Ahlat Agaci de Nuri Bilge Ceylan

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Un hecho menor aparente le permite al director representar, como si de un lienzo que va dibujándose se tratara la sociedad, definiendo los anhelos, sacando a la luz las tensiones.

Lo dramático describe y determina a cada uno de los personajes intervinientes, mientras que el entorno natural se convierte en una declaración natural imperturbable de algo que ronda la tragedia, pero que nunca llega a consumarse. Más bien se trata de una grave descripción a nivel particular que surge, hasta el punto sencillamente de elevarse finalmente como una metáfora de un país.

El momento desilusionante por el que pasa Turquía hace patente este hecho, pero evita todo alegato político, alejándose de todo panfleto al uso. Muestra tan solo a sus personajes y como estos están implicados en el entorno social.

La cinta se divide en tres actos. Todos ellos ligados al regreso de nuestro protagonista al lugar donde nació. Seinan tras cursar estudios superiores regresa al hogar, se presenta a unas oposiciones (escasas plazas). No existe la certeza que vaya a aprobar. Es tiempo de redescubrir a los suyos, encontrar amigos de juventud, también conversa con un escritor de sus anhelos por publicar su primer libro. No hay salida alguna. Seinan cree en su propia verdad, contrariamente a una sociedad fuertemente marcada por los mitos y la religión, que solo cree en la revelación. En un segundo acto, Seinan regresa nuevamente al hogar, ha publicado esta vez  su libro y sueña con el éxito, pero este nunca llega, por otro lado los problemas económicos del hogar familiar se agravan. En el tercer acto regresa nuevamente, ha terminado el servicio militar, pero sus esperanzas se han cerrado por completo. Seinan ignora su destino, su horizonte vital de vida.

El director filma su cinta a partir de largos y decisivos diálogos con una mirada de vocación lírica, tratando de indagar alguna salida nunca nihilista, nunca desesperada. Confiar aún en el mundo.

Kedi de Ceyda Torun

Kedi es un documental que nos habla de la cotidiana (incluso histórica) presencia inmanente de los gatos que deambulan por las calles de Estambul.

La posible singularidad inicial va malográndose durante el anecdótico trayecto, debido a su carácter unidireccional. El mundo felino esta visto desde la perspectiva laudatoria del ser humano. Algunos ciudadanos cuidadosamente escogidos se sienten seducidos y lo manifiestan delante de la cámara con sus palabras y gestos. Los adoran, nos relatan historias que tienen que ver con su experiencia a la hora de convivir con los mismos. Se tiende a reseñar y revelar experiencias, mezclándolas con supersticiones y delirios religiosos (espirituales).

La factura del documental es apreciable. Esta estupendamente bien montado. Habitan en el interior de documento ingeniosas asociaciones de imágenes y pertinentes juegos de cámara y puntos de vista.

Kor (Ember) de Zeki Demirkubuz

Kor es ante todo una tragedia abrasiva. Nuestra protagonista femenina se encuentra atrapada y determinada entre la sumisión patriarcal al esposo y la soledad manifiesta que la cercena. La inteligente puesta en escena contribuye claramente a demostrar estas dos ideas (el realizador aprisiona a los personajes en interiores, la cámara les captura desde la distancia mientras su encuadre se quiebra y su formato tiende a achicarse invadido por columnas, esquinas, marcos de las puertas). En definitiva, cada tramo narrativo de Ember es una auténtica revelación. Un abrasivo relato que quema, aunque ese fuego parezca invisible.

Con esta insistente negación de un punto de vista más directo, Demirkubuz ahonda en la insatisfacción voyeur que supone su propuesta de contención expresiva mediante un sobrecogedor uso dramático del fuera de campo y un montaje que resalta, en consonancia, la interrupción que supone cada corte y la duda del irrecuperable vacío existente entre secuencias (Rafael S. Casademont sobre Kor, análisis publicado por Caimán cuadernos de cine, Junio 2017)

Sinopsis: Cema, su esposa Emine y su hijo vivirán una pesadilla cuando él es detenido en Rumanía. Emine y su hijo enfermo quedan desamparados con la imperiosa necesidad de que el pequeño se someta a una operación para salvar su vida. Emine comienza a trabajar en la fábrica donde se encuentra con Ziya, ex jefe de su marido. El tiempo pasa y Cema regresa, ve a su hijo sano y salvo y a su mujer trabajando. Pronto Cema se entera que su ex jefe pagó la operación y que es muy cercano a su familia…

 

Kosmos de Reha Erdem

Un largo plano secuencia, a lo lejos un hombre huye, nada sabemos, corre desesperado gritando, la cámara se acerca, se acerca a un rio, una mujer pide ayuda, este hombre salva a un niño que se ha ahogado, introducción. Un largo plano secuencia, un hombre se distancia de la cámara, huye, algo ya sabemos, hemos vivido dos horas con este, lo que le ocurre, se aleja, hacia dónde, concluye.

