El teniente corrupto de Werner Herzog

Nueva Orleans tras el Katrina. Nueva Orleans se descompone, se descompone su topografía –la humedad amenaza su arquitectura-, también el universo policial, alcanzando, con notable precisión, la degradación política

Nada tiene que ver el presente trabajo con el que realizó Abel Ferrara. Si Ferrara realizó en el año 1992, un trabajo más bien espiritual, sobre la redención y el automartirio –el cuerpo automartirizado- encarnada en la poliédrica personalidad de un policía corrupto como ideal de un Dios. Herzog incide en el materialismo de su protagonista, uno de esos personajes excesivos que abundan en su filmografía dentro de una obra que se centra en las ideas y las decisiones, evitando en todo lo posible la catarsis –lo que llamamos efecto de distanciamiento Bretchiano-. Este es el motivo por el que la trama apenas tiene importancia, más bien se trata de una excusa, un desequilibrio que anida en la estructura. Una serie de fugas persisten hacia situaciones que son colaterales (ese bestiario anfibio que se viene a mostrar, o esa serpiente de agua, el caimán filmado en DV, pasando por la breve oda de un niño muerto dedicada a su pez rojo o esa secuencia final dentro del acuario municipal), en ocasiones algunos personajes se apoderan de la acción.

 

Into the inferno de Werner Herzog

Para la ocasión el cineasta alemán ha colaborado estrechamente con el vulcanólogo Clive Oppenheimer (entrevistador y conductor de este trabajo). Este último autor de la obra Eruptions That Shook the World (2011), que ha servido de inspiración para este trabajo. Ambos han recorrido diversas zonas volcánicas activas. El recorrido nos lleva de Indonesia a Islandia pasando por Etiopía y Corea del Norte.

En 1977 el realizador alemán dirige el cortometraje La Soufrière. También en un bloque de Encuentros en el fin del mundo explora los fenómenos volcánicos. Imágenes de estos trabajos se incluyen en su última propuesta, dedicada toda ella a estos fenómenos. El realizador se asoma desde las primeras imágenes a uno de los cráteres de uno de los volcanes. En el interior del mismo se contempla el magma en plena ebullición.

Lo que parece interesarle a Herzog, en esta ocasión, no es tanto las evidencias de carácter científico sino el modo en que estas están conectadas a las creencias (voz en off del director). En su cine suelen confundirse las ideas con las creencias, lo inminentemente científico con sus contrariedades y puntos oscuros… Entrevista, por ejemplo, al jefe de la tribu Endu situada en el Pacífico. Este le comenta que está convencido que en el interior del volcán Vanuatu descansan los espíritus de sus ancestros. Todos y cada uno de los lugares explorados son percibidos por las comunidades como divinidades. El volcán es un Dios –somos testigos de los cultos y los rituales que se realizan-.

Los documentales de Herzog no son convencionales. El pretexto es buscar seres (personajes) al límite entre la sabiduría y la paranoia. Somos testigos de sus excentricidades. El destino, por ejemplo, se confabula y somos refrendatarios de un gran descubrimiento. En ese lugar de Etiopía asistimos a la aparición de restos de homínidos. Allí reside un excéntrico paleontólogo.

La cadena de asociaciones que se manifiestan en el documental nos conduce a Corea del Norte. Allí contacta con vulcanólogos coreano. Los jóvenes comunistas cantan canciones patrióticas al volcán. Su líder adquiere un nuevo valor. El líder siempre se fotografía en esos parajes. Ese lugar concreto es símbolo de las energías ultraterrenales de la nación. Somos testigos de la dictadura comunista.

La cueva de los sueños olvidados de Werner Herzog

Las diferentes líneas del dibujo crean un efecto de movimiento, como si la imagen fuera un ejemplo de protocine; el relieve de la pared en el que esta pintado ofrece una profundidad digna del 3D- Werner Herzog-

El realizador describe con fina ironía, en estas palabras, las impresiones que le ha causado las pinturas encontradas en la cueva de Chauvet Pont d´Arc situadas en el sur de Francia – descubiertas en 1994, su procedencia alcanza hasta 32.000 años de antigüedad-

Se adentra el realizador en ese espacio oscuro con una cámara, un equipo reducido, y como pensamiento la apuesta de realizar este trabajo con alta tecnología 3D. El relieve apuesta por la experiencia, el viaje por un universo mágico, que ya en el interior de la cueva, y gracias a la tecnología nos permite comprobar la redondez de sus paredes, mirar las pinturas, las instancias, las cavidades, los restos, observar las estalactitas y estalagmitas, consiguiendo que todo esté a nuestro alcance. Espacios vírgenes nunca antes transitados, esta parece ser la intención, lugares donde el ser humano no ha podido con anterioridad fijar su mirada. Ese espacio conservado con el tiempo, encapsulado, sellado por un desprendimiento como si se tratase de una fotografía, porque no también de un fotograma, un escenario atrapado en la historia, un abismo extraño, caótico que ha viajado dentro del tiempo desde el Paleolítico hasta finales del Siglo XX.

