspicaz y dolorosa para Wajda, que sin duda lo determino cinematográficamente.

Uno de los valores, a tener en cuenta, acerca de la última cinta del gran maestro polaco es la austeridad del tratamiento y su eficacia dramática, pese a que el relato no nos resulte tan sorprendente y caiga en cierta monotonía, una vez planteado el conflicto. Un conflicto que deja pocos márgenes a cualquier tipo de complejos pliegues ambivalentes (ausencia de tonalidades grisáceas a la hora de definir a los personajes).

Nota copiada de producción a pie de página: El pintor vanguardista polaco Wladyslaw Strzeminski sostenía una teoría de la visión, que desvincula las imágenes de la objetividad, y las asocia a la huella incuestionablemente subjetiva que dejan en la retina.

Sinopsis: Afterimage sigue a uno de los artistas de vanguardia polacos más importantes: Wladyslaw Strzeminski. El título de la película hace referencia a las imágenes remanentes, a las ilusiones ópticas que continúan apareciendo bajo los párpados tras haber mirado un objeto que refleja la luz.

Demon de Marcin Wrona

La cinta, en sus minutos iniciales, nos inquieta, no aterroriza; pero sutilmente va deslizándose de manera progresiva hacia la comedia negra impregnada de tintes surrealistas (habilidad del director a la hora de trabajar y mezclar los distintos géneros)

Propuesta incatalogable, extraña, desconcertante, hasta metafórica, que nunca abandona la tragedia actual que sufre un pueblo preñado por el capitalismo salvaje, que olvida la memoria histórica.

De tono melancólico y salvaje, amenazador e inocente al tiempo (se aprecia esto en su iluminación impoluta, el frecuente uso de los colores grisáceos, apagados y pálidos creando diversas atmósferas), la propuesta concluye de manera misteriosa (abrupta), también inquietante tal y como esta comenzó (se trata de una adaptación teatral titulada “Adherence” de Piotr Rowicki, una especie de relectura sobre la leyenda del Dybbuk judío)

2015: Festival de Sitges: Mejor fotografía.