Ready Player One de Steven Spielberg

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La complejidad narrativa de esta propuesta es absoluta, por eso es aconsejable visionarla una y otra vez, pasado un tiempo prudencial, pero no distante.

El texto escrito por el novelista Ernest Cline es de por si intrincado. En manos del director americano, la cinta se mueve entre diversos estratos y niveles, y aunque, en ocasiones, no se sepa comprender del todo cada uno de los componentes que se nos muestran en la pantalla, la complejidad de todas y cada una de las secuencias de acción son invitaciones suficientes para gozar.

Sinopsis: Año 2045. Wade Watts es un adolescente al que le gusta evadirse del cada vez más sombrío mundo real a través de una popular utopía virtual a escala global llamada “Oasis”. Un día, su excéntrico y multimillonario creador muere, pero antes ofrece su fortuna y el destino de su empresa al ganador de una elaborada búsqueda del tesoro a través de los rincones más inhóspitos de su creación. Será el punto de partida para que Wade se enfrente a jugadores, poderosos enemigos corporativos y otros competidores despiadados, dispuestos a hacer lo que sea, tanto dentro de “Oasis” como del mundo real, para hacerse con el premio.

La gama de recursos no solo narrativos sino técnicos es un hecho (como lo son las múltiples autoreferencias), y la temática del film es sugerentemente actual. Se nos habla de la hiperconectividad y de los peligros que significa, en nuestra vida, todo un tejido de intrincadas redes sociales, donde el ser humano queda cada vez más alienado y atrapado (aunque es verdad, que el director no termina de descalificar del todo, en su discurso, estas ideas, si nos propone como moraleja tratar de recuperar la realidad y no la evasión a cualquier precio). Las consecuencias de lo que acontezca dentro de ese universo virtual repercuten en los comportamientos de nuestra vida cotidiana.

En definitiva, el director nos propone además toda una amarga alegoría sobre el poder de la imaginación y los quebrantos nostálgicos y dolorosos del viaje, mediante un deslumbrante a la vez que inteligente juego de espejos, en los que los personajes se ven reflejados y traicionados.

The Post de Steven Spielberg

Sinopsis: En junio de 1971, los principales periódicos de EE.UU., entre los que se encontraban The New York Times y The Washington Post, tomaron una valiente posición en favor de la libertad de expresión, informando sobre los documentos del Pentágono y el encubrimiento masivo de secretos por parte del gobierno, que había durado cuatro décadas y cuatro presidencias estadounidenses. En ese momento, Katherine Graham, primera mujer editora del Post, y el director Ben Bradlee intentaba relanzar un periódico en decadencia. Juntos decidieron tomar la audaz decisión de apoyar al The New York Times y luchar contra el intento de la Administración Nixon de restringir la primera enmienda… Historia basada en los documentos del Post que recogían información clasificada sobre la Guerra de Vietnam. Su publicación generó un enorme debate sobre la libertad de expresión y acabó en una dura batalla legal ante el Tribunal Supremo. Todos estos hechos acontecen antes del caso Watergate. El tramo final de esta cinta enlaza con aquel caso.

La democracia puede verse en algún momento amenazada, quebrando el sistema, pero finalmente pese a todo ello, la democracia resurge con sus ideales, por encima de los periodos críticos. Esta insistente idea circula constantemente dentro de este trabajo. Así mismo se hace alarde de la libertad de expresión.

El realizador americano cuenta su narración desde dos miradas diferentes ante un conflicto ético y moral -publicar los informes clasificados o no de todos los gobiernos sean demócratas o republicanos sobre su política bélica en Vietnam, defender la libertad de expresión, desafiar al estado o pensar en la maltrecha situación económica del periódico- y que finalmente serán complementarias: la de la directora del  periódico Washington Post y la del editor del mismo. La cinta descansa, por lo tanto, sobre una extensiva cadencia de clímax verbales, por ambas partes, que se corresponden con las difíciles decisiones que han de tomarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mi amigo el gigante de Steven Spielberg

En el universo cinematográfico del realizador coexisten tres aspectos temáticos que se encuentran perfectamente interrelacionados: la querencia por los mundos desconocidos, la fantasía y los sentimientos infantiles. Algo ha cambiado, sin embargo, a la hora de abordar y desarrollar dichos aspectos en el siguiente trabajo: esos mundos desconocidos son ahora si cabe inquietantes y oscuros,  el afecto por lo extraño y lo desconcertante presentes por cierto en la literatura de Roald Dahl (Mi amigo el gigante traslada el universo literario del autor y su novela homónima, de la página a la pantalla, el guión adaptado corre de la mano de  Melissa Mathison) y los sentimientos infantiles destilan sentimientos de orfandad y sentido de la pertenencia (esto ocurre en la base existencial de la niña pero también se aprecia en el gigante y como este mismo sufre el ataque de sus iguales, los otros gigantes)

