The Assassin de Hou Hsiao-Hsien

Nos encontramos ante una radical revisión del wuxia oriental –los combates se resuelven lo mínimo, son siempre rápidos y secos-. Una apuesta abstracta y conductista, cuyo uso del tempo narrativo viene a dilatarse. Esta apuesta también alcanza en su atrevimiento a un uso narrativo y visual siempre depurado – la cinta, desde su nacimiento, posee un sofisticado grado de estilización que se materializa, por ejemplo, en una puesta en escena capaz de sugerir múltiples capas de sentido a las que el drama no deja de abrirse durante todo el metraje-. En definitiva, estamos ante obra bella no solo en lo aparente, sino en su construcción y ritmo interno. Una obra donde la emoción es su razón de ser frente al psicologismo –bajo la misma subyace una meditativa, serena y algo fúnebre indagación de las contradicciones entre el deber y los sentimientos, entre la obediencia a las normas y la fidelidad de la moral propia, según palabras dictadas por Carlos F Heredero tras su visionado en Cannes 2015-

Al realizador le interesa la intimidad de los personajes, las contradicciones internas de la protagonista, la inmersión de todos los personajes dentro de los espacios tanto exteriores como interiores, y que la cámara siempre filma como si fueran grabados pictóricos, tan bellos como al mismo tiempo dolorosos

2015: Festival de Cannes: Mejor director

Café Lumière de Hou Hsiao-Hsien

El proyecto original de este trabajo fue un homenaje al realizador japonés Yasujiro Ozu.

Café Lumiere es una cinta de tempo lento, impresionista en su tratamiento siempre directo a la vez indirecto, trascendente, también lo contrario. Planea en principio la ruptura generacional, la quiebra de los códigos morales establecidos entre padres e hijos, los padres tratan de entender a los hijos, sus motivaciones, estos los ignoran, desean vivir sus propias vidas -la protagonista embarazada de su novio taiwanes, de regreso ahora a Japón, está dispuesta a seguir adelante, siendo una madre soltera, los padres, su padre y su madrastra no ocultan en la intimidad su preocupación por el futuro de Yoko, más tarde o más temprano tendrán que hacerse cargo de la criatura, utilizar como manutención sus pensiones para mantener a ambos, Yoko es independiente, no tiene dinero, las emociones parecen dominar, la cámara se mantiene atenta pero en la distancia, sin juzgar-.

Aunque es verdad existe por encima de todo una capacidad por documentar, registrar – alusión a los Hermanos Lumiere-, dejar testimonio, por lo que el conflicto que antes hemos mencionado solo parece subsidiario –solo esbozado, apuntado-.

El relato no tiene una estructura narrativa convencional, estamos más bien ante lo anecdótico, no importa una trama elaborada, por lo tanto al mismo nivel que la problemática del embarazo se sitúa la investigación periodística de Yoko, y el deseo por capturar el funcionamiento de la línea de trenes de Tokio por parte de Hajime, dueño de una librería, quien mantiene una amistad con Yoko, la joven periodista, escritora.

Café Lumiere no es de ninguna manera un documental, se filtran los sueños, las resonancias  de  leyendas occidentales -los cuentos tradicionales alemanes-, el pasado que se entromete –el regreso del tío de Yoko con quien se crio en una aldea rural, aunque esta mantiene una buena amistad con su padre-, la querencia por el viaje –el desplazamiento de un lugar a otro, en un mundo intrincado, andenes que se entrecruzan, túneles, sonidos, vida, monotonía, incomunicabilidad, contradicción, pasos a nivel-; precisamente de esa alternancia entre lo urbano y cierta introspección íntima emerge cierto lirismo dentro de una propuesta visualmente armónica.

Stray dogs de Tsai Ming-liang

El cine tiene verdaderas propiedades de cómo parar el tiempo o como el cine y nosotros con él somos capaces de percibir el tiempo.

Reflexionamos acerca de cómo configurar el pasado de nuestros personajes a través de una mirada cinematográfica (arte) que se adentra, que deambula por edificios enfermos (con goteras), cuyas grietas pertenecen a una sociedad, la nuestra, enferma.

La ciudad y sus incertidumbres sociales ya bien sean arquitectónicas o propiamente sociales, las metamorfosis inmobiliarias, las nieblas que son brumas topográficas, la noche plena disolución que se escapa, las esperas lánguidas generadas por la humedad de la lluvia que arrastra pero además arrasa……

El director es un poeta en potencia, su mirada es poética. Él es capaz de dominar el espacio claro está, pero también es capaz de dominar la alienación, la soledad, el vacío. En esta producción coexiste, es cierto, un realismo interno, pero participa de un ensayo que reflexiona además sobre la vida y como no el arte.

El realizador nunca abandona lo humano, si es preciso, hasta la desesperación. Las imágenes abordan, aíslan, pero también son capaces de trasmitirnos en sí mismas toda la pureza – nos hacen sentir la pureza de un can callejero que espera, que solo espera o que necesita que alguien le dé aunque solo sea un resto de alimento. El film es un ejercicio de transición de la oscuridad a la luz incierta. El film  nos adentra en lo urbano que se contrapone con lo rural. Stray dogs nos habla de como tras el sueño al despertar la mente deambula por los senderos cotidianos del ser humano sin hogar… Esta es una cinta que emerge una y otra vez a través de conexiones simbólicas y de una extraña poética minimalista que bebe de lo elegiaco.

Cada plano de esta producción es una coreografía que pertenece a una especie de danza irracional, una llamada al sueño. Permanecemos, deambulamos, contemplamos, el director nos invita a leer entre líneas dentro de sus impecables composiciones de juego e imagen. Somos arrastrados por la fuerza de la naturaleza cuando esta se rebela. Somos expulsados de una sociedad que ya no nos cobija, no pertenecemos a su estructura, supervivimos –esto lo sabe perfectamente el tratamiento de la imagen, somos capaces de ver lo bello de la miseria, el arte en algún punto puede consolarnos-

2013: Festival de Venecia: Gran Premio del Jurado
2013: Festival de Sevilla: Mejor director