Kosmos se asienta en un incierto espacio, un espacio desangelado, desolado, sabemos que ese lugar es un lugar fronterizo -gobernado por una autoridad militar-, abstracto, existe, pasa el tiempo, tempo lento –planos largos-, introspectivo, contemplativo, un instante que pasa, Kosmos, quién es Kosmos, por sus obras lo conoceremos, su pasado no existe, existe el presente, el narrador omnisciente deja que su personaje actué, un santón quizás, un sanador, un farsante que desafía la gravedad, un extranjero, un personaje frontera, alguien que sin duda cambiará la vida de un pueblo con sus milagros –puede que lo contario-, un indicio o señal de futuro, pero en qué tiempo estamos,  el mundo moderno. No existen juicios, salvo las interpretaciones que queramos dar nosotros los espectadores.

Kosmos es una cinta hipnótica -utilización del sonido, armónico y pertinaz montaje, poderosa iluminación- extraña, inquietante, al tiempo contemplativa, de resonancias tarkoskinianas, hábil y sugerente narrativa que tiende a proyectar sus ramas invadiéndolo todo – esencial y metafórica puesta en escena-, donde viene a infiltrarse un extraño lirismo capaz de confundir con su aliento los niveles de realidad, los niveles de ficción

 

Winter Sleep (Sueño de invierno) de Nuri Bilge Ceylan

La compasión es en realidad el refugio de la cobardía. Soñamos con ideales, con grandes empresas, acabamos siempre fracasando. La compasión es un mal, un recurrente discurso de una clase social determinada, el fracaso de los sueños tiene que ver con el alma interior, se manifiesta en la crisis en que vive Aydin. Todo es tan frágil, tan quebradizo que de nada sirve controlar tu pequeño mundo.

Los seres que habitan este drama padecen letargo. Este es su invierno, un frio invierno. Un erosionado paisaje de la Anatolia Central (Capadocia). Aydin vive casi enclaustrado del mundo, administra un hotel, administra su hacienda como resultado de la herencia familiar. Tiene interés por escribir la historia del teatro turco, escribe algunos artículos destinados a la prensa local acerca de los problemas del desarrollo del turismo, entre otras cosas. Aydin está frustrado, nunca consiguió ser el gran actor que él esperaba. Como intelectual de la zona intenta dar lecciones, actúa sin embargo con indiferencia con los seres que lo rodean, según él el resto del mundo no está a su altura intelectual. Un buen día algo ocurre, un hecho inesperado, es entonces cuando despierta del sueño. Durante un recorrido por su hacienda, un muchacho lanza una piedra al coche donde viaja Aydin. Ese muchacho es hijo de un padre que ha estado preso. Ese muchacho pertenece a una familia pobre que no puede pagar el alquiler de la vivienda, van a ser desahuciados, no soportan estos la presión del patrón. Aquel gesto que se produce hace que Aydin se plantee su mala conciencia, esa indiferencia avanza hacia una incierta compasión. Nihal es la esposa de Aydin, es una muchacha joven comprometida, es caritativa, lucha por desarrollar acciones sociales centradas en políticas de desarrollo beneficiosas para la zona. La compasión penetra en el entorno familiar como una especie de conflicto interior que les vincula con el mundo exterior, también es una manera de tratar de suplir una mala conciencia. Avanza la trama, parece que la compasión va a imponerse, pero en realidad es solo un gesto de cobardía frente a la crisis social.

Ese despertar hacia la vida exterior, hacia ese mundo exterior es también un despertar que se produce en la vida interior. Pasan los días con lentitud dentro del trascurrir de la vida de ese hotel, el tedio se adueña de ellos, pero como hemos aludido ese hecho fortuito va a desestabilizar las relaciones. Junto al matrimonio vive Necla, la hermana de Aydin, ella se ha divorciado. Necla vive torturada por todo tipo de remordimientos. Su existencia es vacía. Vive con amargura. Su crisis personal termina proyectándose en el matrimonio de su hermano Aydin y Nihal. Nihal está cansada. Su vida resulta monótona. Siente un vacío interior que la consume, siente ese tedio de la vida cotidiana, de ese paso lento de las horas. Comienza a sacar a la luz secretos de matrimonio, conflictos matrimoniales, lanza reproches envenenados contra su esposo. La tensión delata el fracaso matrimonial, se esconde una sensación además de fracaso vital. Los sueños se destruyen cuando en realidad la identidad y la condición de los seres se desnuda.

Filma el cineasta turco su propuesta a partir de un interesante juego entre dos luces. La luz que habita en esos espacios interiores tiene un tono amarillento, es sin dudarlo una luz otoñal, marca el declive de los personajes. La luz en el exterior viene marcada por ese paisaje de la Capadocia, esa luz en invernal. Se nos viene a indicar, que más allá del aletargamiento que reza el título de la cinta, existe además un enfriamiento, que se va haciendo progresivo, un enfriamiento de las pasiones, un enfriamiento de las emociones.