El estudioso Gonzalo Puerta da algunas claves acerca de la obra del autor inglés que convenientemente anotamos. Roald Dahl creó personajes extraordinarios que desnudan las contradicciones del mundo de los adultos”. “Sintetiza elementos clásicos, como puede ser la figura del huérfano, pero los dota de una nueva significación”. “Dahl es extraordinariamente cercano porque asume una posición próxima al niño y crítica con el adulto. “Es transgresor, cuestiona la autoridad, pero es un cuestionamiento placentero, sarcástico”. La obra del escritor y la labor del ilustrador Quentin Blake van de la mano (en un momento dado de la cinta el realizador norteamericano evoca esas ilustraciones)

El realizador norteamericano respeta el espíritu de la obra y mantiene en todo momento algo insólito: establecer esos sabios puntos inconcretos entre la realidad y la ilusión, entre lo soñado y lo vivido (los puntos de luz que atraviesan una y otra vez la pantalla cumplen esa misión), sin renunciar en ningún momento a evocar a Dickens y Conan Doyle (incluso a la propia factoría Disney)

El director acoge las nuevas tecnologías con la intención de reforzar lo que narra, así como buscar nuevos caminos a la hora de cómo contar una historia (la técnica al servicio del relato). Spielberg busca obtener en la avanzada tecnología digital una perfecta fusión de la animación e imagen real (fusión imagen real/animación con Motion Capture). Esta característica, por ejemplo, beneficia ese mundo mágico con claroscuros, en el que prevale o se impone la humanidad triste y sosegada del gigante, su vital inocencia y divertida manera de expresarse y el carácter aventurero, emprendedor, indagador de la niña.

 

 

 

 

 

 

El puente de los espías de Steven Spielberg

En el inicio de la cinta somos testigos de una especie de dualidad que habita en un primer plano (abre la cinta, un hombre de mirada neutra, se mira en un espejo, veremos más tarde; en un lateral; que además existe un lienzo con el mismo rostro, un pintor frente a su autoretrato en definitiva, este es el mismo hombre que será más tarde perseguido y detenido por espía ruso). Vienen los primeros compases del film a anunciarnos que nos hayamos en un mundo gris, de áreas grisáceas (podemos fiarnos de lo que vemos, me pregunto). Áreas grises anunciadas que actúan como sugerentes metáforas de los desdoblamientos y tensiones, que giran alrededor de una trama urdida por el realizador (contribuye la excelente fotografía de Janusz Kaminski)

Una vez descrito el contexto histórico en el que nos hayamos. Finales de los años cincuenta, son tiempos de la Guerra fría, el argumento se desdobla en dos escenarios New York y Berlín.

Una primera parte trascurre en New York (todo el procedimiento jurídico). En este somos testigos del carácter de nuestro protagonista. Donovan es tenaz, inteligente, idealista. Defiende al espía ruso. Su jefe le pide que haga una defensa protocolaria del espía, aunque no puede evitarse la condena. Donovan es un profesional y no hace tal cosa. Es un hombre ético. Esta actitud pone en peligro no solo la firma, sino la integridad suya y la de su familia.

Definido perfectamente el carácter férreo y diplomático de Donovan. En el segundo bloque es la CIA quien lo contacta. Este debe mediar entre gobiernos y negociar un intercambio de espías que debe producirse en Berlín (ciudad desdoblada, el muro de Berlín se levanta en esos momentos). Dos subtramas paralelas vienen a completar el argumento principal, la historia del piloto de vuelo que sobrevuela el espacio ruso y es abatido, y la historia de un joven estudiante detenido en el lado erróneo del muro. Ambos personajes son las piezas de un juego estratégico.

El director americano nos propone un film impecablemente rodado. Toda una realización de corte clásico

La tensión más paranoica se adueña en un momento dado del metraje. Las situaciones más absurdas, a la vez más cómicas escritas por los hermanos Coen, a partir del texto original de Matt Charman, se infiltran en la trama (bloque que trascurre en Berlín). Todo ese sentido del humor armoniza perfectamente con el calado emotivo de la cinta y la nobleza humanista que se desprende del cine de Spielberg (entre lo trágico y el juego encuentra el tono la cinta dice Carlos Reviriego).

No sabemos en ningún momento hacia donde nos dirige la cinta, cúal será el destino. No somos capaces de predecir. El desconcierto juega con la psicología del protagonista, pero también con nosotros espectadores. Esta ruptura de la expectativa concede a la trama un extraño vuelo libre (justo cuando la misma se traslada a Europa). Es entonces cuando se renuncia a un posible thriller, para concentrarse el argumento en las tensiones de ese noble arte que es la negociación. La palabra es la protagonista de esta partida de ajedrez (también habita una necesidad de reconocerse en el otro, en ese enemigo declarado nos sigue diciendo Carlos Reviriego)