A Gentle Creature de Sergei Loznitsa

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Sinopsis: Inspirada en el relato de Dostoyevski de 1876, ‘La sumisa’. Una mujer viaja a una cárcel en una región remota para averiguar qué le ha pasado a su marido después de que un envío para él fuera devuelto sin explicación.

La libre adaptación del relato escrito por Dostoyevski sirve de entramado narrativo al realizador, para proyectar una exacta radiografía devastadora acerca de Rusia.

La acción se desarrolla en una Rusia un tanto intemporal. Nos encontramos dentro de un no tiempo, de un no un lugar, situado en la Rusia profunda. La construcción del film va adquiriendo tientes de odisea kafkiana, al tiempo que toda lógica comprensible va quebrándose, hasta transformarse en una auténtica pesadilla sin solución alguna, donde el personaje femenino finalmente es absorbido por el sistema (esa dantesca, hasta grotesca, situación infernal va desembocando finalmente en lo onírico). El realismo inicial, por lo tanto, va reuniendo síntomas de degradación tanto moral como social (el director confiere a sus imágenes de energía y firmeza y de carne trágica a todos y cada uno de los personajes intervinientes), sin embargo el giro final tras el sueño resulta dantesco, violento, terrorífico, cuanto menos desconcertante por necesidad.

Under Electric Clouds de Alexey German Jr

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Esta no es una propuesta fácil. Apreciamos que es un trabajo demasiado ambicioso, no solo narrativamente, sino estéticamente. La cinta está cargada de múltiples capas que se han ido acumulando, desde su concepción, allá por 2010. Es cierto que nos cuesta comprender, es cierto que nos cuesta encontrar cierta lógica en sus capítulos o historias; incluso podemos quedarnos fuera, aislados incluso, sin entender nada…

La cinta es un existencialista retrato trágico de la Rusia de nuestro tiempo, bajo una orientación distópica. Los personajes vagan por esos espacios efímeros a lo largo de unos siete capítulos, introducidos por una especie de prólogo. Se revelan las contradicciones de todo un país.

La linealidad se ausenta de la cinta, así mismo los pertinentes convencionalismos. Las incoherencias entre el contenido y lo visual es un hecho constatable. Las historias se combinan y se entremezclan. Lo artístico no se desliga de la compleja trama. Son en realidad elementos esenciales bajo la atenta mirada impresionista (los contrastes son fundamentales a la hora de entender el impresionismo, existe la belleza).

La cinta se concibe como lienzos un tanto melancólicos. Las localizaciones nos son difíciles de poder identificar, pero sin duda en ellas habitan una multiplicidad de resonancias, tanto históricas como artísticas. Esas escenas están rodadas en un instante preciso del día.

La cinta se caracteriza por su fugacidad fugaz eterna entre el pasado y el presente y un futuro que se conduce a la catástrofe, aunque este finalmente nunca termine de llegar. Los personajes superfluos vagan sin sentido, la cámara en ocasiones gira sobre sí misma.

En ese frío deambular sinsentido que la cámara capta girando sobre sí misma, se revela una belleza gris que hace que los ritmos de los espacios se vuelvan expresión absoluta de los sentimientos internos de los personajes (Sara Zambrana, Cine y arquitectura, Septiembre 2016).

2015: Festival de Berlín: Contribución artística sobresaliente (ex-aequo).

 

 

 

 

 

Demasiado cerca de Kantemir Balagov

Demasiado cerca es una película que nos lastima. Una historia asfixiante que nos oprime, nos quiebra, nos desgarra. La acción trascurre en los años noventa, en una Rusia que se desmorona por el conflicto checheno (concretamente en una zona de Nalchik, capital de la República Kabardino- Balkaria, justo en el Cáucaso) donde la violencia étnica late.

Sinopsis: 1998, Nalchik. Una familia judía recibe un día una noticia terrible. El hijo más pequeño y su esposa no vuelven a casa, y a la mañana siguiente reciben una nota de secuestro. El rescate que piden es tan alto que la familia se ve obligada a vender su pequeño negocio y a buscar ayuda a su alrededor.

El joven realizador rueda su film en formato cuadro 4:3, lo que permite una puesta en escena claustrofóbica que se cierra sobre los rostros de los personajes. Esos planos tan cercanos a los personajes  permite revelarnos las tensiones de la tragedia, por las que pasa concretamente Ilana (todos los elementos que componen los planos están muy cerca unos de los otros, llegando estos a superponerse, de tal manera que se genere asfixia por acumulación; por otro lado, la utilización del color también permite esta idea, una iluminación que privilegia la penumbra, que o bien utiliza tonos cálidos que marcan un tono acogedor en los primeros compases, para más tarde cuando ocurre el secuestro llenarse de haces de luz, tonos amarillentos y rojos que otorgan a la cinta un carácter insoportable).

