I’not there de Todd Haynes

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Hasta donde llega el mito, aún nadie lo sabe, se especula la leyenda bajo seis digresiones -hasta seis personajes- que viajan en viejos trenes de un lado a otro -como en una inacabable gira por el mundo- y una y otra vez la vida trae otro viaje y otro, y así ya tantas veces la carretera, algo tiene que ver, son aproximaciones, rescoldos conocidos, más bien aproximativos, reinterpretados también (reconstrucción de imágenes de archivo, reelaboración de portadas de discos, hasta de imágenes de archivo y destellos que fueron conciertos); pero todos ellos, esas seis caras son sin duda Dylan, y no es un biopic, ni siquiera al uso, no es una hagiografía, más bien es un misterio ambiguo, siendo abstracto y caleidoscópico y visceral hasta el intelecto, pero al mismo tiempo extrañamente equívoco, sin dejar de ser una leyenda encerrada en un poliedro donde armonizar imagen y música sin entorpecerse -de Dylan u otros o los otros, y además textos, hipertextos, notas al pie; puede que de página o de pantalla-, eternidad y solemnidad e impostura, además fragilidad, desmesura, autodestrucción y estrellato y fuga, y reaparición (reinvención), y demás máscaras donde esconder la personalidad, sin dejar por un momento de ser creativo, y aún así tras el viaje seguimos desconociendo al personaje, solo ironías, quizás ni tan solo el destino, una y otra vez viajando hasta la eternidad eterna, I ́m not there.

Wonderstruck de Todd Haynes

La cinta constituye una más que interesante adaptación de una novela gráfica de Brian Selznick. La cinta indaga creativamente acerca de las conexiones entre el pasado y el presente (la acción se desarrolla paralelamente en dos tiempos, en los años veinte y los setenta del pasado siglo), el cine mudo y el sonoro, la audición y la sordera,  la imaginación y la realidad, el blanco y negro y el color. Nuestros protagonistas, en dos tiempos diferentes buscan encontrar respuestas dentro de un mundo real donde no las encuentran. He aquí los motivos por los que emprenden el viaje a New York.

No es fácil de definir esta cinta. Su estructura de por si es compleja. El  director sigue teniendo querencia por indagar en los cambios de modelos narrativos, dotándolos de sensibilidad lírica.

La primera parte de la cinta destaca por su virtuosismo. Un más que deslumbrante concierto armónico que evoluciona como un prodigioso gabinete de las maravillas (el montaje es fundamental porque es capaz de sintetizar una historia y trenzarla, porque otorga a la narración un cariz dialéctico y que al ayudarse de una notable composición sonora y musical dota y refuerza a la cinta de una notable y personalísima identidad dramática mediante un interesante juego de ruido, volúmenes,  colores  y  silencios y que también refuerzan el sentido dramático, sin apenas desatender una planificación que mima escrupulosamente una planificación centrada por un lado en la objetividad de la representación y por otro la vivencia subjetiva de los hechos). Lentamente y de manera imperceptible el film, en su segunda parte, hace confluir las dos líneas narrativas abiertas. Esos dos pliegues trazados por el tiempo irán aproximándose de manera un tanto explicativa, dentro de un espacio y destino común.

Sinopsis: Ben y Rose son niños de dos épocas distintas, que desean en secreto que sus vidas sean diferentes. Ben sueña con el padre que nunca conoció, mientras Rose lo hace con una misteriosa actriz cuya vida narra en un libro de recuerdos. Cuando Ben descubre una pista en casa y Rose lee un tentador titular en el periódico, ambos comienzan una búsqueda que se desarrollará con una fascinante simetría.

 

 

 

 

Carol de Todd Haynes

Un nuevo retrato femenino, en este caso por qué no decirlo doble. Las protagonistas de este melodrama ven limitado su amor. A pesar de todo luchan contra las convenciones sociales de un tiempo y sus códigos impuestos. Conocedor de ese universo turbulento emocional (ver Lejos del cielo o la serie Mildred Pierce), el realizador consigue llevar a cabo un primoroso, a la vez que sofisticado, ejercicio de estilo que huye de todo exhibicionismo, sin renunciar a ese torbellino de emociones amorosas siempre latentes a pesar de una moral dominante –adaptación de una conocida novela escrita por Patricia Highsmith-

Por un momento acudimos a la sinopsis del film, anoto al pie de la letra. Nueva York, años 50. Therese Belivet es una joven dependienta de una tienda de Manhattan que sueña con una vida mejor cuando un día conoce a Carol Aird, una mujer elegante y sofisticada que se encuentra atrapada en un matrimonio infeliz. Entre ellas surge una conexión inmediata que irá haciéndose más intensa y profunda, cambiando la vida de ambas para siempre

Todd Haynes, en términos formales, encuentra en los melodramas de Douglas Sirk sus anclajes, sin embargo la cinta fluye en si misma con su voz propia, adquiere esta su propia intensidad. Haynes es algo más que un siempre estilista que consigue dar forma material a esos emocionales remolinos de viento que circulan bajo la historia de amor -contribuye a ello dos grandes interpretaciones, Cate Blanchett y Rooney Mara-

La hondura de la cinta surge desde el interior de la misma, respondiendo claro esta tanto a las llamadas opciones formales como a las de su puesta en escena -esos constantes juegos con los espejos y los cristales, con las puertas y sus reencuadres, con las luces y los neones y las calidades fotográficas y de iluminación, con el tratamiento de los espacios y el diseño del vestuario, con la planificación de cada una de las situaciones, con la atenta mirada de las actrices-

2015: Festival de Cannes: Mejor actriz (Rooney Mara)

2015: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor film, director, guión y fotografía