Historia de una pasión de Terence Davies

La soledad es reveladora, al tiempo una constante y progresiva rebelión, apenas silenciosa. El sentido de pertenencia como signo íntimamente ligado al alma se desposee del mundo que gira alrededor. Estas dos ideas fuerza definen el último trabajo del realizador Terence Davies.

El argumento queda definido o determinado por la clase social a la que se pertenece y de cómo ésta clase afecta a la cuestión de género (de la protagonista). He aquí dos cuestiones tan profundas que condicionan el estado de bienestar de nuestra protagonista, que permanece siempre a la deriva. De este modo, el realizador se distancia en narrar un anodino biopic, evitando mostrar simplemente una sucesión de acontecimientos pertenecientes a la vida de Emily Dickinson, creando así un espacio libérrimo, como también encorsetado, como contexto donde se desenvuelve nuestra protagonista.

Es cierto que existe un orden cronológico pero el trayecto de este viaje se manifiesta desde lo íntimo hacia fuera y viceversa. Captamos como algunos acontecimientos influyen en la vida de la poetisa, pero será siempre a partir de una sobria puesta en imágenes de esencia poética. Así es como se presentaran los mismos. El punto de vista de la poetisa en nuestro, lo asumiremos como propio, incluso todo lo bueno y lo infame, toda la luz y la oscuridad (la presencia interpretativa de Cynthia Nixon es fundamental, suficientemente expresiva, los diálogos contribuyen).

Davies juega con la temporalidad. La poesía de la escritora no gozó de éxito. Al tiempo se nos explica en imágenes la existencia frustrada a través de la crónica en imágenes (y personajes) de sus odas. Es por lo tanto, atendiendo al contenido como conoceremos las personalidad y la identidad de la poeta. Ese contenido, en definitiva, está relacionado íntimamente con la obra y también con la vida (el audio en off se utiliza con una finalidad estética claramente focalizada en esta función, nos argumenta Fernando Solla en su crónica para la revista Cine divergente).

A través no solo de las imágenes y su tratamiento pictórico, como la puesta en escena (y el manejo sonoro de los diálogos) procuran facilitar el devenir y desarrollo de la protagonista.

Solla apuntala. La película se puede explicar a partir de los dos elocuentes y fascinantes travelling laterales que definen en escasos segundos todo el universo familiar de la protagonista y del resto de personajes que la conforman (padre, madre, hermano y hermana). Todos ellos tendrán su desarrollo individual a la vez que se mostrará su influencia e interacción con su atribulada hermana. En un solo plano Davies y Hoffmeister son capaces de transmitirnos todo un universo simplemente filmando a cada personaje y su momento de intimidad compartida en la sobremesa. Lectura, labores, siesta… Un asiento para cada inquietud y un final compartido para todos: arder en el fuego del hogar (fuente cine divergente).

Continúa argumentando. El contraste entre ambos planos será definitivo. A la vez, el gran hallazgo del filme es cómo los intérpretes que defienden a los personajes jóvenes se transforman (ante el espectador) en los adultos a través de la filmación del retrato de cada uno de los protagonistas. Esa especie de fusión ante la absorta mirada de los espectadores propulsa además el ámbito de acción de la propuesta, permitiéndonos empatizar con una situación que no por particular nos resultará ajena (Fuente cine divergente).

Sunset Song de Terence Davies

El realizador británico se decanta en esta ocasión por adoptar una conocida novela escocesa de Lewis Grassic Gibbon publicada en los años treinta. La crónica lineal de un tramo de la vida de Chris Guthrie. Sunset Song sigue al pie de la letra ese discurrir lineal (salvo un extraño flashback que acontece innecesariamente de manera reiterativa justo al final de la cinta y que no vamos a desvelar).

La adaptación de Davies es completamente fiel al texto en estilo, contenido y resonancias (sus virtudes artísticas, puesta en escena y fotografía son sencillamente majestuosas). La cinta avanza velozmente gracias al uso intensivo de las elipsis (se muestra en la primera mitad de la cinta ese talento que posee el realizador para entrelazar lo que es personal y lo que es colectivo, lo propiamente íntimo y lo social logrando a tramos esas cualidades líricas que le son tan identificables). Sin embargo la capacidad que Davies posee para crear esa acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales entre el lenguaje fílmico y el lenguaje literario no termina de convencer. La narración demasiado épica y tradicional (previsible a todas luces) impide, que en ocasiones, florezca ese pulso poético inigualable y esa modernidad absoluta que el cine del cineasta destila. La inventiva formal no termina de cautivar (voz en off, monólogos interiores, canciones que declaman la intensidad vital de los personajes, por ejemplo) no nos emociona, no termina de entrar en contacto verdaderamente con la médula de la trama. En definitiva la propuesta no consigue amplificar el guión de resonancias que la novela posee, por tanto su resultado es a todas luces tímido a pesar de darse en la trama diversas obsesiones siempre presentes en toda su filmografía (la resistencia femenina, la sublimación romántica, el amor maternal, la violencia paterna, la sumisión de la mujer, características estas que surgen de lo íntimo situándose convenientemente dentro de un contexto histórico)

 

 

 

 

 

 

Of time and the city de Terence Davies

Solo se puede ser un manipulador temporal, es decir operar con las manos o intervenir mediante un instrumento, es decir teniendo en consideración el montaje (utilización de imágenes de archivo en blanco y negro y de estas al color, fotográficas, citas literarias intervenidas como significante pero también como significado desde Eliot a Dickinson o Jung o Engels, adiestradas mediante composiciones simétricas que no ocultan sus raíces en la música clásica desde Mahler a Sibelius o Bruckner o los Hollies, cuya estructura estilísticamente sinfónica se dota de un ritmo medido controlado), para adentrarse en la ficción evocada -siempre imperfecta-, que en este caso va más allá de ser un poema visual o un mero ensayo temporal, sino que al estar este contaminado, no oculta que lo narrado por subjetivo -evocado-, mediante voz en off (articulada mediante digresiones), o participando de otras voces, no ocurra ni sea fidedigno, si se echa mano del recuerdo (constatar que hubo algo, y que ya no está físicamente, solo permanece gracias al cine porque a través de la repetición es capaz de hacer volver ese tiempo, esos lugares transitados), que puede tender a la repetición concéntrica -sin dejar de ser lineal en su trascurso-, pero delimitando solo una parte de ese escenario natural y sentimental, donde la acción trascurre, y que es Liverpool, con sus trasformaciones no solo materiales ( la intervención cambiante de la arquitectura incide como demolición y sustitución, que en ocasiones tiende a volatizar los sedimentos convertidos en relato y por qué no en narración), sino espirituales, cuya sensibilidad esta siempre apegada a la condición obrera de clase (en su dignidad) y su desgarro (el del propio realizador en permanente conflicto frente a la familia, al padre dictador y castrador, también hacia Dios y el concepto de culpa, al propio descubrimiento de su condición homosexual, a la liberación que supuso el cine y las tardes de futbol como redención sin que no existiese una tensión entre las creencias y los deseos; también a la condición de clase y la necesidad y austeridad, siempre en dialéctica crítica frente a la sociedad alienante, que ha sido subyugada por los estamentos superiores; la iglesia y la monarquía, cuando no las diferencias sociales y la guerra; la banalidad surgida desde lo ahistórico y que irrumpe en el presente frente al pasado, y que viene a ser la influencia del pop o el exacerbado consumo que seduce, anulando la personalidad y lo que ha acontecido, desde este hoy que es presente, asolándolo), por no mencionar históricas (que en ocasiones se detienen como materia o avanzan linealmente)