El Papa Francisco, un hombre de palabra de Wim Wenders

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El director concede, casi de manera absoluta, la voz al santo pontífice. De esta manera se construye un espacio vital para la reflexión. La palabra como eje absoluto fija completamente los asuntos a tratar: el estado y deterioro y problemática de la Naturaleza y su conservación, la acumulación de riqueza, la sociedad de consumo, el paro, la situación mundial de pobreza, las desigualdades, la discriminación de los que nada tienen, la represión, los casos de pedofilia dentro de la iglesia, la validez del mensaje cristiano (el ejemplo de San Francisco de Asís)…

El director tan solo pone su voz en off, en algunos tramos, con la virtud de trazar un paralelismo entre el pensamiento del santo y el del pontífice.

Documental didáctico, minucioso.

Inmersión de Wim Wenders

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En Inmersión habitan por lo menos dos relatos complicados, que intentan explicar una multiplicidad de cuestiones al mismo tiempo. En inmersión habita un relato romántico, una mirada un tanto humanista sobre diversos enfrentamientos o choques de índole cultural, una indagación acerca del terrorismo y sus manifestaciones internacionales. Todas ellas aliñadas de ciertas dosis de biomatemática y filosofía ecologista.

El resultado produce cuanto menos desconcierto. Caracterizada por su enfática composición sonora y su regusto por sus torpes metáforas visuales; Inmersión es una cinta ausente de personalidad, gélida, filmada sin apenas tensión (la cinta narrativamente descansa en sus más que obvias afinidades y sus reiterativas correspondencias).

Letter from New York de Wim Wenders

Pequeña pieza televisiva de aproximadamente unos 16 minutos de duración. Apasionante indagación en forma de carta audiovisual. El realizador alemán se interroga sobre algunas cuestiones que le preocupan –elementos vertebradores temáticos de su cine-. Wenders nos habla en primera persona acerca de lo que significa para él ser director de cine, incide además en la difícil dialéctica que se establece entre la imagen y la historia a la hora de filmar, habla además sobre el consumismo del cine americano –habla de las relaciones entre el cine hecho en Europa y el cine norteamericano-.

Más allá de su sentido metacinematográfico, esta pieza se configura como un retrato de New York. Wenders es un observador -a través de una serie de imágenes bien intercaladas, bien fragmentadas, le sirven de pinceladas para describir la fisonomía de esa ciudad, New York, utilizando su punto de vista en ese preciso momento-

Todo saldrá bien de Wim Wenders

Parece hablarnos la cinta de tres formas de como afrontar el duelo. En el centro nos encontramos con la muerte de un pequeño infante y su efecto sobre su madre y su hermano, también sobre ese responsable involuntario de ese accidente. Se abre precisamente la cinta con ese accidente, el atropello. Una escena extraordinaria por otra parte, que en su perfecta dosificación de lo no esperado marca sin lugar a dudas todo el tono (el ritmo) de la propuesta -El adulto tranquiliza al muchacho, no sabe que debería consolarlo-. Ese tono, que adquiere, la cinta nos tramite un sentimiento tanto de inevitabilidad como de serenidad.

La tragedia marca a sus tres protagonistas.  Tomas (el escritor) inicialmente queda traumatizado. Más adelante es capaz de superarlo, se convierte finalmente en un buen escritor. Es quizás el precio a pagar por el éxito, ese acontecimiento lo lleva a madurar, también adquiere un egoísmo del que jamás logra desprenderse. La relación que se establece tanto con la madre del chico muerto (Kate), como con su hermano (Cristopher), tiene como finalidad su propio consuelo, antes que el de estos. Tomas reconoce la deuda a pagar, nunca podrá saldarla y lo sabe. También sabe que su carrera habría seguido otros derroteros, sino hubiese ocurrido aquel hecho trágico.

El paso del tiempo es fundamental, pese a ciertos azares potencialmente catárticos. La cinta se concentra en esto, como trascurre la vida (a lo largo de doce años) de esos tres personajes, para siempre unidos por aquel hilo trágico

Nota. El uso de las 3D se centra en el rostro de los personajes. Según el director alemán, “lo que importa no es tanto el espacio, sino la presencia exacerbada de una persona. Las cámaras de 3D pueden capturar el alma de la persona. Puedo elaborar esa presencia exacerbada del personaje en una cinta narrativa”

La sal de la tierra de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado

El realizador alemán realiza un minucioso recorrido por la obra del maestro de la fotografía Sebastiao Salgado; en esta ocasión se acompaña del hijo de este; Juliano.

Uno de los atractivos del presente trabajo descansa en su diseño visual. El dispositivo es una idea fílmica eficaz, al tiempo simple, el rostro del fotógrafo comentando su trabajo a través de un espejo semitransparente en el que se proyectan algunas de sus fotografías, permitiéndonos que el hombre y la obra interactúen, se reflejen entre si –cómo surgieron esas imágenes, qué fin perseguían-. Sin dudarlo afirmamos que esa innegable intencionalidad de Wenders permite al fotógrafo darle la palabra, a través de estas y sus imágenes fijas se nos va narrando la historia de una parte de ese siglo XX, por lo menos de una parte de este (Ruanda, Irak, Bolivia, Bosnia, Brasil), al tiempo que se nos viene a trasmitir la verdadera dimensión significativa de su trabajo, que va más allá de un principio estético, y es la de aproximarnos, no solo hacia el arte de la mirada, sino conducirnos al significado que define al personaje como el fotógrafo de la condición humana –el fotógrafo de la muerte, del pánico, de la naturaleza-. Filma Wenders a su personaje en blanco y negro; en algunos instantes; sentado frente a la inmensidad de un paisaje, la textura recuerda a aquellos Western dirigidos por King o Wellman –no solo es una mera coincidencia con respecto a la elección de Salgado de elegir el blanco y negro para sus fotos- . En otros momentos, opta el realizador por la toma aérea, cuando trata de trasmitirnos la sensación que encontramos ante las ficciones documentalizadas por Salgado

Existe otra dimensión que engarza con el arte. Mientras Juliano opta por el documental hagiográfico, a veces en color, introduciendo material de archivo, interviniendo como voz en off el mismo a modo de narrador, vertebrador. Wenders se debate entre observar y filmar, pese a las diferencias existentes entre la fotografía y el arte cinematográfico. Intenta en lo posible proyectarse en el artista, el propio director alemán es además fotógrafo. De esta consideración extraemos algunas posibles ideas: Cómo documentar mediante imagen en movimiento el arte de alguien que recrea imágenes estáticas –quizás no es volver a considerar el cine de los pioneros-