Herzog insiste en los enigmas. En el interior de la cueva se interroga sobre las vidas de aquellos seres que pintaron en las paredes, las resonancias figurativas que habitan en el hombre de hoy. No parecen existir respuestas, estas quedan en el aíre. Asistimos a ejercicio descreído que apuesta por el juego, subvirtiendo la lógica, los criterios divulgativos, el método científico – ese sentido de lo irreal, de lo paradójico, también de las hipótesis que habita no solo en lo científico y sus juicios poco convincentes, como es el caso de cómo lanzar una lanza o la comparativa entre una Venus de Willendorf y Los Vigilantes de la playa, también se da en lo cinematográfico, idea de lo representado, de lo recreado-. Por lo tanto el presente trabajo se construye entorno a lo paradójico, Nada es real, nada viene a ser cierto. Una y otra vez las paradojas pueblan la cinta, el viaje en el tiempo, ese epílogo –la biosfera natural creada pocos kilómetros de la cueva gracias a un excedente de agua caliente que proviene de una central nuclear- contrastado en el que se nos dice como el hombre es capaz de crear un nuevo hábitat en una nueva época, sin dejar de ser paradójico como los científicos actuales gracias a procedimientos informáticos (infográficos) han logrado reconstruir el universo de una cueva prehistórica partiendo de sus representaciones –por cierto de esta idea también participa ese requerimiento por utilizar el 3D-. Lo científico por tanto no deja de ser ridículo, lo sagrado no viene a ser tal, la cueva es como un parque de atracciones perfectamente manejable para el disfrute del científico, sus teorías parecen no tomarlas en cuenta Herzog –este parece ajeno-, la solemnidad se subvierte.

Irónico además, Herzog sigue insistiendo en su fijación por esos personajes excéntricos que pueblan su filmografía –un experto en la materia ataviado con una piel de oso, un perfumista que afirma que puede descubrir cuevas gracias a su sentido del olfato-.

Into the Abyss (A tale of death, A tale of life) de Werner Herzog

Nos propone el realizador alemán explorar acerca de la psique humana a partir de la reconstrucción de un caso de un triple homicidio cometido en Texas la década pasada. Herzog nos interroga; qué empuja a los seres humanos a matar, por qué un estado responde de igual manera, con otro asesinato. A través de una serie de conversaciones con varios afectados por el terrorífico suceso, el cineasta nos termina involucrando dentro de un abismo haciéndonos partícipes; o bien a través del alma de los condenados, o bien a través de las familias afectadas, o bien a través de un ejecutor de la pena capital, o bien a través de un reverendo, estos últimos explican como son los últimos instantes de la vida de un condenado dentro del llamado corredor de la muerte.

El realizador consigue esquivar el morbo al adentrarse en terrenos abominables, es decir aquello que por desconocido nos causa angustia demostrando tener un cuidadoso talento para conseguir una auténtica, al tiempo, veraz extroversión emocional de todos y cada uno de los entrevistados. Herzog se muestra firme a la hora de interrogar, es claro en su posicionamiento, generoso con sus testimonios, dejando que se explayen en algunos tramos y recurriendo en otros casos a lugares comunes, claro está mostrando inteligencia, solo de esta manera se aproxima a la intimidad de las personas. Existe por lo tanto un razonamiento, una intencionalidad de emitir opiniones, sometidas las mismas a profundas reflexiones.

Desde niños firmamos un contrato social que se ve delimitado por las leyes. Se organiza así la vida en comunidad. Este modo de organizarnos reprime impulsos básicos tales como la violencia, la fisicidad de la rabia ante un hecho injusto o la venganza…

Seleccionando unas escenas determinadas, escogiendo precisas preguntas siempre concretas y dirigiéndolas a personas determinadas, sin querer entonces nos posicionamos, he aquí el carácter subjetivo. Todos los objetos lo son desde la perspectiva interpretativa según la racionalidad. No hay una manera de ver el mundo, necesitamos verbalizar aquello que nos preocupa para canalizar los dilemas internos o los sentimientos y hasta que no convertimos esos dilemas en palabras no llegamos a comprender y superar.

Herzog otorga veracidad al documental; por un lado ese carácter subjetivo y la oportunidad que presta a los interlocutores, a su palabra, a su realidad dejándolos espacios de libertad, otorgándoles precisas herramientas de comprensión que proceden del autoconocimiento. El realizador no deja de acercarse a sus personajes de forma respetuosa

La cámara y su uso, el uso adecuado de los formatos de imagen, la fotografía, la banda sonora, el montaje; por supuesto;  hacen consolidar el documental. Formato panorámico para las imágenes capturadas combinada con el formato 4: 3 cuando visionamos las imágenes extraídas por la policía para la investigación (intentar imprimir veracidad en todo momento). Más que sutil la adecuación de puntos de vista. Acertada presencia de fuentes externas que apoyan el discurso. La banda sonora queda omitida

La cinta se abre con la participación de un reverendo. Esa fe ante lo desconocido nos remite al convencionalismo social, no interrogamos por esa falta de posicionamiento de los mecanismos utilizados por el poder dominante que gobierna.

El acompañante de esos condenados a muerte en esos minutos finales de vida. Un hecho le incapacita para continuar con su labor. Resulta ciertamente conmovedor ese testimonio en el que se diluye la distancia que separa víctimas y verdugos. Los mete en un solo saco desesperante y degradante,  incluso a los peor parados, físicamente.

El primer contacto entre el condenado y el realizador resulta frío. Aunque intente comprenderle no le profesa simpatía. Sin embargo finalmente  siente cierta empatía, tiende a darle una desesperada salida de escape

Herzog viene a cuestionar el sistema, la rigidez de las normas penitenciarias (el caso de la relación amorosa existente entre uno de los condenados y su esposa, dicho cómplice del asesinato fue condenado a cadena perpetua, la emoción del testimonio del padre de este muchacho en el juicio basto para evitar la pena capital, la esposa y él condenado a cadena perpetua solo una vez han entrelazado las manos y ella se ha quedado embarazada misteriosamente; mientras que el preso Michael si es condenado a muerte, nuevamente apelamos a la subjetividad del sistema)