Fausto de Aleksandr Sokurov

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Contra el mito, sin rumbo, merodeando, sin un ideal, el caos. La actividad se vuelve imparable, improductiva, la serenidad, la contemplación no existe, visiones, barroquismo pictórico –como resonancias, en Fausto se dan cita desde las composiciones de Vermeer, Teniers, hasta El Bosco-, alucinaciones, un flujo constante de voces, acontecimientos que aparecen y desaparecen, juegos de sombras, interiores agobiantes, exteriores laberínticos, intrincados, lugares que se trasmutan en otros.

Si el inicio el film comienza sobrevolando las nubes, culmina en la sima de un geiser extraño, durante el trayecto solo movimiento.

Fausto destripa un cadáver, se interroga donde está alojada el alma de los hombres, pero tal proceso de meditación se ve anulado tras la aparición de un diablo, que no se corresponde con una iconografía convencional, un ser deforme, grotesco, barroco, repugnante, que se bambolea, impúdico si se adentra en unos baños, y muestra su carne fofa ante la belleza de las lavanderas.

La deformidad un hecho –filma el realizador mediante filtros que desnaturalizan el color, la composición, de ahí la realidad viene a desfigurarse, penetrando en un universo fantástico, donde no se nos oculta el horror, solo este detenido al borde del abismo, de ahí la imposibilidad, el discurso incrédulo, impotente, contraviniendo la obra de Goethe, pues su Fausto era un historia de redención, ahora solo queda una narración perturbadora, dislocada, incluso los sucesos colaterales; esto es Europa, no interrogamos, aberración, enloquecimiento, la iconografía viene a diluirse en el vacío-.

Y la belleza, Margarita, su rostro filmado como una dama renacentista, un retrato filmado que hace detener el tiempo, el instante, la duda, existe la armonía, un momento para la epifanía, para la salvación de Fausto, no nada es cierto, todo parece imposible, incluso concluida la cinta, solo queda vagar por un laberinto de espejos, imágenes deformes, aunque Mefistófeles se ausente.

León de oro Festival de cine de Venecia 2011.

A Gentle Creature de Sergei Loznitsa

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Sinopsis: Inspirada en el relato de Dostoyevski de 1876, ‘La sumisa’. Una mujer viaja a una cárcel en una región remota para averiguar qué le ha pasado a su marido después de que un envío para él fuera devuelto sin explicación.

La libre adaptación del relato escrito por Dostoyevski sirve de entramado narrativo al realizador, para proyectar una exacta radiografía devastadora acerca de Rusia.

La acción se desarrolla en una Rusia un tanto intemporal. Nos encontramos dentro de un no tiempo, de un no un lugar, situado en la Rusia profunda. La construcción del film va adquiriendo tientes de odisea kafkiana, al tiempo que toda lógica comprensible va quebrándose, hasta transformarse en una auténtica pesadilla sin solución alguna, donde el personaje femenino finalmente es absorbido por el sistema (esa dantesca, hasta grotesca, situación infernal va desembocando finalmente en lo onírico). El realismo inicial, por lo tanto, va reuniendo síntomas de degradación tanto moral como social (el director confiere a sus imágenes de energía y firmeza y de carne trágica a todos y cada uno de los personajes intervinientes), sin embargo el giro final tras el sueño resulta dantesco, violento, terrorífico, cuanto menos desconcertante por necesidad.

Under Electric Clouds de Alexey German Jr

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Esta no es una propuesta fácil. Apreciamos que es un trabajo demasiado ambicioso, no solo narrativamente, sino estéticamente. La cinta está cargada de múltiples capas que se han ido acumulando, desde su concepción, allá por 2010. Es cierto que nos cuesta comprender, es cierto que nos cuesta encontrar cierta lógica en sus capítulos o historias; incluso podemos quedarnos fuera, aislados incluso, sin entender nada…

La cinta es un existencialista retrato trágico de la Rusia de nuestro tiempo, bajo una orientación distópica. Los personajes vagan por esos espacios efímeros a lo largo de unos siete capítulos, introducidos por una especie de prólogo. Se revelan las contradicciones de todo un país.

La linealidad se ausenta de la cinta, así mismo los pertinentes convencionalismos. Las incoherencias entre el contenido y lo visual es un hecho constatable. Las historias se combinan y se entremezclan. Lo artístico no se desliga de la compleja trama. Son en realidad elementos esenciales bajo la atenta mirada impresionista (los contrastes son fundamentales a la hora de entender el impresionismo, existe la belleza).