Esta es una medida pero contudente narración de violencia contenida, pero también de violencia física, de tensiones, secuestros y renuncias, de agitaciones pero también de incertidumbres, de nula reconciliación, racismo, enfrentamiento generacional y familiar.

  1. Premio Fipresci una cierta mirada (Cannes)

Loveless de Andrei Zvyagintsev

El realizador ruso sigue radiografiando la sociedad. Una sociedad corrupta dominada por jerarquías y un capitalismo salvaje tiznado de devastación ética.

Visionando la cinta apenas existe una tregua. La cinta tiene un carácter vigoroso y rígido en su desarrollo y la edificación de la metáfora determina la angustia de la dinámica trágica de los personajes. Esta idea y su dimensión radica ser un tanto discutible, a la hora de plantearse, debido a su evidente predeterminación, así también ocurre con la implícita premisa trágica en el uso del sufrimiento de un menor, víctima del desamor y la violencia que se ejerce sobre él por parte de sus progenitores. Ese moralismo, excesivamente predeterminado, no oculta un mensaje devastador y sólido a la hora de analizar la sociedad rusa.

2017 Festival de Cannes: Premio del Jurado.

 

 

 

 

El viejo y el mar de Alexander Petrov

Exquisita pieza de animación, que recoge en espíritu la obra de Hemingway. El animador utiliza la técnica de animación de pintura sobre vidrio. Usa los dedos en lugar de los pinceles, empleando varias capas de vidrio para dar sensación de profundidad. Una vez fotografiado cada cuadro o fotograma se modifica ligeramente su composición, se vuelve a fotografiar, así sucesivamente hasta más de 29000 cuadros hechos a mano, para luego modificarlos ligeramente  para dar una sensación de movimiento.

Oscar mejor corto de animación  1999

El arca rusa de Alexander Sokurov

Es el arca rusa una quimera magnífica. Una representación histórica invocada en un solo plano secuencia. Una evocación sugerente, en definitiva, de un tiempo perdido. La cinta ha sido rodada en el museo Hermitage y se despliega en un continuum, evitando todo tipo de interrupciones. Una cámara steadicam sigue a una multitud de personajes  de la corte. Estos van apareciendo en escena durante el discurrir del argumento. De esta manera las imágenes de la historia imperial de Rusia emergen dentro de las galerías del museo, también quedan disueltas como si fueran episodios de un sueño tal vez difuminado.

Sinopsis: El Marqués de Coustine, un diplomático francés del siglo XVIII con una relación de amor/odio hacia Rusia se encuentra en un viaje en el tiempo en el Palacio de Invierno de San Petersburgo -desde los tiempos de Pedro el Grande hasta nuestros días-. Con él, un invisible realizador ruso (en off), que está confuso sobre la posición de Rusia en Europa.

Ese clima onírico se mantiene intacto durante todo el trayecto de la cita. Lo mismo ocurre con el misterio. Cada elemento espacial forma parte de una huella temporal. El espacio viene marcado por el tiempo. El tiempo es percibido por cada una de las imágenes.

La cámara en esta cinta se sugiere como el punto de vista del director. Coustine y ese narrador invisible dialogan entre sí, analizan, el tono nunca deja de ser irónico entre ellos. Hasta donde nos alcanza la memoria, en aquellos lugares donde se vivía, las contradicciones convivían con el esplendor. Ese narrador invisible no deja de interpelar lo que va viendo. La evocación de la historia es intima, también distanciada, pero no deja de ser doliente.

Porque, ante todo, es capaz de integrar, en un ballet inhumano, descomunal, una impresionante serie de acontecimientos y personajes (no siempre reconocibles para un espectador occidental) que desfilan, como en un cuadro animado (obvio paralelismo con las pinturas de la propia pinacoteca que alberga la función), ante nuestros atónitos, extasiados ojos. Y también porque logra, a partir de la creación de un tempo propio, fantástico pero al tiempo perfectamente concomitante con el propio discurso del filme, trazar toda una hipótesis de las relaciones de Rusia con Europa, una crítica de lo que en la película se llama “el Directorio de 80 años” (el periodo soviético) y hasta una inmensa duda sobre el futuro del país (Extracto sobre el comentario crítico; El arca rusa escrito por Casimiro Torreiro, El País)