Es importante destacar esa manera que el cineasta tiende a tornar hacia un cierto clasicismo, incluso la puesta en escena en esta ocasión tiende a ser sobria. En realidad, dentro del trasfondo de la trama, anidan tres cuentos de Chéjov que actúan como una especie de subtextos que remarcan ese sentido chejoviano del drama. Tras unos pequeños instantes que nos revelan cierto tránsito vital, surgen; como hemos indicado con anterioridad; unos sentimientos profundos que han estado ocultos, aletargados en ese frio devenir de la existencia. Ese tono, esas resonancias chejovianas, esos ecos que se hacen presentes hacen que los mismos sean el eje central de la cinta, y ese pulso delator de la tragedia se tensiona, es solo entonces cuando la palabra adopta todo su protagonismo. El director organiza una parte importante de la película alrededor de largos duetos, durante los cuales la gravedad intensa del drama viene a penetrar por esa grieta existente entre aquello que se viene a decir y aquello que se oculta en el corazón. La palabra protagonista, la palabra ese artificio que radiografía el interior de los seres –por qué no pensar en aquellos retratos bergmanianos en torno a la problemática de la convivencia-

Sueño de invierno dialoga con las artes. Se trata de manifestarnos que el cine es un arte impuro. Viene a demostrarnos que lo que está oculto viene a emerger a la superficie, con la intención de ayudarnos a saber quienes somos, a comprendernos, y a explicarnos en que frondoso bosque nos hemos perdido.

2014: Festival de Cannes: Palma de Oro y Premio FIPRESCI

Beyond the hill (Tepenin Ardi) de Emin Alper

Cinta hábil al mismo tiempo extraña, en cierta manera consigue desubicarnos, sin embargo nos atrapa aunque su universo no nos pertenezca.
Anatolia, sus grandes espacios abiertos. Algunas resonancias quizás con el cine del maestro Nuri Bilge Ceylan, no solamente el espacio elegido donde viene a localizarse la narración, sino la forma en la que la historia es planteada, la forma de indagar en la psicología de todos y cada uno de los personajes siempre de manera un tanto sutil. Es cierto, el realizador plantea un elemento fantasmagórico que recorre todos y cada uno de los recovecos de esta producción que nos permite intuir todo tipo de metáforas (la historia de un país Turquía, la historia de sus demonios tanto internos como sus enemigos externos)

La violencia va creciendo poco a poco, se intuye desde luego, como si se tratase de un personaje que está continuamente fuera de cámara. Va creándose una permanente tensión, siempre controlada; claro está; por el realizador.

2012: Berlín: Mención especial del aforo
2012: Sarajevo: Premio del jurado a mejor película

Sinopsis: Al pie de unas colinas rocosas, Faik lleva una vida de granjero solitario junto a su mujer. La llegada de los nómadas que atraviesan la región supondrá una amenaza cada vez más peligrosa.

 

 

 

Jin de Reha Erdem

Jin es el nombre de una muchacha guerrillera kurda atrapada en un conflicto bélico; apenas se hace referencia de este. Un día la muchacha abandona a sus compañeros de grupo. La chica se mueve con destreza entre las montañas. Evita ser descubierta por los militares turcos que operan en la zona. La adolescente esconde sus armas cuando necesita llegar a la civilización. Apenas sabemos de su pasado, advertimos eso si un delicado conflicto personal, su padre murió siendo ella niña, en cuanto surja la oportunidad la adolescente llamará a su madre –contactará con su madre por teléfono, si es preciso, para informarla que se encuentra bien-

En Jin se confronta claramente el simbolismo que ofrece la naturaleza como valor con los puntuales momentos de violencia. La adolescente tiene que eludir estos últimos si quiere sobrevivir.

El realizador filma hermosos paisajes naturales abiertos en grandes planos generales, siempre acentúa la soledad de la protagonista que se guarece como puede en los mismos. Desde luego es apreciable un meticuloso uso del tempo narrativo.

El cineasta prioriza la condición fabuladora de la narración (los encuentros de Jin con los animales). Recurre Erdem a cierto uso de la parábola, tendiendo la misma a revindicar el pacifismo como forma de entablar cierta querencia hacia la conciliación entre las partes enfrentadas de un conflicto, que viene durando ya décadas –ejemplificado a modo de alegoría justo cuando Jin atiende con cierta determinación a un soldado turco malherido-. Es esta lectura humanista, por tanto, la que es capaz de dar visibilidad a un rol femenino que viene a sufrir la indefensión, fortaleciendo; aún más si cabe; la conexión especial que la muchacha establece de manera natural con su entorno dentro de este estilizado drama de supervivencia