La cinta se concibe como lienzos un tanto melancólicos. Las localizaciones nos son difíciles de poder identificar, pero sin duda en ellas habitan una multiplicidad de resonancias, tanto históricas como artísticas. Esas escenas están rodadas en un instante preciso del día.

La cinta se caracteriza por su fugacidad fugaz eterna entre el pasado y el presente y un futuro que se conduce a la catástrofe, aunque este finalmente nunca termine de llegar. Los personajes superfluos vagan sin sentido, la cámara en ocasiones gira sobre sí misma.

En ese frío deambular sinsentido que la cámara capta girando sobre sí misma, se revela una belleza gris que hace que los ritmos de los espacios se vuelvan expresión absoluta de los sentimientos internos de los personajes (Sara Zambrana, Cine y arquitectura, Septiembre 2016).

2015: Festival de Berlín: Contribución artística sobresaliente (ex-aequo).

 

 

 

 

 

Demasiado cerca de Kantemir Balagov

Demasiado cerca es una película que nos lastima. Una historia asfixiante que nos oprime, nos quiebra, nos desgarra. La acción trascurre en los años noventa, en una Rusia que se desmorona por el conflicto checheno (concretamente en una zona de Nalchik, capital de la República Kabardino- Balkaria, justo en el Cáucaso) donde la violencia étnica late.

Sinopsis: 1998, Nalchik. Una familia judía recibe un día una noticia terrible. El hijo más pequeño y su esposa no vuelven a casa, y a la mañana siguiente reciben una nota de secuestro. El rescate que piden es tan alto que la familia se ve obligada a vender su pequeño negocio y a buscar ayuda a su alrededor.

El joven realizador rueda su film en formato cuadro 4:3, lo que permite una puesta en escena claustrofóbica que se cierra sobre los rostros de los personajes. Esos planos tan cercanos a los personajes  permite revelarnos las tensiones de la tragedia, por las que pasa concretamente Ilana (todos los elementos que componen los planos están muy cerca unos de los otros, llegando estos a superponerse, de tal manera que se genere asfixia por acumulación; por otro lado, la utilización del color también permite esta idea, una iluminación que privilegia la penumbra, que o bien utiliza tonos cálidos que marcan un tono acogedor en los primeros compases, para más tarde cuando ocurre el secuestro llenarse de haces de luz, tonos amarillentos y rojos que otorgan a la cinta un carácter insoportable).

Esta es una medida pero contudente narración de violencia contenida, pero también de violencia física, de tensiones, secuestros y renuncias, de agitaciones pero también de incertidumbres, de nula reconciliación, racismo, enfrentamiento generacional y familiar.

  1. Premio Fipresci una cierta mirada (Cannes)

Loveless de Andrei Zvyagintsev

El realizador ruso sigue radiografiando la sociedad. Una sociedad corrupta dominada por jerarquías y un capitalismo salvaje tiznado de devastación ética.

Visionando la cinta apenas existe una tregua. La cinta tiene un carácter vigoroso y rígido en su desarrollo y la edificación de la metáfora determina la angustia de la dinámica trágica de los personajes. Esta idea y su dimensión radica ser un tanto discutible, a la hora de plantearse, debido a su evidente predeterminación, así también ocurre con la implícita premisa trágica en el uso del sufrimiento de un menor, víctima del desamor y la violencia que se ejerce sobre él por parte de sus progenitores. Ese moralismo, excesivamente predeterminado, no oculta un mensaje devastador y sólido a la hora de analizar la sociedad rusa.

2017 Festival de Cannes: Premio del Jurado.

 

 

 

 

El viejo y el mar de Alexander Petrov

Exquisita pieza de animación, que recoge en espíritu la obra de Hemingway. El animador utiliza la técnica de animación de pintura sobre vidrio. Usa los dedos en lugar de los pinceles, empleando varias capas de vidrio para dar sensación de profundidad. Una vez fotografiado cada cuadro o fotograma se modifica ligeramente su composición, se vuelve a fotografiar, así sucesivamente hasta más de 29000 cuadros hechos a mano, para luego modificarlos ligeramente  para dar una sensación de movimiento.

Oscar mejor corto de animación  1999