Chernobyl de Craig Mazin, Johan Renck

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Esta es una serie que bebe directamente de las fuentes científicas, literarias, periodísticas, documentales acerca de los hechos que rodearon la catástrofe de Chernobyl, sus causas y sus fatídicas consecuencias (incluso a día de hoy). Su estructura narrativa es evidentemente coral (un tanto infrecuente), y su estilo está marcado por cierta tendencia al documentalismo. Avanza la serie firmemente, y de manera cohesionada y fidedigna, en todo momento.

La serie es deudora del cine de catástrofes, y nos sorprende finalmente como un Thriller judicial bien tensionado (último capítulo). No oculta carices melodramáticos (terroríficos), dialécticos (acerca de dilemas éticos y morales que van planteándose, donde se nos enfrenta constantemente a decisiones extremas), políticos (se ahonda no solo en la gravedad de los hechos, sino también en los comportamientos del aparato represor del estado soviético), también históricos (pese a algunas licencias artísticas, aquel suceso marcó el fin de la Unión Soviética).

Hierro de Jorge y Pepe Coira (Serie Tv)

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Una vez vista la serie, su trama no resulta, desde luego original, sin embargo en su trayecto, y por la forma de estar narrada, resulta cuanto menos aditiva, eficaz, a la hora de perfilar todos y cada uno de los personajes intervinientes, sin olvidar sus características humanas y motivaciones y cambios.

Así mismo, la serie va tensionándose minuto a minuto, gracias a su habilidad en ir generando suspense, estableciéndose una cierta lógica a la hora de insertar diversos giros. Además es el espacio narrativo abierto, la isla canaria del Hierro, un personaje más de la narración, que da a la misma un carácter a la vez singular y único, cuyos contrastes cromáticos y climáticos van mimetizándose con una narración cada vez más oscura y siniestra. Lo atmosférico y sus cambios, por lo tanto, determinan la acción y a los personajes intervinientes (esencial es la utilización de la luz, el montaje y la composición sonora).

Estructuralmente, su primera parte pivota alrededor de la culpabilidad, al tiempo que se van desarrollando diversos sucesos y la propia investigación en curso; la segunda parte una vez sabido el culpable, la acción va tensionándose, volviéndose más turbia y poliédrica hacia un primordial punto de tensión.

Destacan las interpretaciones.

Cuatro estaciones en la Habana Félix Viscarret

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Adaptación de cuatro novelas escritas por Leonardo Padura, que tienen como protagonista al detective Mario Conde (la serie ha contado con el propio autor y su esposa Lucia López Coll como escritores del guión).

No se trata, de ninguna manera, de cuatro episodios o cuatro casos aislados (rodados en formato cinematográfico) donde se nos narran diversos asesinatos y su resolución, ya que los mismos tienen una continuidad narrativa. La acción se sitúa en la Habana de los años noventa.

La serie noir se estructura de una forma narrativa clásica, abogando por la purificación de las formas propias del género (su  lógica narrativa),  las atmósferas decadentes, su estilo directo (ritmo pausado y fluido) y sus personajes bien perfilados, aunque no complejos, en esta ocasión, en su análisis.

Subyace la ironía y cierta capacidad de análisis de crítica moral (aunque al trayecto de la trama le falta mayor profundización), dentro de un universo donde convive perfectamente la amargura y la melancolía, y la oscuridad (la utilización de una paleta de colores contrastada trasmite sensación de apatía y desidia, pero al tiempo de decadencia y cierto aíre perdido de esplendor).

 

Deadwood de Daniel Minahan

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Posibilidades de un retorno, donde todo está por volver a comenzar. Esta es, sin duda, la conclusión a la que se llega tras ver este largo episodio de dos horas, aproximadamente, que supone el cierre de una serie.

Algo más de una década ha trascurrido. Algunas subtramas quedaron abiertas en su tiempo. El realizador, ahora, recupera a los personajes, los trazos estilísticos, y la capacidad subtextual de aquella serie (aquellas preciadas conexiones que existían entre la ficción y la Historia, por ejemplo).

La lucha de intereses, los conflictos, la confrontación, las nuevas traiciones son parte del condimento de un trabajo continuista, al tiempo repetitivo, cuya matriz se encuentra en el entendimiento de la propia serie, de la que se parte. Una cinta de planteamientos crepusculares, nuevamente preñada de desencanto.

The Dresser de Richard Eyre

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Cinta concebida para televisión, basada en el texto teatral escrito por Ronald Hardwood.

The Dresser no es un telefilm al uso, además, en ningún momento se trata de simple teatro filmado.

La historia, en su desarrollo, va adquiriendo ropajes de tragedia shakesperiana, preñada de sentido irónico.

El juego actoral entre Anthony Hopkins y Ian Mckellen incita al espectador a pensar en la agudeza de los actos, en las poliédricas relaciones entre la ficción y la realidad, y como las vocaciones de ambos personajes, de diferente condición, terminan misteriosamente siendo complementarias, sin que apenas sepamos explicarlo.

Gigantes de Enrique Urbizu (temporada segunda)

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En esta segunda temporada, íntegramente dirigida por Urbizu, la violencia patriarcal heredada, de raíz masculina, se va replegando. Son en este caso las mujeres, en su tesón, las que van ocupando espacios, hasta el punto de ir desplazando el protagonismo masculino. Aquí los vástagos de Abraham Guerrero, ya en declive, tratan en lo posible de mantener violentamente su talla indomable. Diminutos personajes va lentamente urdiendo su venganza, hasta convertirse en verdaderos titanes, futuros protagonistas.

Urbizu sigue huyendo de todo psicologismo, evitando así mismo todo engaño de carácter emocional tendente al efectismo, a lo meramente espectacular, a lo enfático, al subrayado. El objetivo sigue siendo filmar y contar una áspera narración sin un solo atisbo explicativo (de ahí la importancia que adquiere el montaje inquieto, elíptico), dejando al propio espectador casi sin respiración (crudeza al filmar, crudeza al narrar).

En esta segunda temporada de la serie van entretejiéndose una multitud de subtramas, realmente tumores malignos que van propagándose, provenientes de un mismo cáncer, que es el que carcome toda la trayectoria de los hermanos Guerrero.

Los temas reconocibles en la primera temporada van mutando violentamente, alcanzando un valor poliédrico. En palabras de Carlos F Heredero (y cito), los representantes del estado o son corruptos y criminales, o ceden a la tentación del dinero fácil o no dudan en traspasar la línea roja cuando lo que está en juego son sus afectos más irrenunciables (Caimán cuadernos de cine, Marzo 2019)  

 

 

 

Vergüenza de Juan Cavestany, Álvaro Fernández Armero (Temporada 2)

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Nuevamente reconocemos las situaciones o realidades  desde la que se parte (ver crítica de esta serie, en su primera, temporada, publicada dentro de este mismo blog), y como estas mismas se ven arrastradas hacia el esperpento, para luego ser nos devuelta como retrato incómodo.

Extrañamiento y la transgresión de los recursos cómicos preceptivos se encuentran en perfecto equilibrio. Siguen constituyendo el espíritu de la serie. En esta ocasión se amplía el foco de investigación, sin dejar de lado a la pareja protagonista (conectores de ambas temporadas, todo ocurre a través de ellos), que ahora son padres, y que aunque su vida y su entorno haya cambiado (nuevos personajes secundarios, personajes ya intervinientes en la primera temporada), el conflicto sigue latente. Ambas temporadas son complementarias.